CULTURA DE CALIDAD, la mejor medicina para no repetir la historia.

Estos días los medios se hacen eco de noticias que me causan estupor, no sé si la humanidad se está volviendo idiota o es que ya lo era y ahora se despierta con los acontecimientos actuales que polarizan la sociedad. Se producen derribos de estatuas y se propone el derribo o desaparición de otras que implican a personajes de muchos siglos atrás como la de Cristóbal Colón. En definitiva hay gente que se cree con derecho a juzgar con los principios, leyes y conceptos morales actuales, acciones de siglos atrás, un despropósito cultural de una magnitud incalculable. Si algo nos enseña la historia, es que tristemente todos los grandes imperios se han forjado con guerras, destrucción, explotación y esclavitud, desde Egipto o Roma, hasta los imperios coloniales Europeos. La historia es la que es y no podemos cambiarla, y destruir estatuas no borra la historia, y estos símbolos, aunque en su momento se erigieran como homenaje, hoy no pasan de ser meros recuerdos e incluso esculturas con valor artístico de nuestra triste historia, que hay que conocer precisamente para que la humanidad aprenda y haya cada vez haya menos posibilidad de que se repita.

Si decidimos juzgar a todos los personajes históricos de esta manera, habría que cargarse por ejemplo todas las estatuas de Julio César e incluso las megaestatuas de Ramsés II en Abu Simbel (algo parecido ya hicieron los talibanes, que se supone son los malos). La forma de pensar, la moral, la religión y las costumbres han cambiado tanto a lo largo de la historia, que solo pensar que hoy tenemos derecho a juzgar hechos transcurridos cientos o miles de años atrás, es de una prepotencia e ignorancia supremas.

Una cultura de calidad, eso es lo que hace falta en nuestra sociedad para que infunda a las generaciones presentes y venideras respeto y principios morales de igualdad entre todos los seres del planeta, sean del color, religión o país que sean. Una cultura que desde la tierna infancia enseñe también que dependemos de un planeta de recursos finitos que es nuestra única casa y de la que dependemos para nuestra supervivencia. La cultura es la mejor medicina contra la intolerancia y los fanatismos, no actos estériles como derribar objetos históricos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *