El grado en escalada; eterno tema de conversación y debate.

Cuando Willo Welzenbach propuso el primer sistema de graduación para la dificultad en 1920, poco se podría imaginar la que había liado para el futuro. Hoy en día no solo contamos con un buen catálogo de sistemas de graduación según el país, sino que dentro del mismo país y usando en teoría la misma escala, las diferencias de dificultad entre vías del supuesto mismo grado, pueden ser más que notorias de una zona a otra.

El único objetivo de la graduación, es informar a los pretendientes de la dificultad a la que se van a enfrentar de la forma más objetiva posible, pero quien otorga ese grado de inicio puede distorsionar con facilidad la realidad por muchos motivos. Uno de ellos es la falta de referencias; escaladores con poco o mucho nivel que no salen de su zona y no pueden comparar objetivamente. Otra causa, y la más infantil, es querer hacer que tu zona se distinga por tener un “grado duro” (o más blando). De hecho, hay zonas donde puedes escuchar la frase: “hay que  acostumbrarse al grado local”, lo que denota una total falta de madurez, ya que lo único que se consigue con esa singularidad es confundir y desinformar, en definitiva, lo contrario de lo que deberían conseguir las escalas de graduación (y las guías y croquis). De hecho, ha habido zonas en las que tradicionalmente había casi que llevarse una calculadora para “traducir” el grado local a la realidad, un sinsentido que en el caso de Montanejos o Cahorros como sitios más conocidos de grados infravalorados, se ha corregido en gran parte con la aparición de nuevas guías.

En vías clásicas, que fueron abiertas y graduadas según criterios antiguos de escala cerrada, podemos igualmente encontrar distorsiones notables, con quintos más que subidos de tono, que si bien con el criterio de antaño era coherente, habida cuenta que el VI grado era el límite, hoy no tiene sentido y puede provocar más de una decepción o frustración. Lo lógico es que cuando se publican nuevas guías, estos grados se actualizasen en consecuencia, si es que el autor realmente tiene interés en dar una información fidedigna.

Pocos se atreven a corregir los grados irreales pese a la evidente incoherencia, supongo que temiendo que les tachen, ya sea de blanditos o de chulito decotador, sobre todo si no eres “local” como se dice ahora. Un concepto este último que con frecuencia tiene poco sentido, ya que si bien los que abren con asiduidad en un lugar concreto, se han ganado el respeto del colectivo escalador para que sientan la zona como algo propio, y a los que hay que agradecer el esfuerzo y la inversión, los que simplemente viven más cerca no tienen más derecho a opinar que cualquiera, sea de donde sea. De hecho, los que llevamos muchos años trotando, hemos hecho con frecuencia más vías en algunas zonas que muchos “locales”.

Muchos de los que lean esto, tendrán experiencias personales con esta distorsión o desinformación de zonas de escalada conocidas con grados irreales (Hoces de Vegacervera por poner solo un ejemplo), que igualmente (salvo raras excepciones) continúan en el tiempo pese a que salen nuevas guías.

La frecuentación de las vías más populares, también crea un problema cada vez más notorio, ya que la roca sobada y patinosa, hace que la dificultad original aumente, a veces de forma relevante. Un ejemplo que muchos conoceréis es la vía Valencianos al Peñón de Ifach, en la que el largo clave sigue y seguirá siendo en las guías V+,  pese a que fácilmente puede ser ahora 6b, ya que es como subir por cristal.

Cuando la desinformación es para “el lado bueno”, es decir se gradúa por encima de la realidad (Vallada por poner otro ejemplo) todo el mundo parece estar feliz, ya que esto a muchos les engorda el ego, pese a ser un autoengaño igualmente negativo.

Por mi parte, como profesional, tengo que informar con frecuencia a clientes y alumnos sobre tal o cual zona y recomendar vías, ya sea para que las hagan conmigo o por su cuenta, y tengo en mis guías una buena colección de apuntes y correcciones para adaptarlas a la realidad, y que no se lleven sorpresas.

En cualquier caso, no tiene solución, y hay que convivir con ello, ya que la objetividad no es una virtud que se prodigue entre los humanos y menos entre escaladores. Pero es un buen tema de debate y conversación que nunca acaba, y da para entretenerse en el bar y escribir artículos como este.

Masificación e inexperiencia, mal cóctel

Últimamente, las fotos y vídeos en las redes hacen percibir el tema de la masificación en la montaña para el gran público, algo que no es nuevo y que sufren algunas montañas desde hace bastante tiempo, aunque la cultura del ocio y la moda de la aventura fácil lo agravan más cada día. Aneto, Monte Perdido, Mont-Blanc, Cervino y Everest son ejemplos de masificación, lo que viene siendo morir de éxito, como también le pasa a ciudades emblemáticas como Roma o Venecia con el turismo. Por poner un ejemplo, las reservas “on line” del refugio Goûter (normal del Mont-Blanc) se acabaron en unas pocas horas el mismo día que se abrieron, para todo Junio, Julio y Agosto.

Para la mayoría de la gente que empieza a interesarse por el montañismo, la montaña más alta o famosa de aquí o de allí, es el primer objeto de deseo, aunque no sea ni la más bonita ni la más recomendable para su experiencia. El fenómeno más curioso es sin duda el del Everest, al que quiere subir mucha gente que ni siquiera son montañeros o si lo son tienen una mínima experiencia (no es raro que en el campo base les enseñen a ponerse los crampones), simplemente por el hecho supongo de engordar su ego a base de dólares. El que además todas estas montañas citadas sean técnicamente fáciles es un agravante, ya que el inexperto solo se queda con el concepto de “fácil”, sin entrar a valorar el verdadero problema de las ascensiones en alta montaña, donde fácil no quiere decir en absoluto carente de peligro. El Mont-Blanc de nuevo nos sirve de ejemplo, cada año mueren unos cuantos en las laderas de sus rutas “fáciles”. Desprendimientos, tormentas, viento, falta de visibilidad, aclimatación, material inadecuado o escaso… toda una panoplia de peligros que pueden hacer pagar muy cara la aventura si no se está preparado para responder. La moda de la ligereza es otro agravante, a lo que las autoridades han respondido en el caso del Mont-Blanc con una exigencia de material mínimo.

De hecho, en mi opinión, aunque la masificación es desde luego un problema en ciertas montañas, el verdadero problema es la inexperiencia y falta de formación. Cualquier montañero con criterio y experiencia en alta montaña debe tomar sus decisiones independientemente de la gente que haya por allí, si no lo ves claro, te das la vuelta y punto; el borregismo y la sensación de que porque haya mucha gente estoy más seguro, es la causa de muchas tragedias. Esto llevado a la zona de la muerte a 8000 metros, es un cóctel del que esta primavera ya hemos visto las consecuencias hasta en los telediarios.

Evidentemente no todo son Mont-Blanc y Everest, las montañas más bajas no son tan críticas en cuanto a condiciones, pero aun así, cualquier montaña de aspecto inocente nos puede dar una lección de humildad en invierno. Cualquiera que como yo haya crecido en Guadarrama, sierra no muy alta y “fácil”, alguna vez hemos sufrido un infierno del que hemos salido escaldados. Y lamentablemente, es raro el invierno que alguien no paga la inexperiencia con su vida en esta sierra “inocente”.

El problema de fondo es el mismo de nuestra sociedad, hay prisa para todo, hoy empiezo a hacer montañismo, mañana me subo al Aneto, pasado a Monte Perdido y este verano al Mont-Blanc… Adquirir experiencia y formarse para moverse con seguridad en alta montaña es una carrera de años, de ir poco a poco, y eso no cuadra con el montañismo y la aventura de consumo tan de moda, y por supuesto, que poner en Facebook que has subido al pico Pepe en vez de al Mont-blanc da menos “likes”. Con relación a esto, no hace mucho un cliente me preguntaba que si hacía falta saber escalar para ir al Mont-blanc, ya que todo el mundo decía que era fácil, yo le dije que no para su regocijo… entonces puedo subir, me dijo. Sí, le respondí, solamente necesitas tener soltura con la técnica básica de piolet y crampones, saber cómo asegurar con una cuerda en nieve, respetar un proceso de aclimatación, saber navegar sin visibilidad con mapa, brújula, altímetro y GPS, saber cómo hacer un abrigo de emergencia en nieve, conocer los sistemas de encordamiento en glaciar y las técnicas de rescate en grietas para salir tu o sacar al compañero si cae y unos conocimientos básicos de primeros auxilios para prevenir o responder ante mal de altura o congelaciones, nada más. Ahora ya no parecía estar tan convencido…

Afortunadamente, la tan cacareada masificación afecta solo a sitios puntuales: hay masificación si vas a subir el Almanzor, el Urriello o el Aneto, por hablar de casa, pero hay muchos valles y picos, en los que difícilmente te cruzarás con alguien. El que quiera montañismo en soledad, o al menos sin masificación, lo puede encontrar sin problemas en cualquier cordillera, basta con no ir a los sitios famosos o de moda, que además no tienen por qué desmerecer en belleza en absoluto.

Pasar de todo o advertir del peligro

Los que llevamos unos años haciendo montañismo hemos presenciado errores de todo tipo, llega un momento en el que crees que ya lo has visto todo y va alguien y aún te sorprende. Cuando además eres veterano y profesional y has tocado todos los palos, alpinismo, escalada, esquí de montaña, la colección de anécdotas es bastante larga.

Cuando presencias a alguien cometiendo un error grave de seguridad hay dos formas de actuar, pasar de todo ya que no es tu problema, actitud que mucha gente adopta, o advertir de ello a los implicados por si puedes evitar un accidente. Yo personalmente soy de los que no se calla por varios motivos, el primero es que si puedo evitar un accidente, el tema sí que va conmigo, el segundo porque no me quiero ver implicado en un accidente si puedo evitarlo, ya que en definitiva, si estás allí va a terminar afectándote de todos modos, y el tercero es que al ser guía, tengo obligación no solo moral, sino legal, ya que las sentencias que se van conociendo dejan claro que el profesional o el más “experto” tiene la obligación de evitarlo si está en su mano, sean o no sus clientes y esté o no trabajando. A veces recibes respuestas frías o directamente beligerantes diciéndote que te metas en tus asuntos, pero otras son agradecidas ya que no eran conscientes del peligro, me da igual. Si no te hacen caso tampoco puedes obligarles a nada, cada uno es mayorcito y debe ser responsable, pero al menos si pasa algo no remuerde la conciencia, pensando en que pudieras haberlo evitado de decir o hacer algo.

Me vienen a la memoria bastantes situaciones: gente descolgándose de una cinta, escaladores dispuestos a escalar corredores con peligro de avalanchas, cordadas que quieren escalar una cascadas peligrosa por la temperatura y condiciones, montañeros sin crampones en condiciones peligrosas y por supuesto situaciones de todo tipo en las zonas de escalada deportiva, en las que el ambiente de relajación y la poca formación con la que muchos empiezan provocan incidentes y accidentes con demasiada frecuencia, pese a que se supone que es la modalidad más segura de escalada.

Ayer sin ir más lejos, vi en el telediario un episodio del rescate en Gredos de una familia con niños incluidos, a los que tuvo que sacar de allí el helicóptero de la guardia civil porque tenían ceguera de las nieves por no usar gafas de sol en un día con sol y nieve, algo elemental y sin embargo recurrente. Yo suelo trabajar en Gredos en invierno y ya unas cuantas veces he tenido que advertir a gente que llevaba niños sin gafas de sol, los adultos que van con ellos suelen llevarlas, pero por ignorancia supongo que no saben el peligro que supone. Normalmente hacen algún comentario, pero siguen o directamente te dicen que a ti que te importa. Evidentemente no son montañeros ya que por lo accesible de la zona muchos turistas suben a dar un paseo o echar un vistazo. Otro ejemplo de los casos presenciados y recurrente en zonas de alta montaña accesible: una familia entera en el refugio de la Laguna con zapatillas de deporte por toda indumentaria para los pies, que pretendían subir al Almanzor un día en el que estaba la nieve dura como la piedra. Estos sí que hicieron caso ante la contundente frase que les dije al final “si seguís os vais a matar”.

En definitiva, advertir del peligro con buenas palabras y educación puede evitar problemas, evitar accidentes y rescates, y de paso educar un poco a los escasos de formación o sentido común.

“Cursos de acreditación de experto”, vergüenza, fraude y peligro.

Desde comunidades autónomas como la de Castilla y León se ofrecen este tipo de cursos que son, dicho en términos suaves, una vergüenza, un fraude y un peligro.

Una vergüenza porque está amparado por leyes en las que los políticos de turno no tienen ni idea de lo que legislan. Parece que simplemente se miran el ombligo y se les ocurre una idea genial como esta, con lo fácil que es informarse de cómo se gestiona este tipo de profesiones en el mundo. No, ellos son más listos que países que en este tema nos llevan décadas de adelanto. También es vergonzoso que profesionales se presten a impartir estos cursos, no se quién serán, probablemente otros “expertos”.

Un fraude porque se vende humo, nadie con un curso de 110 horas es experto en nada, mucho menos viendo los más que ambiciosos contenidos del curso. Cualquiera que sepa un mínimo sobre la materia, sabe que es imposible ni siquiera acercarse a que alguien asimile todo eso en tan pocas horas. El que haya diseñado el programa mejor que se dedique al parchis.

Un peligro porque se acredita a alguien a hacer actividades de gran responsabilidad y riesgo. La montaña invernal no es un patio de recreo. Para asumir la conducción de clientes en este medio se requiere mucha experiencia y formación, y aun así la naturaleza siempre nos tiene a su merced.

Supongo que los genios a los que se les ocurre esto no han oído hablar de AEGM, UIAGM, UIMLA o Técnicos deportivos en montañismo. Ellos mismos admiten literalmente “estas acreditaciones de Expertos crean mucha controversia” , pero parece que no se han puesto a pensar en las consecuencias y perjuicios que se crean para una profesión y para los futuros clientes.

Este es un resumen de la presentación de este supercurso que aparece varias WEBs:

“Desde Turismo Activa llevamos varios años realizando diferentes Experticias en Castilla y León en diferentes actividades, pero estas acreditaciones de Expertos crean mucha controversia, para intentar aclarar estas dudas, os damos la siguiente información.

Un experto es una persona con experiencia en la materia correspondiente que tiene una formación y/o experiencia acreditada por el Instituto de la Juventud de la JCyL.

Conforme al Decreto 96/2017 de 27 de septiembre Capitulo II articulo 8 y punto 2, de la JCyL que regula el funcionamiento de las empresas de Turismo Activo, autoriza a los monitores de Nivel con esta experticia a realizar actividades como guía en la materia que se desarrolle el curso”.

“Los contenidos del curso y su carga horaria (110 horas)se distribuyen de la siguiente manera:

  • Cabuyería
  • Polipastos y su utilización
  • maniobras de autorescate y rescate.
  • Meteorología (Básico)
  • Materiales técnicos y equipos
  • Equipos de frío, ropa y complementos
  • Técnicas de trabajo con raquetas de nieve; ascenso, travesía y descenso
  • Progresión con crampones
  • Manejo del piolet
  • Escalada en hielo (básico)
  • Manejo de cuerdas
  • Técnicas de alpinismo básicas
  • La cordada, medidas de seguridad (2 y tres personas)
  • Diseño y construcción de iglús, fosos de nieve
  • Aludes y supervivencia
  • Arva, pala y sonda
  • Construcción de anclajes en la nieve

“Por todo lo anterior, el alumno debe salir del curso capacitado para la conducción de un grupo en Actividades de Nieve, velando además por la seguridad del grupo, por la transmisión de conocimientos técnicos si detecta posibles puntos de mejora en los clientes.”

CURSO Certificado por Junta CyL ‘Guía Experto en Actividades Invernales’

 

La montaña “parque temático”, “Es divertido, pero no es un juego”.

La cultura del ocio y la promoción de la “aventura”, ha creado una visión de la montaña banalizada. El resultado es que cada vez hay más gente por las montañas sin un mínimo conocimiento de lo más básico que cualquier “montañero” necesita para minimizar riesgos. Ahora la montaña es terreno para deportistas y aventureros, para los que la montaña es un terreno de juego más.

Las consecuencias son evidentes, cada vez más accidentes e incidentes y un incremento de los rescates. Estadísticamente es normal, más gente, más accidentes, pero lo que no es normal es la casuística de los accidentes, protagonizados con frecuencia por personas sin equipo, conocimientos ni preparación, en entornos cada vez más hostiles. Lo normal es que si no tienes nada de lo anterior te limites a excursiones de baja y media montaña por senderos balizados, la montaña no es exclusivamente para expertos o iniciados; pero si quieres subir a una montaña grande o recorrer un itinerario complejo, donde la nieve puede estar presente casi todo el verano, los cambios de tiempo pueden ser rápidos y feroces y la niebla puede hacer necesarios conocimientos de navegación, necesitas un mínimo bagaje, de material, un poco de humildad y sentido común. Las dos últimas cosas citadas no se venden, pero muchos deben pensar que ser un atleta rápido suple todo lo anterior.

Hoy en día las posibilidades de formación son numerosas y asequibles y disponemos de un material excelente y adaptado a cada actividad. Todo el mundo puede ser montañero, pero esto implica ser consciente de donde te metes y actuar en consecuencia, a pocos se les ocurriría coger un parapente sin saber nada del asunto o hacer submarinismo sin una mínima formación, pero subir a un tres mil con neveros empinados, trepadas y roca suelta, parece que sea algo banal que no necesita ninguna preparación.

Uno de los indicadores de que cada vez te cruzas con menos montañeros, es algo trivial pero significativo, ya no todo el mundo saluda, una cortesía no escrita pero natural desde siempre en la comunidad montañera. También contribuye a la banalización, la obsesión actual por la ligereza y la rapidez, el cronómetro se ha convertido en la principal herramienta de muchos usuarios de la montaña, y es fácil ver en la cumbre de un tres mil a personas con unas mallas, camiseta y zapatillas por todo equipamiento (y solas); suficiente en un día radiante y con terreno seco, pero peligroso ante un esguince en un mal sitio aderezado por una fuerte tormenta vespertina.

El mismo concepto de aventura se ha banalizado, ahora todo es “aventura”, pero los organizadores de aventura por lo general “garantizan la seguridad” de sus actividades, una total contradicción, ya que aventura significa fin incierto o sujeto a riesgos. Esta banalización empuja a mucho público a “aventurarse” por su cuenta y riesgo sin tener un mínimo conocimiento del medio. La montaña es un medio cambiante y hostil, así de simple, y no conocer o ignorar los peligros es el mayor riesgo no controlado.

No me cansaré de repetirlo, formación es la clave, es lo que nos hace ver la realidad de a lo que nos enfrentamos y darnos ese punto de humildad que se necesita para no infravalorar los peligros o sobrevalorar nuestras capacidades. La falta de formación se pone en evidencia por ejemplo, viendo las preguntas que hace mucha gente en las páginas WEB que recopilan información sobre condiciones, cuando la gente pregunta cosas como que si tienen que llevar crampones para subir al Monte Perdido o a otro tres mil; si preguntas eso (y te fías a pies juntillas de las respuestas que te den) no deberías ni plantearte subir a un tres mil, ya que denota un total desconocimiento de la alta montaña, busca un objetivo donde realmente no los necesites, disfruta de ello y fórmate para poder moverte en alta montaña con seguridad.

La crudeza de la alta montaña se pone aún más de manifiesto cuando como este año hemos tenido un invierno de verdad, seguido de una primavera atípica. La abundante presencia de nieve en alta montaña estival, ha tenido y tiene como consecuencia trágicos accidentes. Algunos pueden achacarse a la fatalidad, pero la mayoría como siempre eran evitables y debidos a malas decisiones, ausencia de material o no saber usarlo. No es que la montaña sea más peligrosa, es que los peligros se infravaloran, ya que la gente se mal acostumbra a que nunca pasa nada, o piensa que las cosas le pasan a los demás.

Ya sé que es una tendencia inevitable, y que lo triste es que muchos deportistas y aventureros tendrán que pagar un alto precio por esta banalización del riesgo inherente a la alta montaña, pero si esta y otras llamadas a la cordura evitan al menos un accidente, estará bien empleado el que nos llamen pesados y que siempre estemos con la misma cantinela. Como muy  bien explica la frase de una conocida campaña “Es divertido, pero no es un juego”.

¿Lenguaje inclusivo y paritario o farragoso?

