Que la fuerza te acompañe…o no

Hoy día parece que para escalar solo hace falta mucha fuerza, tengo la impresión de que esta cualidad se ha magnificado hasta la saciedad, más con el tipo de escalada que en la actualidad tiene más protagonismo, los grandes desplomes. En otros tiempos (sí, cuando yo era joven) cuando el grado no era religión, si alguien destacaba escalando se decía que era un tío fino, o que escalaba fino (en aquella época una chica escaladora era una rara avis); hoy día es muy revelador que si alguien hace grado (que no significa que escale bien) se dice que está fuerte (como el vinagre) que es un titán o un bicho. Más allá del tema semántico, que son cosas de los tiempos y con caducidad, es evidente que el adjetivo diferenciador tiene un poso diferente. Hacer grado como se dice ahora, se relaciona directamente con la fuerza y no con ser un escalador hábil. De hecho, la habilidad para hacer una lectura correcta de la roca y resolver lo movimientos, que es la verdadera maestría en un escalador, queda muchas veces en segundo plano, ya que para conseguir ese grado con frecuencia se recurre a que te chiven los movimientos clave y repetirlos hasta la saciedad. Yo con frecuencia he utilizado con mis alumnos el símil de una partida de ajedrez (salvando las distancias) en la que ganas, pero que alguien por detrás te ha dictado los movimientos en los momentos difíciles de la partida, tu solo has movido las piezas ¿puedes estar orgulloso de tu victoria?

Veo con frecuencia como esta contaminación del concepto de escalar bien se traslada a escaladores noveles, que influidos por el ambiente que percibe y la tendencia de lo que ve (o le mal aconsejan), empiezan a hacer por ejemplo dominadas con lastre sin siquiera tener unas mínimas habilidades de control del centro de gravedad y manejo eficiente de los pies. Yo siempre he enseñado que la escalada requiere un buen equilibrio entre, técnica, mente y fuerza, y que si bien hay que trabajar desde el principio todas estas habilidades, lo ideal es priorizarlas en este orden de importancia cuando se empieza a escalar. Es evidente que para evolucionar en la escala de dificultad se necesita fuerza, no la estoy despreciando en absoluto, pero para los escaladores en niveles medios y bajos, no es lo prioritario, entrenando de forma inteligente y escalando de forma regular, conseguirán un nivel de fuerza aceptable para disfrutar de la escalada y seguir evolucionando, sin el peligro de lesionarse con ejercicios para los que el cuerpo aún no está preparado. La fuerza es además la cualidad más fácil y rápida de trabajar, los músculos se pueden adaptar rápido y conseguir ganancias significativas en pocos meses, pero todo el sistema tendinoso-articular puede tardar años para poder soportar las barbaridades a las que puede verse sometido con entrenamientos de élite.

Con respecto a la técnica, si quieres ser competente todos los terrenos, mi opinión es que hay solo una fórmula mágica, escala en todo tipo de rocas, inclinaciones y configuraciones. Si te especializas en un tipo de escalada en concreto, puede que llegues a ser muy bueno en ello, pero no pretendas rendir de igual forma fuera de tu terreno. Es la diferencia entre los especialistas y los “sabios”, y aunque quizá el sabio no llegue al nivel del especialista en ese terreno, lo que si tendrá es más opciones para disfrutar de variedad de vías.

En el aspecto mental la cosa se complica, ya que de partida influye la personalidad del individuo, y la cultura actual del triunfo no ayuda. Aparte de lo más obvio que es el miedo a la caída, hay otros aspectos mentales de actitud que con frecuencia necesitan ayuda para mejorar con ejercicios y adaptación. Lo bueno es que todo está relacionado y la mejora en uno de los otros dos aspectos ayudará a paliar deficiencias en el aspecto más débil. Lo malo es que el aspecto mental es el más difícil de trabajar y en el que menos se centra la gente. Para el que tenga problemas en este punto, lo mejor es acudir a cursos específicos; también la lectura de textos clásicos de escaladores especializados en el tema como Arno Ilner (Guerreros de la roca y Lecciones exprés para guerreros de la roca. Ed. Desnivel). En relación a esto, lo importante es que cada uno se pregunte con sinceridad qué es lo que busca en la escalada, y que elija por sí mismo lo que le apetezca escalar y cómo hacerlo, sin verse forzado por el entorno de amigos, compañeros, pareja etc.

Hoy en día además, con la diversificación y popularización de la escalada, los valores y conceptos también se han diversificado, y si bien sigue habiendo gente que entiende la escalada (ya sea deportiva, bloque, clásica o alpinismo) como un juego de superación lo más limpio posible en la naturaleza y la montaña, también hay gente que lo ve simplemente como otra opción más de actividad lúdica o ejercicio físico, ya sea en un entorno campestre pero controlado o directamente en rocódromo. En definitiva, hay tantas formas de ver la escalada como escaladores y todas respetables. Entiéndase que todo esto son solo opiniones y consejos personales, desde la perspectiva que dan casi cuarenta años dedicados a la enseñanza de la escalada y que me han dado el privilegio durante estas décadas de ver la evolución, tanto de la técnica como de la forma de ver la escalada.

