¿Lenguaje inclusivo y paritario o farragoso?

El gobierno propone adecuar la constitución con un lenguaje llamado inclusivo. La RAE debe hacer un informe al respecto. La RAE, que será tildada de inmovilista, seguramente dará una opinión negativa a muchos cambios por una sencilla razón, así no se habla; luego los políticos harán lo que quieran para acallar conciencias y ganar votos. Seguramente se puede adecuar el texto en ciertos aspectos para hacerlo más neutro , pero la RAE debe hacerse eco de la evolución real de la lengua, y de hecho lo hace, ya que cada vez que reedita el diccionario se incluyen un montón de palabras y acepciones, con las que se puede estar más o menos de acuerdo, pero si es una realidad en la calle… recordemos las críticas que recibe la RAE por la definición de algunas palabras, de las que se pide se retiren ciertas acepciones por ser ofensivas para algunas organizaciones o colectivos (por ejemplo alguno de los derivados de gitano), pero estamos en lo mismo, es el lenguaje que se usa y es del que se tiene que hacer eco la RAE, el que se sienta ofendido (y realmente hay gente con el pellejo muy fino) que se lo reclame a la sociedad, pero no al que hace de notario, el hecho de que se quite del diccionario no significa en absoluto que se deje de usar con ese sentido.

Tengamos en cuenta además, que el español es una lengua que se habla en medio mundo, con sus lógicas diferencias locales que tienen que tenerse en cuenta, de hecho hay más hispanohablantes fuera de España que dentro. La lengua es el vehículo de comunicación esencial, y está influenciada de forma natural por modas y otras lenguas, con lo que evoluciona sin remedio, pero ante todo tiene que ser fácilmente comprensible y sencilla. Me gustan los idiomas y el español es una lengua maravillosa, que como todas las lenguas tiene que tener unas reglas gramaticales claras, que si bien no tienen que ser intocables, si se tocan que sea para mejorar la comprensión, la fluidez o la simplicidad, pero no para complicarla. Esto es sobre todo importante en lenguas como la nuestra, debido precisamente a su gran internacionalización. De todas formas vuelvo al inicio, por mucho que lo políticos quieran ofrecer su farragoso lenguaje políticamente correcto, así no habla la gente. Hablar es comunicación, y ésta no puede estar condicionada continuamente, pensando si voy a ofender a alguien por el hecho de no cambiar una letra o duplicar género; es simplemente delirante.

Nuestro idioma (y otros muchos) usa el masculino como neutro inclusivo para toda la especie humana con objeto de simplificar el lenguaje, pero defender esto ya es tachado de machista, misógino o cualquier otra cosa. Otras lenguas como el inglés son mucho más neutras en muchos aspectos, pero no por ello en su sociedad existen menos comportamientos machistas. Como suele ser habitual, la ofensa no está en el emisor, sino en el receptor, las palabras son solo eso, formas de identificar cosas, en mi opinión, creer que por añadir o sustituir palabras va a cambiar el mundo, es un pensamiento tan superficial como inútil. Lo que de verdad cambia el mundo es la educación, tanto en casa como en el colegio, no si hablamos de una forma o de otra. Se puede ser un machista recalcitrante por mucho “todos y todas” que se use en el lenguaje, igualmente se puede ser racista y xenófobo aunque en vez de llamar a alguien “negro” se diga “persona de color o afroamericano”. En definitiva, son los hechos y la actitud lo que cuenta para aminorar los problemas sociales, no las palabras. Hoy estamos acostumbrados al esperpento en el lenguaje de nuestra clase política, sacrificando la gramática, la sintaxis y la eufonía en aras de una pretendida corrección política.

La efectividad en la comunicación no necesita estos artificios absurdos,  si decimos por ejemplo “se congregó una multitud en la que todos estaban gritando”¿es que alguien entiende que solo gritaban hombres? ¿es que alguien entiende que no había mujeres por el hecho de no decir “todos y todas”?  Se puede esgrimir, que porqué el masculino como inclusivo y no el femenino u otra forma, a mí me daría igual, pero cambiar el idioma no es cuestión de lo que ponga en documentos oficiales, sino en convencer a unos 300 y pico millones de hispanohablantes. Además si queremos ser tan rigurosos con el género, podemos llegar al esperpento ¿Por qué identificar el género con letras? Decimos tranquilamente, atleta, fisioterapeuta, dentista, artista etc. sin que la “a” identifique a ningún género, sin embargo en abogado, médico, ministro etc., siendo igualmente oficios o actividades que en principio deberían ser neutros independientemente del sexo de quien lo ejerce, se identifica la “o” como masculino. Hay casos más curiosos como, juez ¿para qué jueza, es que la “z” es masculino?  Con la lógica inclusiva y paritaria llevada a rajatabla, habría que hablar de atletos, fisioterapeutos, dentistos, artistos, en fin un despropósito absurdo, con lo fácil que es simplemente poner delante un artículo, el juez, la juez, el ministro, la ministro, el dentista, la dentista etc. Hay casos más absurdos aún, como el uso del participio activo, que en nuestra lengua acaba en “nte”, habría que incluso cambiar el nombre de algún cuento, ya que “La bella durmiente” sería políticamente incorrecto, mucho mejor “La bella durmienta” no vaya a ser que alguien entre “los y las” “estudiantes y estudiantas” se sienta discriminado por el uso de la “e” ¿Y qué pasa con el que no se identifique ni como hombre ni como mujer? Vaya lío.

Para llegar a una sociedad verdaderamente inclusiva e igualitaria para todas las personas (o personos, o persones), lo que hace falta es más seriedad en una política educativa de calidad, que desde la más tierna infancia tenga esto bien presente, y que la educación no sea un tema partidista e ideológico sino lo que demanda la realidad de la sociedad actual. Los resultados no son desde luego a corto ni a medio plazo, ya que los niños de hoy serán la sociedad del mañana, pero no se van a acelerar porque nos volvamos locos hablando.

Un comentario sobre “¿Lenguaje inclusivo y paritario o farragoso?”

  1. el “problema” viene, a mi modo de ver, de llamar a los géneros gramaticales “masculino” y “femenino”. Los géneros gramaticales no son sexos, llamémosles género 1 y 2, o A y B, y se acabó el problema. En fulfulde, lengua que tengo el placer de hablar fluida e incorrectamente, hay 26 géneros gramaticales.
    Una observación curiosa: en castellano, el sexo femenino se caracteriza por tener órganos sexuales del género masculino, y el sexo masculino por tener órganos sexuales del género femenino. Yo no seguiré a la RAE si me hacen decir “las pechas” y quedaré desconcertado cuando deba decir “el pollo” en lugar de la polla, o “la coña” en vez del coño, aún concediendo que últimamente hay pollas que montan pollos curiosos y coños que son la coña.

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