El gobierno propone adecuar la constitución con un lenguaje llamado inclusivo. La RAE debe hacer un informe al respecto. La RAE, que será tildada de inmovilista, seguramente dará una opinión negativa a muchos cambios por una sencilla razón, así no se habla; luego los políticos harán lo que quieran para acallar conciencias y ganar votos. Seguramente se puede adecuar el texto en ciertos aspectos para hacerlo más neutro , pero la RAE debe hacerse eco de la evolución real de la lengua, y de hecho lo hace, ya que cada vez que reedita el diccionario se incluyen un montón de palabras y acepciones, con las que se puede estar más o menos de acuerdo, pero si es una realidad en la calle… recordemos las críticas que recibe la RAE por la definición de algunas palabras, de las que se pide se retiren ciertas acepciones por ser ofensivas para algunas organizaciones o colectivos (por ejemplo alguno de los derivados de gitano), pero estamos en lo mismo, es el lenguaje que se usa y es del que se tiene que hacer eco la RAE, el que se sienta ofendido (y realmente hay gente con el pellejo muy fino) que se lo reclame a la sociedad, pero no al que hace de notario, el hecho de que se quite del diccionario no significa en absoluto que se deje de usar con ese sentido.

Tengamos en cuenta además, que el español es una lengua que se habla en medio mundo, con sus lógicas diferencias locales que tienen que tenerse en cuenta, de hecho hay más hispanohablantes fuera de España que dentro. La lengua es el vehículo de comunicación esencial, y está influenciada de forma natural por modas y otras lenguas, con lo que evoluciona sin remedio, pero ante todo tiene que ser fácilmente comprensible y sencilla. Me gustan los idiomas y el español es una lengua maravillosa, que como todas las lenguas tiene que tener unas reglas gramaticales claras, que si bien no tienen que ser intocables, si se tocan que sea para mejorar la comprensión, la fluidez o la simplicidad, pero no para complicarla. Esto es sobre todo importante en lenguas como la nuestra, debido precisamente a su gran internacionalización. De todas formas vuelvo al inicio, por mucho que lo políticos quieran ofrecer su farragoso lenguaje políticamente correcto, así no habla la gente. Hablar es comunicación, y ésta no puede estar condicionada continuamente, pensando si voy a ofender a alguien por el hecho de no cambiar una letra o duplicar género; es simplemente delirante.

Nuestro idioma (y otros muchos) usa el masculino como neutro inclusivo para toda la especie humana con objeto de simplificar el lenguaje, pero defender esto ya es tachado de machista, misógino o cualquier otra cosa. Otras lenguas como el inglés son mucho más neutras en muchos aspectos, pero no por ello en su sociedad existen menos comportamientos machistas. Como suele ser habitual, la ofensa no está en el emisor, sino en el receptor, las palabras son solo eso, formas de identificar cosas, en mi opinión, creer que por añadir o sustituir palabras va a cambiar el mundo, es un pensamiento tan superficial como inútil. Lo que de verdad cambia el mundo es la educación, tanto en casa como en el colegio, no si hablamos de una forma o de otra. Se puede ser un machista recalcitrante por mucho “todos y todas” que se use en el lenguaje, igualmente se puede ser racista y xenófobo aunque en vez de llamar a alguien “negro” se diga “persona de color o afroamericano”. En definitiva, son los hechos y la actitud lo que cuenta para aminorar los problemas sociales, no las palabras. Hoy estamos acostumbrados al esperpento en el lenguaje de nuestra clase política, sacrificando la gramática, la sintaxis y la eufonía en aras de una pretendida corrección política.

La efectividad en la comunicación no necesita estos artificios absurdos,  si decimos por ejemplo “se congregó una multitud en la que todos estaban gritando”¿es que alguien entiende que solo gritaban hombres? ¿es que alguien entiende que no había mujeres por el hecho de no decir “todos y todas”?  Se puede esgrimir, que porqué el masculino como inclusivo y no el femenino u otra forma, a mí me daría igual, pero cambiar el idioma no es cuestión de lo que ponga en documentos oficiales, sino en convencer a unos 300 y pico millones de hispanohablantes. Además si queremos ser tan rigurosos con el género, podemos llegar al esperpento ¿Por qué identificar el género con letras? Decimos tranquilamente, atleta, fisioterapeuta, dentista, artista etc. sin que la “a” identifique a ningún género, sin embargo en abogado, médico, ministro etc., siendo igualmente oficios o actividades que en principio deberían ser neutros independientemente del sexo de quien lo ejerce, se identifica la “o” como masculino. Hay casos más curiosos como, juez ¿para qué jueza, es que la “z” es masculino?  Con la lógica inclusiva y paritaria llevada a rajatabla, habría que hablar de atletos, fisioterapeutos, dentistos, artistos, en fin un despropósito absurdo, con lo fácil que es simplemente poner delante un artículo, el juez, la juez, el ministro, la ministro, el dentista, la dentista etc. Hay casos más absurdos aún, como el uso del participio activo, que en nuestra lengua acaba en “nte”, habría que incluso cambiar el nombre de algún cuento, ya que “La bella durmiente” sería políticamente incorrecto, mucho mejor “La bella durmienta” no vaya a ser que alguien entre “los y las” “estudiantes y estudiantas” se sienta discriminado por el uso de la “e” ¿Y qué pasa con el que no se identifique ni como hombre ni como mujer? Vaya lío.

Para llegar a una sociedad verdaderamente inclusiva e igualitaria para todas las personas (o personos, o persones), lo que hace falta es más seriedad en una política educativa de calidad, que desde la más tierna infancia tenga esto bien presente, y que la educación no sea un tema partidista e ideológico sino lo que demanda la realidad de la sociedad actual. Los resultados no son desde luego a corto ni a medio plazo, ya que los niños de hoy serán la sociedad del mañana, pero no se van a acelerar porque nos volvamos locos hablando.

¿Quieres hacer alguna buena tapia este verano? ¿Crees que estás preparado?

¿Te estás preparando para ello con buenos entrenos y salidas a escalar?

¿Has renovado o incluso comprado algo de material con esos objetivos en mente?

¿Tienes toda la información disponible actualizada?

Entonces ya estás preparado… ¿o no?

Estar preparado para acometer vías largas, complejas y semiequipadas, significa que sabes:

  • Cómo bajar a tu compañero, rapelando junto con él si se ha hecho daño.
  • Cómo descolgarle con dos o más cuerdas atadas para poder llegar antes al suelo.
  • Subir a tu compañero hasta la reunión si ha quedado colgado y no puede valerse.
  • Rapelar por las cuerdas aunque les hayan caído piedras y estén casi seccionadas.
  • Rescatar a tu compañero si se ha quedado bloqueado en mitad de un rápel colgado de las cuerdas.
  • Subir por una cuerda fija si te quedas colgado en el vacío sin tocar la pared.
  • Solventar la pérdida de un descensor.
  • Salir escalando en solitario si hay que ir a buscar ayuda.

Si sabes cómo hacer todo esto SÍ estás preparado.

Siempre tenemos la optimista sensación de que las cosas les pasan a los demás, pero el día menos esperado podemos vernos en una situación comprometida. Si tenemos todo ese archivo de conocimientos y los hemos practicado periódicamente, la situación puede concluir en solo una anécdota de bar.  Si no sabemos qué hacer, dependemos de la ayuda exterior, que puede que llegue en pocas horas… o no.

Tenemos que ser responsables de nuestros actos y nuestras decisiones, que hoy sea tan fácil pedir ayuda, no puede implicar que confiemos nuestra suerte a un aparatito susceptible de estropearse en el peor momento, con una batería limitada y dependiendo de la “diosa cobertura”.

Aunque muchas situaciones las podremos resolver sin ayuda, poco podremos hacer ante un accidente de gravedad, en este caso nuestra suerte depende de si hay ayuda disponible, y esto también hay que asumirlo cuando se viaja a países o zonas donde no es posible la ayuda externa, o no lo es en un tiempo razonable. Todo el que se embarca en serias empresas en estos lugares, tiene que ser consciente de su situación y asumirlo, sobre todo en cordadas de dos personas que son las más vulnerables.

Practicar las maniobras básicas periódicamente es la forma de hacerlas rápido y seguro.

Los cursos de autorrescate y la práctica periódica posterior, es la única forma de mantener ágiles esos conocimientos que nunca queremos necesitar.

Aún estás a tiempo para prepararte.

Curso de autorrescate básico de 2 días 130 € por persona.

Contenidos:

  • Nudos especiales.
  • Sistemas alternativos de freno y bloqueo.
  • Ascenso por cuerdas en diversas circunstancias.
  • Rápeles con cuerdas dañadas.
  • Descuelgue de accidentado solo y acompañado
  • Paso de nudos por sistemas de freno.
  • Rápel con accidentado en contrapeso y en tandem.
  • Desbloqueo y descenso de un accidentado colgado en un rápel.
  • Izado por contrapeso.
  • Polipastos para izado, directos e indirectos.
  • Paso de nudos por polipastos.

AVALANCHAS, el peligro infravalorado

El invierno se acerca, y todos los amantes de la montaña invernal nos ponemos un poco nerviosos ansiando la esperada nieve. Esperamos disfrutar de las blancas laderas sin límite, pero la montaña invernal no es un parque temático. Fuera del entorno controlado de las estaciones de esquí, el peligro de las avalanchas acecha. Ahora estás a tiempo de prepararte para minimizar el riesgo esta próxima temporada.

Avalancha en el Circo de Gredos

Cada invierno hay accidentes producidos por avalanchas y muchos con trágicos resultados. En EE.UU mueren por esta causa unas 30 personas por año, unas 15 en Canadá y unas 7 en nuestros Pirineos. La tendencia es además ascendente y preocupante. Uno de los motivos es estadística simple, cada vez hay más gente por las montañas. La promoción de la “aventura” por parte de empresas, marcas, administraciones y estaciones de esquí, ha multiplicado los practicantes del esquí “fuera de pista” (aunque para ser moderno hay que decir “freeride”) y el esquí de montaña. Los nuevos materiales que han ido surgiendo en los últimos 15 años y su promoción, han contribuido enormemente a facilitar el acceso a este terreno a un perfil de usuario que si bien puede tener un nivel técnico de práctica elevado, tiene en general poco o nulo conocimiento sobre avalanchas.

Pero aun siendo consciente del peligro, los humanos cuando buscamos diversión, tenemos con frecuencia comportamientos que nos exponen. Cada persona tiene una tolerancia al riesgo, para no pasar miedo, pero que la actividad no sea aburrida. A medida que aumenta nuestra habilidad, esta percepción cambia y nos arriesgamos más. Igual pasa con los avances de material, cada vez disponemos de un mejor equipo de seguridad pasiva (ARVA, pala, sonda, airbag) que puede proporcionar una falsa sensación de seguridad y disponer al individuo a arriesgar más. La consecuencia es que el nivel de exposición al peligro no cambia pese a las ventajas técnicas. Esto se conoce como “homeostasis del riesgo”, los avances en seguridad para disminuir los accidentes y sus consecuencias, son contrarrestados por el comportamiento más temerario de los individuos, al sentirse más seguros gracias a esos avances.

En el caso de las avalanchas, esta agravado por la retroalimentación positiva. Como la mayoría de las veces no pasa nada, pese a arriesgar sin sentido más de la cuenta, cada vez arriesgo más en situaciones parecidas; hasta que se acaba la suerte. Otro factor de agravamiento es la conducta grupal. Se sigue ciegamente a un líder, que si bien puede ser todo un experto esquiador, su conocimiento sobre avalanchas puede ser pobre o nulo; este es un caso cada vez más frecuente en los entornos “fuera de pista” de las estaciones de esquí. En un grupo sin un líder respetado y con conocimiento (como un guía de montaña o un experto responsable), los comportamientos suelen ser bastante temerarios o irracionales. En general los grupos grandes arriesgan más, ya que nuestro instinto nos ofrece una peligrosa sensación de falsa seguridad. También el ego complica las decisiones cuando no hay líder, nadie quiere ser el gallina que se raje.

Todos hemos cometido errores, todos hemos arriesgado más de la cuenta alguna vez, y si somos conscientes de ello ya tenemos mucho ganado. Lo más peligroso es afrontar riesgos sin siquiera ser consciente de ello. La experiencia sobre todo enseña prudencia, ya que aprendes que eso de que las cosas les pasan a los demás es una ilusión, los demás seremos tarde o temprano nosotros si no actuamos con cabeza.

Avalancha de placa en el Venteadero. Circo de Gredos

Aprende todo lo que puedas sobre avalanchas, existen excelentes libros y cursos. Adquiere un equipo de seguridad de calidad, una ARVA de tres antenas, una buena pala y sonda y aprende a utilizarlo correctamente con prácticas periódicas, al menos cada comienzo de temporada. Además tienes en el mercado mochilas con “airbag” que pueden disminuir la posibilidad de ser enterrado (si eres capaz de activarla). Pero recuerda que llevar todo esto no te garantiza nada, una avalancha por pequeña que sea, puede ser letal aunque lleves toda la parafernalia técnica de seguridad pasiva. Las estadísticas son demoledoras en este aspecto. Si te pilla una avalancha, tener las mayores posibilidades de supervivencia requiere que se den una serie de factores positivos: que quede en la superficie alguien con capacidad y equipo para rescatar rápidamente, que el accidentado lleve ARVA, que el enterramiento no sea a gran profundidad, que la víctima no choque con obstáculos cuando es arrastrada, y que la masa no sea tan densa que provoque traumatismos severos. Si no llevas ARVA y te entierra completamente, casi seguro estás muerto. Al ser el rescate rápido por los compañeros casi la única opción de sobrevivir, no permitas que en el grupo haya alguien sin equipo o formación, ya que de ello puede depender tu pellejo.

Con este panorama tan desalentador, la prevención es la mejor y casi la única medicina, actuando con conocimiento y sensatez. Aunque el riesgo nunca podremos eliminarlo del todo, ya solo con consultar el parte de avalanchas y actuar en consecuencia, evitando las pendientes fuertes en la orientación y altitud a la que informe, habremos disminuido el riesgo al mínimo. Evitemos en general exponernos a los que se llama “los tres ángeles de la muerte”: riesgo 3 + ladera orientada al norte + pendiente de más de 30º.

Disfruta del regalo que supone una ladera de nieve virgen, pero actúa para que puedas hacerlo muchos años.

Entrenamiento mental. Progresar en la escalada es general una cuestión de actitud, no de músculos

La progresión como escalador requiere obviamente aumentar las habilidades técnicas y la capacidad física de la persona, y es en eso en lo que la mayoría centra su entrenamiento. Pero para un porcentaje muy elevado, no son esos factores el problema de su estancamiento, si no el entrenamiento mental. Yo siempre he dicho que la capacidad como escalador es como una banqueta de tres patas: física, técnica y mente. Si una pata es más corta, la banqueta esta coja. Eso no quiere decir que no se pueda escalar y divertirse, adaptando el tipo de escalada a esa carencia. Pero si realmente pretendes mejorar, tienes que ser sincero contigo mismo y afrontar las carencias en serio.

Sobre el entrenamiento físico, hoy en día lo tienes bien fácil gracias a rocódromos y entrenadores. Se igualmente sincero y realista con el tiempo y el esfuerzo que estás dispuesto a invertir, y a dónde quieres llegar, sobre todo si pretendes grandes logros (personales o deportivos). El asunto técnico es algo más complicado, ya que los rocódromos y la roca son dos mundos diferentes. Si realmente quieres mejorar técnicamente en roca, mi consejo es que escales en todo tipo de rocas e inclinaciones. Centrarte en un tipo te convertirá en un especialista, no hay problema si solo haces escalada deportiva, ya que puedes elegir, pero no te frustres si fuera de tu terreno no te meneas.

Y llegados al aspecto del entrenamiento mental, es donde encontramos más problemas. Lo primero que debemos preguntarnos y ser sinceros es “qué busco en la escalada” es decir, qué me motiva a escalar. Esta respuesta es la clave de todo, ya que es de donde provendrá la motivación para realmente esforzarse en mejorar cada faceta. Si lo que quieres es simplemente pasar un buen rato con amigos, pero sin problemas ni sobresaltos, escala cosas dentro de tu nivel de competencia donde te sientas cómodo. Puede que incluso pases de escalar de primero para simplemente hacer un poco de ejercicio; si es tu decisión, que nadie te fuerce a lo contrario. Entrenar con amigos en un rocódromo se resultará igualmente efectivo y motivante, ya que poco a poco podrás acceder a un mayor número de vías y divertirte más.