Los errores y los fracasos son oportunidades para aprender

La frase que titula este artículo es un resumen de una forma eficiente de entender la vida. Es la búsqueda del crecimiento a través del continuo aprendizaje, en gran parte gracias a las a veces duras lecciones que nos dan los errores, fracasos y malas experiencias en cualquier actividad y en la vida. Las cosas que merecen la pena solo se suelen conseguir con esfuerzo y con algunos o muchos tropezones en el trayecto, y son estos “fracasos” los que nos van dirigiendo por el buen camino, dejando en evidencia carencias o errores, y dándonos la oportunidad de seguir aprendiendo y buscar soluciones que enriquecerán nuestro archivo para no tropezar de nuevo en la misma piedra. Pero esta actitud requiere tiempo, paciencia, humildad y perseverancia. Virtudes no siempre fáciles de compaginar en la sociedad actual en la que tenemos prisa para todo y la competitividad y los resultados rápidos parecen ser la expresión de éxito.

La actitud de muchos escaladores actuales es una muestra de esa tendencia “resultadista”, el querer encadenar vías cada vez más difíciles y lo más rápido posible de cualquier manera. Un síntoma es la elección como objetivo de vías mucho más duras del grado que se tiene asentado a vista, para las que no se duda en pedir información de cómo resolverla antes de haberla intentado, o incluso escalar “teledirigido” desde abajo por alguien que la conoce de memoria, y marear la vía en cuestión hasta la saciedad hasta que se consigue. Estas pírricas victorias pueden valer para engordar el ego y presumir un poco, pero son un autoengaño de las verdaderas capacidades, además de ser una buena oportunidad para una potencial lesión.

Evidentemente, ensayar vías por encima del grado real a vista es una forma de adquirir más recursos, pero siempre que ese “por encima” sea moderado y siempre tratando de resolver por uno mismo las secuencias complejas, que será lo que realmente nos hará aprender. En definitiva, como yo inculco a mis alumnos, encadenar vías no es el objetivo, es solo la consecuencia del entrenamiento y el aprendizaje, ese es el verdadero objetivo, seguir aprendiendo y ser cada vez mejor escalador. Claro que vas a encadenar vías, pero estos encadenes solo son una confirmación de que lo estás haciendo bien y sigues mejorando, y por supuesto son la motivación puntual para continuar con un proceso que no acaba nunca, porque en esta vida nunca dejamos de aprender.

Es curioso observar la actitud de escaladores que” juran en arameo” cuando fallan y se caen, y buscan cualquier justificación ajena a su error o incapacidad (que si el calor, que si el magnesio, que si no me das cuerda, que si este gato no agarra…). Si te caes no pasa nada, aprende del fallo con sinceridad y humildad e insiste, recuerda que no es más grande el que no cae, sino el que se vuelve a levantar una y otra vez.

La escalada además es una actividad de experiencias, y si realmente te gusta escalar, no importa si encadenas o no, o si llegas a la cumbre o no, nada te va a quitar el placer de haber escalado, hoy has hecho lo que te gusta y lo has pasado bien, como resume una frase del malogrado Alex Lowe “El mejor escalador del mundo es el que más se divierte escalando”. Un ejemplo que yo uso con mis alumnos, es el de un escalador que sube por una vía escalando de pena, con resbalones, temblores, equivocándose… pero contra todo pronóstico llega a la cadena sin caerse, bien por él, si a pesar de todo se siente satisfecho, aunque el encadene haya sido más fruto de la casualidad que de su capacidad. Ahora lo comparamos con otro que sube de forma controlada, elegante, disfrutando de la vía, pero que resbala tontamente en los últimos movimientos antes de la cadena ¿acaso no debe estar más satisfecho el segundo pese no haber “triunfado”?

En resumen, como todo en esta vida, hay que relativizar los resultados aparentes y no tratar de etiquetar todo como malo o bueno, ya que los fallos, fracasos o malas experiencias, son con diferencia lo que nos hace aprender mucho más que los triunfos, sobre todo si estos han sido conseguidos de forma engañosa o fácil. Aunque no tenga que ver con la escalada, las expediciones a las grandes montañas son un claro ejemplo de la paradoja del triunfo que yo mismo lo he experimentado en mis carnes: una expedición que llega a la deseada cumbre, pero ha dejado a miembros con severas congelaciones o incluso alguno no regresa, y como añadido, la convivencia entre los alpinistas ha sido nefasta ¿es eso un éxito, solo por el mero hecho de llegar a la cumbre? La otra cara de la moneda sería otra expedición en la que no se consigue la cumbre, pero la convivencia es excelente con risas y buen rollo, trabajo en equipo, todos regresan sanos y como amigos… yo me quedo con esta pese al “fracaso”, y esto me ha pasado más de una vez. Los “fracasos” son además frecuentes cuando los objetivos finales son ambiciosos, no es muy habitual “llegar y besar el santo” cuando picas alto, pero si creemos en nuestras posibilidades siempre se puede intentar de nuevo con las nuevas lecciones aprendidas.

Mejorar no es compatible con la comodidad

En definitiva, disfruta de lo que te ofrece la escalada, de cada día en la roca, encadenes o no y sobre todo no te compares con nadie, siempre habrá escaladores mejores y peores que tu, y no eres ni un campeón por encadenar ni un paquete por caerte. Se sincero contigo mismo con respecto a qué buscas en la escalada. Si lo que buscas es simplemente una actividad lúdica sin complicaciones, sin riesgo y con poco esfuerzo, bien si eso te llena, pero no esperes mejorar si te mantienes siempre en la zona de confort. Si realmente te gusta escalar y hacerlo cada vez mejor, tendrás que esforzarte, entrenar y enfrentarte a retos que exijan lo mejor de ti, que te saquen de la zona de confort, retos en los que a veces fallarás y de los que aprenderás, precisamente para ampliar esa zona cada vez más y superar tus límites.

LA MENTIRAS DE LA LEYENDA NEGRA, UN ÉXITO PROPAGANDÍSTICO

Como cada 12 de Octubre, se reavivan las mentiras de la leyenda negra orquestada desde el siglo XVI por el mundo anglosajón, y más concretamente Inglaterra, a quien esta propaganda antiespañola le venía de perlas para ocultar sus vergüenzas que son muchas. A quien de verdad sea curioso por la historia no se la cuelan, pero como está comprobado, la fórmula tan utilizada por muchos de “una mentira mil veces contada se convierte en verdad” funciona muy bien, si no que se lo digan a los nazis.

Como a los españoles nos gusta autoflagelarnos también muchos la creen, y siglos después, gracias a todas la mentiras todavía persiste un complejo de culpa y de vergüenza de la propia historia. De las muchas mentiras, la que más impacta es la del supuesto genocidio de los españoles en la conquista de América. Que yo sepa, genocidio es una eliminación sistemática de un grupo humano por motivos de raza, religión, etnia o nacionalidad. Sin entrar en detalles históricos que necesitarían varios artículos como este, simplemente el genocidio ni fue posible ni interesaba en absoluto al reino de España. No fue posible simplemente porque el número de españoles era ridículamente inferior al de nativos, y si bien sus armas eran más modernas, nadie puede pensar que un grupito de sanguinarios españoles pudiera cargarse sistemáticamente a millones de nativos y que estos no hicieran nada. El supuesto exterminio era algo totalmente contrario a los intereses de los conquistadores, ya que un territorio despoblado no sirve para nada, y por otra parte no sería posible debido a la enorme extensión de las colonias.

Desmanes hubo, desde luego, igual que los había en la Europa de aquella época. Toda conquista lleva añadida violencia, y entre los españoles igual que entre todos los pueblos había personas decentes y despreciables, y otras que se aprovecharon de las circunstancias. Pero en el contexto gigantesco de la expansión por América no fueron ni mucho menos la norma. De hecho el reino de España, desde los reyes católicos a Felipe II, fue el único que decretó leyes de protección para los nativos, declarándolos libres y súbditos de pleno derecho y castigando los abusos, lo que no quiere decir que no los hubiera puntualmente. De hecho, uno de los objetivos prioritarios del reino era la evangelización de los nuevos territorios. Otro aspecto relevante es el del mestizaje, que fue igualmente una excepción comparado con lo que sucedía en los territorios conquistados por ingleses u holandeses, sin entrar en más detalle, ya que lo de Inglaterra y otros países en el trato a los nativos en sus colonias es de juzgado de guardia.

La causa de que se diezmara la población nativa fueron las enfermedades importadas desde Europa: viruela, sarampión, tifus, escarlatina, gripe, difteria entre otras. Con los barcos llegaban, además de personas y herramientas; virus, bacterias y patógenos de todo tipo para la que la población local no tenía ninguna defensa inmunitaria, lo que causaba tremendos estragos. Los españoles también enfermaban en estas oleadas por supuesto, pero lo que para un español podía suponer cama y fiebre, para un nativo era la muerte segura. Este desastre hubiera llegado en cualquier caso, el encuentro de los continentes era inevitable tarde o temprano, y en una época donde la medicina no tenía ningún medio para combatir estas plagas, el resultado habría sido el mismo aunque los colonizadores fueran ingleses, que como es sabido conquistaban repartiendo caramelos.

Un dato relevante (entre otros muchos) de la diferencia colonizadora pese a la gran mortandad, es la diferencia entre la realidad indígena actual de América, ya que mientras en Hispanoamérica la diversidad indígena (con sus lenguas y costumbres) persiste y es en muchos casos mayoritaria, en América del norte los descendientes de nativos supervivientes son la excepción.

Todas las potencias coloniales han cometido tropelías de las que nadie puede estar orgulloso, pero la historia es la que es, con sus luces y sus sombras que hay que conocer para no cometer los mismos errores, pero siempre que sea historia y no propaganda.

Para el que tenga interés en la historia, puede preguntar al Sr. Google y consultar trabajos de historiadores de prestigio como Pierre Chaunu, Jean Dumont, Maltby, López Lomelí u Oscar Mazín Gómez. Como libro recomendado con un interesante artículo sobre este tema: “Esto no estaba en mi libro de Historia de España” de Francisco García del Junco.

CULTURA DE CALIDAD, la mejor medicina para no repetir la historia.

Estos días los medios se hacen eco de noticias que me causan estupor, no sé si la humanidad se está volviendo idiota o es que ya lo era y ahora se despierta con los acontecimientos actuales que polarizan la sociedad. Se producen derribos de estatuas y se propone el derribo o desaparición de otras que implican a personajes de muchos siglos atrás como la de Cristóbal Colón. En definitiva hay gente que se cree con derecho a juzgar con los principios, leyes y conceptos morales actuales, acciones de siglos atrás, un despropósito cultural de una magnitud incalculable. Si algo nos enseña la historia, es que tristemente todos los grandes imperios se han forjado con guerras, destrucción, explotación y esclavitud, desde Egipto o Roma, hasta los imperios coloniales Europeos. La historia es la que es y no podemos cambiarla, y destruir estatuas no borra la historia, y estos símbolos, aunque en su momento se erigieran como homenaje, hoy no pasan de ser meros recuerdos e incluso esculturas con valor artístico de nuestra triste historia, que hay que conocer precisamente para que la humanidad aprenda y haya cada vez haya menos posibilidad de que se repita.

Si decidimos juzgar a todos los personajes históricos de esta manera, habría que cargarse por ejemplo todas las estatuas de Julio César e incluso las megaestatuas de Ramsés II en Abu Simbel (algo parecido ya hicieron los talibanes, que se supone son los malos). La forma de pensar, la moral, la religión y las costumbres han cambiado tanto a lo largo de la historia, que solo pensar que hoy tenemos derecho a juzgar hechos transcurridos cientos o miles de años atrás, es de una prepotencia e ignorancia supremas.

Una cultura de calidad, eso es lo que hace falta en nuestra sociedad para que infunda a las generaciones presentes y venideras respeto y principios morales de igualdad entre todos los seres del planeta, sean del color, religión o país que sean. Una cultura que desde la tierna infancia enseñe también que dependemos de un planeta de recursos finitos que es nuestra única casa y de la que dependemos para nuestra supervivencia. La cultura es la mejor medicina contra la intolerancia y los fanatismos, no actos estériles como derribar objetos históricos.

LAS CRISIS SON OPORTUNIDADES PARA APRENDER

De cada experiencia en la vida hay que aprender algo, sacar algo positivo; de la situación actual muchos aprenderán a valorar las pequeñas cosas. La mayoría en nuestros países “desarrollados” somos unos privilegiados. Vivimos en un periodo de paz y prosperidad nunca visto en Europa, en una sociedad del bienestar en la que damos por supuesto muchas cosas y damos excesivo valor a lo material y a lo superfluo. Esta experiencia actual lo primero que nos enseña es lo vulnerables que somos y lo que de verdad importa: salud, libertad, amor, amistad, familia, naturaleza.

Los alpinistas, como otros colectivos que viven ocasionalmente situaciones duras de diversa índole, en las que nada está garantizado, somos en general más conscientes de ello, y creo que por ello apreciamos más lo que tenemos y que se puede perder en un momento. La felicidad al fin de al cabo no es un estado de éxtasis continuo, si no los pequeños momentos que nos regala la vida, como unas risas, un beso, un atardecer o un paquetón de nieve bajo nuestros esquís. Cuando trabajaba de guía de trekking en el Himalaya siempre le decía a mis clientes más urbanitas, “Cuando acabe este viaje apreciarás en lo que vale darle a un botón y que se encienda la luz, abrir un grifo y que salga agua, incluso caliente”. La crisis presente nos pone por delante un futuro inquietante, el miedo a lo desconocido, a la incertidumbre, algo con lo que en la montaña hay que lidiar con frecuencia y que saca lo mejor y lo peor de las personas, y que ahora también se pone de manifiesto, tanto en los actos de ayuda y solidaridad como los comportamientos más egoístas y estúpidos.

Esta situación desconocida nos supera a todos, por supuesto también a científicos y gobernantes, que tienen que improvisar y decidir con datos incompletos e inciertos que además van cambiando según pasa el tiempo. Ahora hay mucho listo (es decir tonto) que critica y dice que no se hace bien, que se hace tarde, que así no… Hablar a “toro pasado” y encima desde la barrera es muy fácil, pero para las situaciones desconocidas y excepcionales como esta, nadie tiene ni varita mágica ni bola de cristal. Es vergonzoso, que políticos que han demostrado su incompetencia en crisis mucho menos graves, ahora no estén al menos callados con vergüenza torera. U otros que después de hacer todo lo posible por cargarse la sanidad ahora reclamen más medios para ella. Al fin y al cabo tenemos lo que nos merecemos, la democracia es así.

Este periodo excepcional debería servirnos para al menos reflexionar para el futuro y si es posible comprender que, como nos demuestra este nuevo virus, todos vamos en el mismo barco que se llama planeta tierra. Cuando la naturaleza lanza un órdago lo único que puede funcionar es que unamos fuerzas, que no hay fronteras ni razas, ni valen de nada religiones, nacionalismos y otros inventos que lo único que hacen es separar, y valorar lo que de verdad importa para el desarrollo, el bienestar y la seguridad de la gente, como algunas de las cosas que ahora aplaudimos por las tardes.

Yo particularmente soy pesimista, ya que en cuanto pase esto y la gente vuelva a su rutina, todo será un recuerdo y no habremos aprendido nada. Soy pesimista sobre todo porque la democracia tal como funciona hoy en día no es tal, como bien decía el maestro José Luis San Pedro, la gente es manipulada constantemente por los medios de comunicación con sus medias verdades, sus mentiras o sus omisiones, y esto es así en el mundo, no hablo solo de aquí, prueba de ello son algunos de los impresentables que tenemos en el mundo como líderes de potencias. El poder realmente lo tiene el dinero y los que controlan los medios, y al dinero le importa un bledo el bienestar general, el planeta o cualquier otra cosa que no sea acaparar más. Como decía un jefe nativo americano “algún día el hombre blanco se dará cuenta de que el dinero no se come”.

YA ESTÁ AQUÍ LA ANSIADA NIEVE – ¡MUCHA ATENCIÓN!


La nieve llega pronto este año tan pronto, que aún no se elaboran boletines de sobre el peligro de aludes. Sin esta ayuda hay que redoblar la prudencia, el ansia por deslizarse puede hacer que se comentan estupideces que se pagan caras.

Aunque no haya boletines, es evidente que desde que comenzaron los episodios de nevadas, hay bastante nieve reciente y movida por el viento, sobre todo en altura. No hay  que saber mucho sobre avalanchas para deducir que cualquier pendiente de más de 30º puede ser peligrosa, a no ser que tenga numerosos anclajes poco distanciados entre sí (árboles, rocas). Con lo que el mejor consejo es evitar todas estas pendientes (sí, ya sabemos que son las más apetecibles). Otro consejo reiterativo y no específico de este episodio, es evitar salir con mala visibilidad, es uno de los mayores agravantes del peligro, ya que no vemos si nos metemos en la boca del lobo, hace que tengamos tendencia a agruparnos (mayor sobrecarga), y en caso de algún incidente complica las labores de socorro (y hace correr muchos más riesgos a los socorredores).

PACIENCIA Y BUEN INVIERNO

El grado en escalada; eterno tema de conversación y debate.

Cuando Willo Welzenbach propuso el primer sistema de graduación para la dificultad en 1920, poco se podría imaginar la que había liado para el futuro. Hoy en día no solo contamos con un buen catálogo de sistemas de graduación según el país, sino que dentro del mismo país y usando en teoría la misma escala, las diferencias de dificultad entre vías del supuesto mismo grado, pueden ser más que notorias de una zona a otra.

El único objetivo de la graduación, es informar a los pretendientes de la dificultad a la que se van a enfrentar de la forma más objetiva posible, pero quien otorga ese grado de inicio puede distorsionar con facilidad la realidad por muchos motivos. Uno de ellos es la falta de referencias; escaladores con poco o mucho nivel que no salen de su zona y no pueden comparar objetivamente. Otra causa, y la más infantil, es querer hacer que tu zona se distinga por tener un “grado duro” (o más blando). De hecho, hay zonas donde puedes escuchar la frase: “hay que  acostumbrarse al grado local”, lo que denota una total falta de madurez, ya que lo único que se consigue con esa singularidad es confundir y desinformar, en definitiva, lo contrario de lo que deberían conseguir las escalas de graduación (y las guías y croquis). De hecho, ha habido zonas en las que tradicionalmente había casi que llevarse una calculadora para “traducir” el grado local a la realidad, un sinsentido que en el caso de Montanejos o Cahorros como sitios más conocidos de grados infravalorados, se ha corregido en gran parte con la aparición de nuevas guías.

En vías clásicas, que fueron abiertas y graduadas según criterios antiguos de escala cerrada, podemos igualmente encontrar distorsiones notables, con quintos más que subidos de tono, que si bien con el criterio de antaño era coherente, habida cuenta que el VI grado era el límite, hoy no tiene sentido y puede provocar más de una decepción o frustración. Lo lógico es que cuando se publican nuevas guías, estos grados se actualizasen en consecuencia, si es que el autor realmente tiene interés en dar una información fidedigna.

Pocos se atreven a corregir los grados irreales pese a la evidente incoherencia, supongo que temiendo que les tachen, ya sea de blanditos o de chulito decotador, sobre todo si no eres “local” como se dice ahora. Un concepto este último que con frecuencia tiene poco sentido, ya que si bien los que abren con asiduidad en un lugar concreto, se han ganado el respeto del colectivo escalador para que sientan la zona como algo propio, y a los que hay que agradecer el esfuerzo y la inversión, los que simplemente viven más cerca no tienen más derecho a opinar que cualquiera, sea de donde sea. De hecho, los que llevamos muchos años trotando, hemos hecho con frecuencia más vías en algunas zonas que muchos “locales”.

Muchos de los que lean esto, tendrán experiencias personales con esta distorsión o desinformación de zonas de escalada conocidas con grados irreales (Hoces de Vegacervera por poner solo un ejemplo), que igualmente (salvo raras excepciones) continúan en el tiempo pese a que salen nuevas guías.

La frecuentación de las vías más populares, también crea un problema cada vez más notorio, ya que la roca sobada y patinosa, hace que la dificultad original aumente, a veces de forma relevante. Un ejemplo que muchos conoceréis es la vía Valencianos al Peñón de Ifach, en la que el largo clave sigue y seguirá siendo en las guías V+,  pese a que fácilmente puede ser ahora 6b, ya que es como subir por cristal.

Cuando la desinformación es para “el lado bueno”, es decir se gradúa por encima de la realidad (Vallada por poner otro ejemplo) todo el mundo parece estar feliz, ya que esto a muchos les engorda el ego, pese a ser un autoengaño igualmente negativo.

Por mi parte, como profesional, tengo que informar con frecuencia a clientes y alumnos sobre tal o cual zona y recomendar vías, ya sea para que las hagan conmigo o por su cuenta, y tengo en mis guías una buena colección de apuntes y correcciones para adaptarlas a la realidad, y que no se lleven sorpresas.

En cualquier caso, no tiene solución, y hay que convivir con ello, ya que la objetividad no es una virtud que se prodigue entre los humanos y menos entre escaladores. Pero es un buen tema de debate y conversación que nunca acaba, y da para entretenerse en el bar y escribir artículos como este.

Masificación e inexperiencia, mal cóctel

Últimamente, las fotos y vídeos en las redes hacen percibir el tema de la masificación en la montaña para el gran público, algo que no es nuevo y que sufren algunas montañas desde hace bastante tiempo, aunque la cultura del ocio y la moda de la aventura fácil lo agravan más cada día. Aneto, Monte Perdido, Mont-Blanc, Cervino y Everest son ejemplos de masificación, lo que viene siendo morir de éxito, como también le pasa a ciudades emblemáticas como Roma o Venecia con el turismo. Por poner un ejemplo, las reservas “on line” del refugio Goûter (normal del Mont-Blanc) se acabaron en unas pocas horas el mismo día que se abrieron, para todo Junio, Julio y Agosto.

Para la mayoría de la gente que empieza a interesarse por el montañismo, la montaña más alta o famosa de aquí o de allí, es el primer objeto de deseo, aunque no sea ni la más bonita ni la más recomendable para su experiencia. El fenómeno más curioso es sin duda el del Everest, al que quiere subir mucha gente que ni siquiera son montañeros o si lo son tienen una mínima experiencia (no es raro que en el campo base les enseñen a ponerse los crampones), simplemente por el hecho supongo de engordar su ego a base de dólares. El que además todas estas montañas citadas sean técnicamente fáciles es un agravante, ya que el inexperto solo se queda con el concepto de “fácil”, sin entrar a valorar el verdadero problema de las ascensiones en alta montaña, donde fácil no quiere decir en absoluto carente de peligro. El Mont-Blanc de nuevo nos sirve de ejemplo, cada año mueren unos cuantos en las laderas de sus rutas “fáciles”. Desprendimientos, tormentas, viento, falta de visibilidad, aclimatación, material inadecuado o escaso… toda una panoplia de peligros que pueden hacer pagar muy cara la aventura si no se está preparado para responder. La moda de la ligereza es otro agravante, a lo que las autoridades han respondido en el caso del Mont-Blanc con una exigencia de material mínimo.

