Que la fuerza te acompañe…o no

Hoy día parece que para escalar solo hace falta mucha fuerza, tengo la impresión de que esta cualidad se ha magnificado hasta la saciedad, más con el tipo de escalada que en la actualidad tiene más protagonismo, los grandes desplomes. En otros tiempos (sí, cuando yo era joven) cuando el grado no era religión, si alguien destacaba escalando se decía que era un tío fino, o que escalaba fino (en aquella época una chica escaladora era una rara avis); hoy día es muy revelador que si alguien hace grado (que no significa que escale bien) se dice que está fuerte (como el vinagre) que es un titán o un bicho. Más allá del tema semántico, que son cosas de los tiempos y con caducidad, es evidente que el adjetivo diferenciador tiene un poso diferente. Hacer grado como se dice ahora, se relaciona directamente con la fuerza y no con ser un escalador hábil. De hecho, la habilidad para hacer una lectura correcta de la roca y resolver lo movimientos, que es la verdadera maestría en un escalador, queda muchas veces en segundo plano, ya que para conseguir ese grado con frecuencia se recurre a que te chiven los movimientos clave y repetirlos hasta la saciedad. Yo con frecuencia he utilizado con mis alumnos el símil de una partida de ajedrez (salvando las distancias) en la que ganas, pero que alguien por detrás te ha dictado los movimientos en los momentos difíciles de la partida, tu solo has movido las piezas ¿puedes estar orgulloso de tu victoria?

Veo con frecuencia como esta contaminación del concepto de escalar bien se traslada a escaladores noveles, que influidos por el ambiente que percibe y la tendencia de lo que ve (o le mal aconsejan), empiezan a hacer por ejemplo dominadas con lastre sin siquiera tener unas mínimas habilidades de control del centro de gravedad y manejo eficiente de los pies. Yo siempre he enseñado que la escalada requiere un buen equilibrio entre, técnica, mente y fuerza, y que si bien hay que trabajar desde el principio todas estas habilidades, lo ideal es priorizarlas en este orden de importancia cuando se empieza a escalar. Es evidente que para evolucionar en la escala de dificultad se necesita fuerza, no la estoy despreciando en absoluto, pero para los escaladores en niveles medios y bajos, no es lo prioritario, entrenando de forma inteligente y escalando de forma regular, conseguirán un nivel de fuerza aceptable para disfrutar de la escalada y seguir evolucionando, sin el peligro de lesionarse con ejercicios para los que el cuerpo aún no está preparado. La fuerza es además la cualidad más fácil y rápida de trabajar, los músculos se pueden adaptar rápido y conseguir ganancias significativas en pocos meses, pero todo el sistema tendinoso-articular puede tardar años para poder soportar las barbaridades a las que puede verse sometido con entrenamientos de élite.

Con respecto a la técnica, si quieres ser competente todos los terrenos, mi opinión es que hay solo una fórmula mágica, escala en todo tipo de rocas, inclinaciones y configuraciones. Si te especializas en un tipo de escalada en concreto, puede que llegues a ser muy bueno en ello, pero no pretendas rendir de igual forma fuera de tu terreno. Es la diferencia entre los especialistas y los “sabios”, y aunque quizá el sabio no llegue al nivel del especialista en ese terreno, lo que si tendrá es más opciones para disfrutar de variedad de vías.

En el aspecto mental la cosa se complica, ya que de partida influye la personalidad del individuo, y la cultura actual del triunfo no ayuda. Aparte de lo más obvio que es el miedo a la caída, hay otros aspectos mentales de actitud que con frecuencia necesitan ayuda para mejorar con ejercicios y adaptación. Lo bueno es que todo está relacionado y la mejora en uno de los otros dos aspectos ayudará a paliar deficiencias en el aspecto más débil. Lo malo es que el aspecto mental es el más difícil de trabajar y en el que menos se centra la gente. Para el que tenga problemas en este punto, lo mejor es acudir a cursos específicos; también la lectura de textos clásicos de escaladores especializados en el tema como Arno Ilner (Guerreros de la roca y Lecciones exprés para guerreros de la roca. Ed. Desnivel). En relación a esto, lo importante es que cada uno se pregunte con sinceridad qué es lo que busca en la escalada, y que elija por sí mismo lo que le apetezca escalar y cómo hacerlo, sin verse forzado por el entorno de amigos, compañeros, pareja etc.

Hoy en día además, con la diversificación y popularización de la escalada, los valores y conceptos también se han diversificado, y si bien sigue habiendo gente que entiende la escalada (ya sea deportiva, bloque, clásica o alpinismo) como un juego de superación lo más limpio posible en la naturaleza y la montaña, también hay gente que lo ve simplemente como otra opción más de actividad lúdica o ejercicio físico, ya sea en un entorno campestre pero controlado o directamente en rocódromo. En definitiva, hay tantas formas de ver la escalada como escaladores y todas respetables. Entiéndase que todo esto son solo opiniones y consejos personales, desde la perspectiva que dan casi cuarenta años dedicados a la enseñanza de la escalada y que me han dado el privilegio durante estas décadas de ver la evolución, tanto de la técnica como de la forma de ver la escalada.

Un comentario sobre “Que la fuerza te acompañe…o no”

  1. Cuánta sabiduría maestro, ya lo decía el gran Rébuffat en aquellos lejanos tiempos que lo más importante era el sentido del equilibrio.
    Hoy desgraciadamente para mucha gente, afortunadamente no todos, la montaña y la naturaleza en general se ha convertido en un parque de atracciones donde experimentar fuertes subidas de adrenalina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *