La montaña “parque temático”, “Es divertido, pero no es un juego”.

La cultura del ocio y la promoción de la “aventura”, ha creado una visión de la montaña banalizada. El resultado es que cada vez hay más gente por las montañas sin un mínimo conocimiento de lo más básico que cualquier “montañero” necesita para minimizar riesgos. Ahora la montaña es terreno para deportistas y aventureros, para los que la montaña es un terreno de juego más.

Las consecuencias son evidentes, cada vez más accidentes e incidentes y un incremento de los rescates. Estadísticamente es normal, más gente, más accidentes, pero lo que no es normal es la casuística de los accidentes, protagonizados con frecuencia por personas sin equipo, conocimientos ni preparación, en entornos cada vez más hostiles. Lo normal es que si no tienes nada de lo anterior te limites a excursiones de baja y media montaña por senderos balizados, la montaña no es exclusivamente para expertos o iniciados; pero si quieres subir a una montaña grande o recorrer un itinerario complejo, donde la nieve puede estar presente casi todo el verano, los cambios de tiempo pueden ser rápidos y feroces y la niebla puede hacer necesarios conocimientos de navegación, necesitas un mínimo bagaje, de material, un poco de humildad y sentido común. Las dos últimas cosas citadas no se venden, pero muchos deben pensar que ser un atleta rápido suple todo lo anterior.

Hoy en día las posibilidades de formación son numerosas y asequibles y disponemos de un material excelente y adaptado a cada actividad. Todo el mundo puede ser montañero, pero esto implica ser consciente de donde te metes y actuar en consecuencia, a pocos se les ocurriría coger un parapente sin saber nada del asunto o hacer submarinismo sin una mínima formación, pero subir a un tres mil con neveros empinados, trepadas y roca suelta, parece que sea algo banal que no necesita ninguna preparación.

Uno de los indicadores de que cada vez te cruzas con menos montañeros, es algo trivial pero significativo, ya no todo el mundo saluda, una cortesía no escrita pero natural desde siempre en la comunidad montañera. También contribuye a la banalización, la obsesión actual por la ligereza y la rapidez, el cronómetro se ha convertido en la principal herramienta de muchos usuarios de la montaña, y es fácil ver en la cumbre de un tres mil a personas con unas mallas, camiseta y zapatillas por todo equipamiento (y solas); suficiente en un día radiante y con terreno seco, pero peligroso ante un esguince en un mal sitio aderezado por una fuerte tormenta vespertina.

El mismo concepto de aventura se ha banalizado, ahora todo es “aventura”, pero los organizadores de aventura por lo general “garantizan la seguridad” de sus actividades, una total contradicción, ya que aventura significa fin incierto o sujeto a riesgos. Esta banalización empuja a mucho público a “aventurarse” por su cuenta y riesgo sin tener un mínimo conocimiento del medio. La montaña es un medio cambiante y hostil, así de simple, y no conocer o ignorar los peligros es el mayor riesgo no controlado.

No me cansaré de repetirlo, formación es la clave, es lo que nos hace ver la realidad de a lo que nos enfrentamos y darnos ese punto de humildad que se necesita para a no infravalorar los peligros o sobrevalorar nuestras capacidades. La falta de formación se pone en evidencia por ejemplo, viendo las preguntas que hace mucha gente en las páginas WEB que recopilan información sobre condiciones, cuando la gente pregunta cosas como que si tienen que llevar crampones para subir al Monte Perdido o a otro tres mil; si preguntas eso (y te fías a pies juntillas de las respuestas que te den) no deberías ni plantearte subir a un tres mil, ya que denota un total desconocimiento de la alta montaña, busca un objetivo donde realmente no los necesites, disfruta de ello y fórmate para poder moverte en alta montaña con seguridad.

La crudeza de la alta montaña se pone aún más de manifiesto cuando como este año hemos tenido un invierno de verdad, seguido de una primavera atípica. La abundante presencia de nieve en alta montaña estival, ha tenido y tiene como consecuencia trágicos accidentes. Algunos pueden achacarse a la fatalidad, pero la mayoría como siempre eran evitables y debidos a malas decisiones, ausencia de material o no saber usarlo. No es que la montaña sea más peligrosa, es que los peligros se infravaloran, ya que la gente se mal acostumbra a que nunca pasa nada, o piensa que las cosas le pasan a los demás.

Ya sé que es una tendencia inevitable, y que lo triste es que muchos deportistas y aventureros tendrán que pagar un alto precio por esta banalización del riesgo inherente a la alta montaña, pero si esta y otras llamadas a la cordura evitan al menos un accidente, estará bien empleado el que nos llamen pesados y que siempre estemos con la misma cantinela. Como muy  bien explica la frase de una conocida campaña “Es divertido, pero no es un juego”.

¿Lenguaje inclusivo y paritario o farragoso?

El gobierno propone adecuar la constitución con un lenguaje llamado inclusivo. La RAE debe hacer un informe al respecto. La RAE, que será tildada de inmovilista, seguramente dará una opinión negativa a muchos cambios por una sencilla razón, así no se habla; luego los políticos harán lo que quieran para acallar conciencias y ganar votos. Seguramente se puede adecuar el texto en ciertos aspectos para hacerlo más neutro , pero la RAE debe hacerse eco de la evolución real de la lengua, y de hecho lo hace, ya que cada vez que reedita el diccionario se incluyen un montón de palabras y acepciones, con las que se puede estar más o menos de acuerdo, pero si es una realidad en la calle… recordemos las críticas que recibe la RAE por la definición de algunas palabras, de las que se pide se retiren ciertas acepciones por ser ofensivas para algunas organizaciones o colectivos (por ejemplo alguno de los derivados de gitano), pero estamos en lo mismo, es el lenguaje que se usa y es del que se tiene que hacer eco la RAE, el que se sienta ofendido (y realmente hay gente con el pellejo muy fino) que se lo reclame a la sociedad, pero no al que hace de notario, el hecho de que se quite del diccionario no significa en absoluto que se deje de usar con ese sentido.

Tengamos en cuenta además, que el español es una lengua que se habla en medio mundo, con sus lógicas diferencias locales que tienen que tenerse en cuenta, de hecho hay más hispanohablantes fuera de España que dentro. La lengua es el vehículo de comunicación esencial, y está influenciada de forma natural por modas y otras lenguas, con lo que evoluciona sin remedio, pero ante todo tiene que ser fácilmente comprensible y sencilla. Me gustan los idiomas y el español es una lengua maravillosa, que como todas las lenguas tiene que tener unas reglas gramaticales claras, que si bien no tienen que ser intocables, si se tocan que sea para mejorar la comprensión, la fluidez o la simplicidad, pero no para complicarla. Esto es sobre todo importante en lenguas como la nuestra, debido precisamente a su gran internacionalización. De todas formas vuelvo al inicio, por mucho que lo políticos quieran ofrecer su farragoso lenguaje políticamente correcto, así no habla la gente. Hablar es comunicación, y ésta no puede estar condicionada continuamente, pensando si voy a ofender a alguien por el hecho de no cambiar una letra o duplicar género; es simplemente delirante.

Nuestro idioma (y otros muchos) usa el masculino como neutro inclusivo para toda la especie humana con objeto de simplificar el lenguaje, pero defender esto ya es tachado de machista, misógino o cualquier otra cosa. Otras lenguas como el inglés son mucho más neutras en muchos aspectos, pero no por ello en su sociedad existen menos comportamientos machistas. Como suele ser habitual, la ofensa no está en el emisor, sino en el receptor, las palabras son solo eso, formas de identificar cosas, en mi opinión, creer que por añadir o sustituir palabras va a cambiar el mundo, es un pensamiento tan superficial como inútil. Lo que de verdad cambia el mundo es la educación, tanto en casa como en el colegio, no si hablamos de una forma o de otra. Se puede ser un machista recalcitrante por mucho “todos y todas” que se use en el lenguaje, igualmente se puede ser racista y xenófobo aunque en vez de llamar a alguien “negro” se diga “persona de color o afroamericano”. En definitiva, son los hechos y la actitud lo que cuenta para aminorar los problemas sociales, no las palabras. Hoy estamos acostumbrados al esperpento en el lenguaje de nuestra clase política, sacrificando la gramática, la sintaxis y la eufonía en aras de una pretendida corrección política.

La efectividad en la comunicación no necesita estos artificios absurdos,  si decimos por ejemplo “se congregó una multitud en la que todos estaban gritando”¿es que alguien entiende que solo gritaban hombres? ¿es que alguien entiende que no había mujeres por el hecho de no decir “todos y todas”?  Se puede esgrimir, que porqué el masculino como inclusivo y no el femenino u otra forma, a mí me daría igual, pero cambiar el idioma no es cuestión de lo que ponga en documentos oficiales, sino en convencer a unos 300 y pico millones de hispanohablantes. Además si queremos ser tan rigurosos con el género, podemos llegar al esperpento ¿Por qué identificar el género con letras? Decimos tranquilamente, atleta, fisioterapeuta, dentista, artista etc. sin que la “a” identifique a ningún género, sin embargo en abogado, médico, ministro etc., siendo igualmente oficios o actividades que en principio deberían ser neutros independientemente del sexo de quien lo ejerce, se identifica la “o” como masculino. Hay casos más curiosos como, juez ¿para qué jueza, es que la “z” es masculino?  Con la lógica inclusiva y paritaria llevada a rajatabla, habría que hablar de atletos, fisioterapeutos, dentistos, artistos, en fin un despropósito absurdo, con lo fácil que es simplemente poner delante un artículo, el juez, la juez, el ministro, la ministro, el dentista, la dentista etc. Hay casos más absurdos aún, como el uso del participio activo, que en nuestra lengua acaba en “nte”, habría que incluso cambiar el nombre de algún cuento, ya que “La bella durmiente” sería políticamente incorrecto, mucho mejor “La bella durmienta” no vaya a ser que alguien entre “los y las” “estudiantes y estudiantas” se sienta discriminado por el uso de la “e” ¿Y qué pasa con el que no se identifique ni como hombre ni como mujer? Vaya lío.

Para llegar a una sociedad verdaderamente inclusiva e igualitaria para todas las personas (o personos, o persones), lo que hace falta es más seriedad en una política educativa de calidad, que desde la más tierna infancia tenga esto bien presente, y que la educación no sea un tema partidista e ideológico sino lo que demanda la realidad de la sociedad actual. Los resultados no son desde luego a corto ni a medio plazo, ya que los niños de hoy serán la sociedad del mañana, pero no se van a acelerar porque nos volvamos locos hablando.

¿Quieres hacer alguna buena tapia este verano? ¿Crees que estás preparado?

¿Te estás preparando para ello con buenos entrenos y salidas a escalar?

¿Has renovado o incluso comprado algo de material con esos objetivos en mente?

¿Tienes toda la información disponible actualizada?

Entonces ya estás preparado… ¿o no?

Estar preparado para acometer vías largas, complejas y semiequipadas, significa que sabes:

  • Cómo bajar a tu compañero, rapelando junto con él si se ha hecho daño.
  • Cómo descolgarle con dos o más cuerdas atadas para poder llegar antes al suelo.
  • Subir a tu compañero hasta la reunión si ha quedado colgado y no puede valerse.
  • Rapelar por las cuerdas aunque les hayan caído piedras y estén casi seccionadas.
  • Rescatar a tu compañero si se ha quedado bloqueado en mitad de un rápel colgado de las cuerdas.
  • Subir por una cuerda fija si te quedas colgado en el vacío sin tocar la pared.
  • Solventar la pérdida de un descensor.
  • Salir escalando en solitario si hay que ir a buscar ayuda.

Si sabes cómo hacer todo esto SÍ estás preparado.

Siempre tenemos la optimista sensación de que las cosas les pasan a los demás, pero el día menos esperado podemos vernos en una situación comprometida. Si tenemos todo ese archivo de conocimientos y los hemos practicado periódicamente, la situación puede concluir en solo una anécdota de bar.  Si no sabemos qué hacer, dependemos de la ayuda exterior, que puede que llegue en pocas horas… o no.

Tenemos que ser responsables de nuestros actos y nuestras decisiones, que hoy sea tan fácil pedir ayuda, no puede implicar que confiemos nuestra suerte a un aparatito susceptible de estropearse en el peor momento, con una batería limitada y dependiendo de la “diosa cobertura”.

Aunque muchas situaciones las podremos resolver sin ayuda, poco podremos hacer ante un accidente de gravedad, en este caso nuestra suerte depende de si hay ayuda disponible, y esto también hay que asumirlo cuando se viaja a países o zonas donde no es posible la ayuda externa, o no lo es en un tiempo razonable. Todo el que se embarca en serias empresas en estos lugares, tiene que ser consciente de su situación y asumirlo, sobre todo en cordadas de dos personas que son las más vulnerables.

Practicar las maniobras básicas periódicamente es la forma de hacerlas rápido y seguro.

Los cursos de autorrescate y la práctica periódica posterior, es la única forma de mantener ágiles esos conocimientos que nunca queremos necesitar.

Aún estás a tiempo para prepararte.

Curso de autorrescate básico de 2 días 130 € por persona.

Contenidos:

  • Nudos especiales.
  • Sistemas alternativos de freno y bloqueo.
  • Ascenso por cuerdas en diversas circunstancias.
  • Rápeles con cuerdas dañadas.
  • Descuelgue de accidentado solo y acompañado
  • Paso de nudos por sistemas de freno.
  • Rápel con accidentado en contrapeso y en tandem.
  • Desbloqueo y descenso de un accidentado colgado en un rápel.
  • Izado por contrapeso.
  • Polipastos para izado, directos e indirectos.
  • Paso de nudos por polipastos.

AVALANCHAS, el peligro infravalorado

El invierno se acerca, y todos los amantes de la montaña invernal nos ponemos un poco nerviosos ansiando la esperada nieve. Esperamos disfrutar de las blancas laderas sin límite, pero la montaña invernal no es un parque temático. Fuera del entorno controlado de las estaciones de esquí, el peligro de las avalanchas acecha. Ahora estás a tiempo de prepararte para minimizar el riesgo esta próxima temporada.

Avalancha en el Circo de Gredos

Cada invierno hay accidentes producidos por avalanchas y muchos con trágicos resultados. En EE.UU mueren por esta causa unas 30 personas por año, unas 15 en Canadá y unas 7 en nuestros Pirineos. La tendencia es además ascendente y preocupante. Uno de los motivos es estadística simple, cada vez hay más gente por las montañas. La promoción de la “aventura” por parte de empresas, marcas, administraciones y estaciones de esquí, ha multiplicado los practicantes del esquí “fuera de pista” (aunque para ser moderno hay que decir “freeride”) y el esquí de montaña. Los nuevos materiales que han ido surgiendo en los últimos 15 años y su promoción, han contribuido enormemente a facilitar el acceso a este terreno a un perfil de usuario que si bien puede tener un nivel técnico de práctica elevado, tiene en general poco o nulo conocimiento sobre avalanchas.

Pero aun siendo consciente del peligro, los humanos cuando buscamos diversión, tenemos con frecuencia comportamientos que nos exponen. Cada persona tiene una tolerancia al riesgo, para no pasar miedo, pero que la actividad no sea aburrida. A medida que aumenta nuestra habilidad, esta percepción cambia y nos arriesgamos más. Igual pasa con los avances de material, cada vez disponemos de un mejor equipo de seguridad pasiva (ARVA, pala, sonda, airbag) que puede proporcionar una falsa sensación de seguridad y disponer al individuo a arriesgar más. La consecuencia es que el nivel de exposición al peligro no cambia pese a las ventajas técnicas. Esto se conoce como “homeostasis del riesgo”, los avances en seguridad para disminuir los accidentes y sus consecuencias, son contrarrestados por el comportamiento más temerario de los individuos, al sentirse más seguros gracias a esos avances.

En el caso de las avalanchas, esta agravado por la retroalimentación positiva. Como la mayoría de las veces no pasa nada, pese a arriesgar sin sentido más de la cuenta, cada vez arriesgo más en situaciones parecidas; hasta que se acaba la suerte. Otro factor de agravamiento es la conducta grupal. Se sigue ciegamente a un líder, que si bien puede ser todo un experto esquiador, su conocimiento sobre avalanchas puede ser pobre o nulo; este es un caso cada vez más frecuente en los entornos “fuera de pista” de las estaciones de esquí. En un grupo sin un líder respetado y con conocimiento (como un guía de montaña o un experto responsable), los comportamientos suelen ser bastante temerarios o irracionales. En general los grupos grandes arriesgan más, ya que nuestro instinto nos ofrece una peligrosa sensación de falsa seguridad. También el ego complica las decisiones cuando no hay líder, nadie quiere ser el gallina que se raje.

Todos hemos cometido errores, todos hemos arriesgado más de la cuenta alguna vez, y si somos conscientes de ello ya tenemos mucho ganado. Lo más peligroso es afrontar riesgos sin siquiera ser consciente de ello. La experiencia sobre todo enseña prudencia, ya que aprendes que eso de que las cosas les pasan a los demás es una ilusión, los demás seremos tarde o temprano nosotros si no actuamos con cabeza.

Avalancha de placa en el Venteadero. Circo de Gredos

Aprende todo lo que puedas sobre avalanchas, existen excelentes libros y cursos. Adquiere un equipo de seguridad de calidad, una ARVA de tres antenas, una buena pala y sonda y aprende a utilizarlo correctamente con prácticas periódicas, al menos cada comienzo de temporada. Además tienes en el mercado mochilas con “airbag” que pueden disminuir la posibilidad de ser enterrado (si eres capaz de activarla). Pero recuerda que llevar todo esto no te garantiza nada, una avalancha por pequeña que sea, puede ser letal aunque lleves toda la parafernalia técnica de seguridad pasiva. Las estadísticas son demoledoras en este aspecto. Si te pilla una avalancha, tener las mayores posibilidades de supervivencia requiere que se den una serie de factores positivos: que quede en la superficie alguien con capacidad y equipo para rescatar rápidamente, que el accidentado lleve ARVA, que el enterramiento no sea a gran profundidad, que la víctima no choque con obstáculos cuando es arrastrada, y que la masa no sea tan densa que provoque traumatismos severos. Si no llevas ARVA y te entierra completamente, casi seguro estás muerto. Al ser el rescate rápido por los compañeros casi la única opción de sobrevivir, no permitas que en el grupo haya alguien sin equipo o formación, ya que de ello puede depender tu pellejo.

Con este panorama tan desalentador, la prevención es la mejor y casi la única medicina, actuando con conocimiento y sensatez. Aunque el riesgo nunca podremos eliminarlo del todo, ya solo con consultar el parte de avalanchas y actuar en consecuencia, evitando las pendientes fuertes en la orientación y altitud a la que informe, habremos disminuido el riesgo al mínimo. Evitemos en general exponernos a los que se llama “los tres ángeles de la muerte”: riesgo 3 + ladera orientada al norte + pendiente de más de 30º.

Disfruta del regalo que supone una ladera de nieve virgen, pero actúa para que puedas hacerlo muchos años.

Entrenamiento mental. Progresar en la escalada es general una cuestión de actitud, no de músculos

La progresión como escalador requiere obviamente aumentar las habilidades técnicas y la capacidad física de la persona, y es en eso en lo que la mayoría centra su entrenamiento. Pero para un porcentaje muy elevado, no son esos factores el problema de su estancamiento, si no el entrenamiento mental. Yo siempre he dicho que la capacidad como escalador es como una banqueta de tres patas: física, técnica y mente. Si una pata es más corta, la banqueta esta coja. Eso no quiere decir que no se pueda escalar y divertirse, adaptando el tipo de escalada a esa carencia. Pero si realmente pretendes mejorar, tienes que ser sincero contigo mismo y afrontar las carencias en serio.

Sobre el entrenamiento físico, hoy en día lo tienes bien fácil gracias a rocódromos y entrenadores. Se igualmente sincero y realista con el tiempo y el esfuerzo que estás dispuesto a invertir, y a dónde quieres llegar, sobre todo si pretendes grandes logros (personales o deportivos). El asunto técnico es algo más complicado, ya que los rocódromos y la roca son dos mundos diferentes. Si realmente quieres mejorar técnicamente en roca, mi consejo es que escales en todo tipo de rocas e inclinaciones. Centrarte en un tipo te convertirá en un especialista, no hay problema si solo haces escalada deportiva, ya que puedes elegir, pero no te frustres si fuera de tu terreno no te meneas.