De hecho, en mi opinión, aunque la masificación es desde luego un problema en ciertas montañas, el verdadero problema es la inexperiencia y falta de formación. Cualquier montañero con criterio y experiencia en alta montaña debe tomar sus decisiones independientemente de la gente que haya por allí, si no lo ves claro, te das la vuelta y punto; el borregismo y la sensación de que porque haya mucha gente estoy más seguro, es la causa de muchas tragedias. Esto llevado a la zona de la muerte a 8000 metros, es un cóctel del que esta primavera ya hemos visto las consecuencias hasta en los telediarios.

Evidentemente no todo son Mont-Blanc y Everest, las montañas más bajas no son tan críticas en cuanto a condiciones, pero aun así, cualquier montaña de aspecto inocente nos puede dar una lección de humildad en invierno. Cualquiera que como yo haya crecido en Guadarrama, sierra no muy alta y “fácil”, alguna vez hemos sufrido un infierno del que hemos salido escaldados. Y lamentablemente, es raro el invierno que alguien no paga la inexperiencia con su vida en esta sierra “inocente”.

El problema de fondo es el mismo de nuestra sociedad, hay prisa para todo, hoy empiezo a hacer montañismo, mañana me subo al Aneto, pasado a Monte Perdido y este verano al Mont-Blanc… Adquirir experiencia y formarse para moverse con seguridad en alta montaña es una carrera de años, de ir poco a poco, y eso no cuadra con el montañismo y la aventura de consumo tan de moda, y por supuesto, que poner en Facebook que has subido al pico Pepe en vez de al Mont-blanc da menos “likes”. Con relación a esto, no hace mucho un cliente me preguntaba que si hacía falta saber escalar para ir al Mont-blanc, ya que todo el mundo decía que era fácil, yo le dije que no para su regocijo… entonces puedo subir, me dijo. Sí, le respondí, solamente necesitas tener soltura con la técnica básica de piolet y crampones, saber cómo asegurar con una cuerda en nieve, respetar un proceso de aclimatación, saber navegar sin visibilidad con mapa, brújula, altímetro y GPS, saber cómo hacer un abrigo de emergencia en nieve, conocer los sistemas de encordamiento en glaciar y las técnicas de rescate en grietas para salir tu o sacar al compañero si cae y unos conocimientos básicos de primeros auxilios para prevenir o responder ante mal de altura o congelaciones, nada más. Ahora ya no parecía estar tan convencido…

Afortunadamente, la tan cacareada masificación afecta solo a sitios puntuales: hay masificación si vas a subir el Almanzor, el Urriello o el Aneto, por hablar de casa, pero hay muchos valles y picos, en los que difícilmente te cruzarás con alguien. El que quiera montañismo en soledad, o al menos sin masificación, lo puede encontrar sin problemas en cualquier cordillera, basta con no ir a los sitios famosos o de moda, que además no tienen por qué desmerecer en belleza en absoluto.

Pasar de todo o advertir del peligro

Los que llevamos unos años haciendo montañismo hemos presenciado errores de todo tipo, llega un momento en el que crees que ya lo has visto todo y va alguien y aún te sorprende. Cuando además eres veterano y profesional y has tocado todos los palos, alpinismo, escalada, esquí de montaña, la colección de anécdotas es bastante larga.

Cuando presencias a alguien cometiendo un error grave de seguridad hay dos formas de actuar, pasar de todo ya que no es tu problema, actitud que mucha gente adopta, o advertir de ello a los implicados por si puedes evitar un accidente. Yo personalmente soy de los que no se calla por varios motivos, el primero es que si puedo evitar un accidente, el tema sí que va conmigo, el segundo porque no me quiero ver implicado en un accidente si puedo evitarlo, ya que en definitiva, si estás allí va a terminar afectándote de todos modos, y el tercero es que al ser guía, tengo obligación no solo moral, sino legal, ya que las sentencias que se van conociendo dejan claro que el profesional o el más “experto” tiene la obligación de evitarlo si está en su mano, sean o no sus clientes y esté o no trabajando. A veces recibes respuestas frías o directamente beligerantes diciéndote que te metas en tus asuntos, pero otras son agradecidas ya que no eran conscientes del peligro, me da igual. Si no te hacen caso tampoco puedes obligarles a nada, cada uno es mayorcito y debe ser responsable, pero al menos si pasa algo no remuerde la conciencia, pensando en que pudieras haberlo evitado de decir o hacer algo.

Me vienen a la memoria bastantes situaciones: gente descolgándose de una cinta, escaladores dispuestos a escalar corredores con peligro de avalanchas, cordadas que quieren escalar una cascadas peligrosa por la temperatura y condiciones, montañeros sin crampones en condiciones peligrosas y por supuesto situaciones de todo tipo en las zonas de escalada deportiva, en las que el ambiente de relajación y la poca formación con la que muchos empiezan provocan incidentes y accidentes con demasiada frecuencia, pese a que se supone que es la modalidad más segura de escalada.