Pero si realmente te gusta escalar y pretendes hacerlo cada vez mejor, tendrás que esforzarte, ya que en esta vida no hay nada gratis, y con esto me refiero tanto al entrenamiento como a la escalada en si. Habrás oído hablar de la “zona de confort”, ahí donde estamos cómodos y calentitos, pues aquí no se aprende; si no fuerzas tus límites no progresarás. Es una paradoja, pero nuestra mente nos impulsa a quedarnos en esa zona, sin embargo, es saliendo de ella cuando aumentas tu “zona de confort” cada vez más. Tienes que aceptar retos que te obliguen a salir de allí y arriesgar. Claro que te puedes caer, cuando rozas tus límites solo pueden pasar dos cosas, o subes o te caes. Pero hasta que no aceptes esa posibilidad como parte del juego no mejorarás. Aprender a caer es por tanto una prioridad para acoplar la caída como una técnica más y que no sea algo desconocido, y es además una cuestión de seguridad, para aprender a juzgar con criterio dónde puedo o no forzar y caerme de forma segura. Hay que tener en cuenta que una cosa es el “riesgo percibido”, que es totalmente subjetivo y por tanto puede que imaginario e irreal, y otra el “peligro real”. El control de las caídas acercará tu percepción del riesgo a la realidad.

Aquí entramos en el concepto de “riesgo aceptable”, que no es igual para todas las personas. Si practicas escalada deportiva, salvo mala ubicación de los seguros, el riesgo real será siempre aceptable, pero para la escalada en pared necesitas mucha más experiencia para juzgar con un criterio acertado el riesgo real y aceptable para ti, es decir donde puedo o no arriesgar hasta el límite, para esto también es necesario autoconocimiento y autocontrol.

Esto son solo algunas ideas importantes, evidentemente el asunto es algo más complicado, además el aspecto mental varía mucho con la personalidad de cada individuo, pero como cualquier aspecto puede ser trabajado y mejorado.

Hay cursos específicos en los que podemos ayudarte en este aspecto mental y por supuesto de desensibilización ante las caídas, que suele ser uno de los problemas más recurrentes.

Solo integral, escaladores sin red ¿audacia…o temeridad?

Acabo de leer el libro del malogrado Ueli Steck, “Speed”. Es interesante la lucidez que tenía, sabiendo que jugaba a un juego que no admite errores. El mismo reconoce que tenía que dejar la escalada de velocidad en solo integral por ser demasiado peligrosa. Siempre dice que tuvo sensación de control; en lo que respecta a su técnica y sus posibilidades, desde luego el entrenamiento al que se sometía no dejaba dudas en ese aspecto, era un escalador de altísimo nivel en roca, hielo y mixto; con habilidades muy superiores a las dificultades técnicas a las que se enfrentaba en sus escaladas a toda máquina. Pero el mismo admite lo que todos sabemos y a algunos se les olvida: somos humanos, y tarde o temprano cometemos errores. Esto cuando se va con cuerda, ya sea solo o con un colega, puede ser un susto, un incidente o con mala suerte un accidente, pero cuando se va sin red… El mismo ya tuvo un susto del que salió por suerte vivo en la cara sur del Annapurna en 2007, una piedra le tiró. Esta es otra de las balas de la ruleta que no controlamos; lo peligros inherentes al medio, que en el Himalaya además se acrecientan con las dimensiones y la altitud. Quizá su accidente se hubiera producido igualmente aunque estuviera acompañado, eso nunca se sabrá, lo que es evidente es que su margen de error era poco o nada.

Tratamos a los escaladores en solo integral como héroes, pero en mi opinión y como dijo el desaparecido Reinhard Karl “No se puede pretender ser un héroe y tener la certeza de sobrevivir”. Tristemente muchos héroes además se ven presionados: los medios, los patrocinadores, el público. Cada vez el listón de la notoriedad está más alto y la línea roja donde la valentía pasa a ser temeridad es muy tenue. Es desgraciadamente larga la lista de solitarios que cometieron un error, ya sea técnico o de valoración y ahora son recuerdo. Se suele recurrir a decir que tuvieron mala suerte, pero quizá es que hasta ese momento la tuvieron buena, ya que los peligros de la montaña y los errores humanos son algo con lo hay que contar y que desde luego ellos sabían. Muchos supongo que eran conscientes de que vivir tan intensamente tenía seguramente el precio de vivir poco y les valía la pena, otros quizá de tantas veces que les salió bien se terminaron creyendo inmortales… Otros no pararon a tiempo.

Cada cual que busque su camino y asuma las consecuencias, nada que objetar. Pero es cuestionable la forma que tiene la sociedad y los medios de ensalzar a estos héroes, que como todos, sirven de ejemplo para las generaciones venideras. Muchos como el mismo Ueli, fueron un ejemplo de tesón, versatilidad, solidaridad y sencillez, este es el aspecto positivo, pero los solos integrales en mi opinión son un terreno que hay valorar con cautela y admitiendo su extrema peligrosidad.

Existe una delgada línea entre la audacia y la estupidez como la hay entre la prudencia y la cobardía. Jim Bridwell