Y llegados al aspecto del entrenamiento mental, es donde encontramos más problemas. Lo primero que debemos preguntarnos y ser sinceros es “qué busco en la escalada” es decir, qué me motiva a escalar. Esta respuesta es la clave de todo, ya que es de donde provendrá la motivación para realmente esforzarse en mejorar cada faceta. Si lo que quieres es simplemente pasar un buen rato con amigos, pero sin problemas ni sobresaltos, escala cosas dentro de tu nivel de competencia donde te sientas cómodo. Puede que incluso pases de escalar de primero para simplemente hacer un poco de ejercicio; si es tu decisión, que nadie te fuerce a lo contrario. Entrenar con amigos en un rocódromo se resultará igualmente efectivo y motivante, ya que poco a poco podrás acceder a un mayor número de vías y divertirte más.

Pero si realmente te gusta escalar y pretendes hacerlo cada vez mejor, tendrás que esforzarte, ya que en esta vida no hay nada gratis, y con esto me refiero tanto al entrenamiento como a la escalada en si. Habrás oído hablar de la “zona de confort”, ahí donde estamos cómodos y calentitos, pues aquí no se aprende; si no fuerzas tus límites no progresarás. Es una paradoja, pero nuestra mente nos impulsa a quedarnos en esa zona, sin embargo, es saliendo de ella cuando aumentas tu “zona de confort” cada vez más. Tienes que aceptar retos que te obliguen a salir de allí y arriesgar. Claro que te puedes caer, cuando rozas tus límites solo pueden pasar dos cosas, o subes o te caes. Pero hasta que no aceptes esa posibilidad como parte del juego no mejorarás. Aprender a caer es por tanto una prioridad para acoplar la caída como una técnica más y que no sea algo desconocido, y es además una cuestión de seguridad, para aprender a juzgar con criterio dónde puedo o no forzar y caerme de forma segura. Hay que tener en cuenta que una cosa es el “riesgo percibido”, que es totalmente subjetivo y por tanto puede que imaginario e irreal, y otra el “peligro real”. El control de las caídas acercará tu percepción del riesgo a la realidad.

Aquí entramos en el concepto de “riesgo aceptable”, que no es igual para todas las personas. Si practicas escalada deportiva, salvo mala ubicación de los seguros, el riesgo real será siempre aceptable, pero para la escalada en pared necesitas mucha más experiencia para juzgar con un criterio acertado el riesgo real y aceptable para ti, es decir donde puedo o no arriesgar hasta el límite, para esto también es necesario autoconocimiento y autocontrol.

Esto son solo algunas ideas importantes, evidentemente el asunto es algo más complicado, además el aspecto mental varía mucho con la personalidad de cada individuo, pero como cualquier aspecto puede ser trabajado y mejorado.

Hay cursos específicos en los que podemos ayudarte en este aspecto mental y por supuesto de desensibilización ante las caídas, que suele ser uno de los problemas más recurrentes.

Solo integral, escaladores sin red ¿audacia…o temeridad?

Acabo de leer el libro del malogrado Ueli Steck, “Speed”. Es interesante la lucidez que tenía, sabiendo que jugaba a un juego que no admite errores. El mismo reconoce que tenía que dejar la escalada de velocidad en solo integral por ser demasiado peligrosa. Siempre dice que tuvo sensación de control; en lo que respecta a su técnica y sus posibilidades, desde luego el entrenamiento al que se sometía no dejaba dudas en ese aspecto, era un escalador de altísimo nivel en roca, hielo y mixto; con habilidades muy superiores a las dificultades técnicas a las que se enfrentaba en sus escaladas a toda máquina. Pero el mismo admite lo que todos sabemos y a algunos se les olvida: somos humanos, y tarde o temprano cometemos errores. Esto cuando se va con cuerda, ya sea solo o con un colega, puede ser un susto, un incidente o con mala suerte un accidente, pero cuando se va sin red… El mismo ya tuvo un susto del que salió por suerte vivo en la cara sur del Annapurna en 2007, una piedra le tiró. Esta es otra de las balas de la ruleta que no controlamos; lo peligros inherentes al medio, que en el Himalaya además se acrecientan con las dimensiones y la altitud. Quizá su accidente se hubiera producido igualmente aunque estuviera acompañado, eso nunca se sabrá, lo que es evidente es que su margen de error era poco o nada.

Tratamos a los escaladores en solo integral como héroes, pero en mi opinión y como dijo el desaparecido Reinhard Karl “No se puede pretender ser un héroe y tener la certeza de sobrevivir”. Tristemente muchos héroes además se ven presionados: los medios, los patrocinadores, el público. Cada vez el listón de la notoriedad está más alto y la línea roja donde la valentía pasa a ser temeridad es muy tenue. Es desgraciadamente larga la lista de solitarios que cometieron un error, ya sea técnico o de valoración y ahora son recuerdo. Se suele recurrir a decir que tuvieron mala suerte, pero quizá es que hasta ese momento la tuvieron buena, ya que los peligros de la montaña y los errores humanos son algo con lo hay que contar y que desde luego ellos sabían. Muchos supongo que eran conscientes de que vivir tan intensamente tenía seguramente el precio de vivir poco y les valía la pena, otros quizá de tantas veces que les salió bien se terminaron creyendo inmortales… Otros no pararon a tiempo.

Cada cual que busque su camino y asuma las consecuencias, nada que objetar. Pero es cuestionable la forma que tiene la sociedad y los medios de ensalzar a estos héroes, que como todos, sirven de ejemplo para las generaciones venideras. Muchos como el mismo Ueli, fueron un ejemplo de tesón, versatilidad, solidaridad y sencillez, este es el aspecto positivo, pero los solos integrales en mi opinión son un terreno que hay valorar con cautela y admitiendo su extrema peligrosidad.

Existe una delgada línea entre la audacia y la estupidez como la hay entre la prudencia y la cobardía. Jim Bridwell

¿Estamos tontos con el uso de la lengua? Yes we Are

No se si estamos tontos, si tenemos complejo de inferioridad o simplemente hay mucha ignorancia o menosprecio con respecto a nuestra lengua. La realidad es que nuestra comunicación se ve cada vez más plagada de anglicismos (sobre todo, pero también de otras lenguas) innecesarios. Está bien incluir palabras importadas cuando algo no existe en nuestra rica y hermosa lengua; nuevos inventos o técnicas, que en nuestra sociedad global es más práctico denominarlas igual en todas las lenguas; o como ha pasado con muchos términos, se adoptan y luego con el uso se castellanizan. Hay muchos y conocidos ejemplos de variadas lenguas que forman parte de nuestro idioma desde ya hace mucho: fútbol por football, gol por goal, alioli por al i oli, piolet, forfait, snowboard…y otros más recientes como WIFI, GPS, mántel , pellet, WEB, BLOG… Las lenguas son algo vivo y evolucionan y cambian, pero tampoco hay que matarlas por modas o ignorancia. Curiosamente las personas con más conocimiento de idiomas y cultura son las que menos tendencia al uso de extranjerismos, por el contrario mucha gente con un parco o nulo conocimiento del inglés, son las más proclives a su uso, pretendiendo supongo ser más chic y dar impresión de entendido. Otras veces no es que se usen anglicismos, es que directamente se escribe todo en inglés, que parece debe ser más elegante o moderno, en esa lengua vemos continuamente nombres de competiciones, empresas o productos (o con nombres inventados pero que suenen a inglés). Como cosa chirriante y curiosa, recuerdo un cartel que anunciaba una competición de bloque en una conocida zona del centro peninsular, donde lo único que estaba en castellano era el nombre del pueblo ¿?.

Finisher por finalizador , route setter por equipador, skimo por esquí de montaña, crux por paso clave, runner por corredor, indoor por interior o a cubierto, crash pad por colchoneta… son ejemplos muy habituales de extranjerismos innecesarios que vemos continuamente en publicidad y webs, con la paradoja que a veces tienen que explicar en que consiste la palabra, en vez de usar una de nuestra lengua que ¡les suena raro! (es el ejemplo de finisher route setter), esto no parece un buen ejemplo de buena comunicación. Estas palabras se usan incluso por los medios de comunicación, y eso que los periodistas se supone que son cultos y que todo aquel que comunica con las masas debería dar ejemplo, ya que tiene una responsabilidad directa, al influir directamente en el gran público.