Ayer sin ir más lejos, vi en el telediario un episodio del rescate en Gredos de una familia con niños incluidos, a los que tuvo que sacar de allí el helicóptero de la guardia civil porque tenían ceguera de las nieves por no usar gafas de sol en un día con sol y nieve, algo elemental y sin embargo recurrente. Yo suelo trabajar en Gredos en invierno y ya unas cuantas veces he tenido que advertir a gente que llevaba niños sin gafas de sol, los adultos que van con ellos suelen llevarlas, pero por ignorancia supongo que no saben el peligro que supone. Normalmente hacen algún comentario, pero siguen o directamente te dicen que a ti que te importa. Evidentemente no son montañeros ya que por lo accesible de la zona muchos turistas suben a dar un paseo o echar un vistazo. Otro ejemplo de los casos presenciados y recurrente en zonas de alta montaña accesible: una familia entera en el refugio de la Laguna con zapatillas de deporte por toda indumentaria para los pies, que pretendían subir al Almanzor un día en el que estaba la nieve dura como la piedra. Estos sí que hicieron caso ante la contundente frase que les dije al final “si seguís os vais a matar”.

En definitiva, advertir del peligro con buenas palabras y educación puede evitar problemas, evitar accidentes y rescates, y de paso educar un poco a los escasos de formación o sentido común.

“Cursos de acreditación de experto”, vergüenza, fraude y peligro.

Desde comunidades autónomas como la de Castilla y León se ofrecen este tipo de cursos que son, dicho en términos suaves, una vergüenza, un fraude y un peligro.

Una vergüenza porque está amparado por leyes en las que los políticos de turno no tienen ni idea de lo que legislan. Parece que simplemente se miran el ombligo y se les ocurre una idea genial como esta, con lo fácil que es informarse de cómo se gestiona este tipo de profesiones en el mundo. No, ellos son más listos que países que en este tema nos llevan décadas de adelanto. También es vergonzoso que profesionales se presten a impartir estos cursos, no se quién serán, probablemente otros “expertos”.

Un fraude porque se vende humo, nadie con un curso de 110 horas es experto en nada, mucho menos viendo los más que ambiciosos contenidos del curso. Cualquiera que sepa un mínimo sobre la materia, sabe que es imposible ni siquiera acercarse a que alguien asimile todo eso en tan pocas horas. El que haya diseñado el programa mejor que se dedique al parchis.

Un peligro porque se acredita a alguien a hacer actividades de gran responsabilidad y riesgo. La montaña invernal no es un patio de recreo. Para asumir la conducción de clientes en este medio se requiere mucha experiencia y formación, y aun así la naturaleza siempre nos tiene a su merced.

Supongo que los genios a los que se les ocurre esto no han oído hablar de AEGM, UIAGM, UIMLA o Técnicos deportivos en montañismo. Ellos mismos admiten literalmente “estas acreditaciones de Expertos crean mucha controversia” , pero parece que no se han puesto a pensar en las consecuencias y perjuicios que se crean para una profesión y para los futuros clientes.

Este es un resumen de la presentación de este supercurso que aparece varias WEBs:

“Desde Turismo Activa llevamos varios años realizando diferentes Experticias en Castilla y León en diferentes actividades, pero estas acreditaciones de Expertos crean mucha controversia, para intentar aclarar estas dudas, os damos la siguiente información.

Un experto es una persona con experiencia en la materia correspondiente que tiene una formación y/o experiencia acreditada por el Instituto de la Juventud de la JCyL.

Conforme al Decreto 96/2017 de 27 de septiembre Capitulo II articulo 8 y punto 2, de la JCyL que regula el funcionamiento de las empresas de Turismo Activo, autoriza a los monitores de Nivel con esta experticia a realizar actividades como guía en la materia que se desarrolle el curso”.

“Los contenidos del curso y su carga horaria (110 horas)se distribuyen de la siguiente manera:

  • Cabuyería
  • Polipastos y su utilización
  • maniobras de autorescate y rescate.
  • Meteorología (Básico)
  • Materiales técnicos y equipos
  • Equipos de frío, ropa y complementos
  • Técnicas de trabajo con raquetas de nieve; ascenso, travesía y descenso
  • Progresión con crampones
  • Manejo del piolet
  • Escalada en hielo (básico)
  • Manejo de cuerdas
  • Técnicas de alpinismo básicas
  • La cordada, medidas de seguridad (2 y tres personas)
  • Diseño y construcción de iglús, fosos de nieve
  • Aludes y supervivencia
  • Arva, pala y sonda
  • Construcción de anclajes en la nieve

“Por todo lo anterior, el alumno debe salir del curso capacitado para la conducción de un grupo en Actividades de Nieve, velando además por la seguridad del grupo, por la transmisión de conocimientos técnicos si detecta posibles puntos de mejora en los clientes.”

CURSO Certificado por Junta CyL ‘Guía Experto en Actividades Invernales’