En mi opinión en una sociedad global donde todo parece diluirse, es aún más necesario conservar los valores de una lengua, sin negar por supuesto su evolución. Sustituir palabras de nuestra lengua por otras existentes con el mismo significado (y que con frecuencia no todo el mundo entiende) no parece evolución ni facilitación de la comunicación, sino contaminación.

En muchas ocasiones se utiliza el argumento de la capacidad de síntesis que tienen muchas palabras inglesas, como si fuera imprescindible ahorrar palabras para una buena comunicación, pero en general es solo la ignorante necesidad de parecer más distinguido y moderno. La tendencia del ahorro también ha calado fuerte en la comunicación escrita, quizá tenga sentido para un quinceañero que utiliza su teléfono como su principal vínculo con el mundo y su círculo, pero escribir en foros, correos electrónicos y demás comunicación seria con apócopes o cambios de letras para acortar con su fonética, me parece de mal gusto y de falta de respeto a los interlocutores, a veces solo con el objeto de ahorrar teclear unas pocas veces más.

Si Fernándo Lázaro Carreter levantara la cabeza… le daría para escribir otro volumen de “El dardo en la palabra“.

la velocidad y los records como nuevo montañismo

La velocidad de nuestra sociedad se traslada a la montaña en todas sus facetas. Nos puede gustar o no, pero la realidad está ahí. Carreras de montaña por doquier, carreras de esquí, rallys de escalada, búsqueda de tiempos record en subir y bajar montañas. Los valores y objetivos del deporte en general, es decir, los números, la competición y los records, ya han calado bien hondo en el montañismo. Esto unido a la facilidad e inmediatez de difusión tecnológica actual, tiene efectos lógicos, algunos positivos, como la mayor visibilidad y la consiguiente promoción de los deportes de montaña y la implicación de las marcas en el patrocinio y mecenazgo; otros no tanto, como la banalización de algunas actividades y la distorsión del valor real de otras. El que alguien abra una gran ruta en una gran montaña desconocida en un estilo impecable, es una noticia que en general pasa sin pena ni gloria en los medios especializados y por supuesto inexistente en los generalistas (a no ser que haya muertos de por medio), sin embargo un record de velocidad en una montaña muy conocida, trillada, equipada, y ascendida por el mismo sitio cientos o miles de veces, se convierte en todo un notición. Para mi el montañismo (alpinismo, escalada etc.) nunca fue un deporte, ni reglas, ni competición, ni records; lo que siempre he apreciado ha sido la creatividad, la capacidad de buscar y encontrar nuevos caminos y realizarlos con los mínimos medios. Cada cual puede entender el montañismo como le plazca, aunque uno de los efectos que se aprecian, es que cada vez hay más gente que ve en la montaña un parque temático, y no es raro ver en la cumbre de cualquier tresmil pirenaico a un “montañero” simplemente con unas zapatillas y unas mallas (y solo). Si el tiempo es excelente y todo sale bien, podrá seguramente parar su crono en la cumbre o en el coche con un buen registro para colgarlo en el Facebook. Pero un resbalón, un esguince, o una tormenta vespertina (o las tres cosas juntas), pueden convertir el parque temático en una trampa, de la que con suerte si hay teléfono y cobertura, nuestros ángeles de la guarda del 112 le saquen. Evidentemente la velocidad siempre ha tenido su lado positivo en alta montaña, cuanto menos tiempo estés expuesto a los peligros mejor, y para ir rápido hay que ir ligero, pero ambas cosas llevadas al extremo son igual de peligrosas, sobre todo cuando las cosas se tuercen, y la montaña como toda la naturaleza es incontrolable y no todo puede estar previsto, la montaña más sencilla puede darnos una lección de humildad. Como siempre hay que buscar el equilibrio y llenar la mochila con lo que menos pesa y más problemas evita o soluciona: formación y sentido común.