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El grado en escalada; eterno tema de conversación y debate.

Cuando Willo Welzenbach propuso el primer sistema de graduación para la dificultad en 1920, poco se podría imaginar la que había liado para el futuro. Hoy en día no solo contamos con un buen catálogo de sistemas de graduación según el país, sino que dentro del mismo país y usando en teoría la misma escala, las diferencias de dificultad entre vías del supuesto mismo grado, pueden ser más que notorias de una zona a otra.

El único objetivo de la graduación, es informar a los pretendientes de la dificultad a la que se van a enfrentar de la forma más objetiva posible, pero quien otorga ese grado de inicio puede distorsionar con facilidad la realidad por muchos motivos. Uno de ellos es la falta de referencias; escaladores con poco o mucho nivel que no salen de su zona y no pueden comparar objetivamente. Otra causa, y la más infantil, es querer hacer que tu zona se distinga por tener un “grado duro” (o más blando). De hecho, hay zonas donde puedes escuchar la frase: “hay que  acostumbrarse al grado local”, lo que denota una total falta de madurez, ya que lo único que se consigue con esa singularidad es confundir y desinformar, en definitiva, lo contrario de lo que deberían conseguir las escalas de graduación (y las guías y croquis). De hecho, ha habido zonas en las que tradicionalmente había casi que llevarse una calculadora para “traducir” el grado local a la realidad, un sinsentido que en el caso de Montanejos o Cahorros como sitios más conocidos de grados infravalorados, se ha corregido en gran parte con la aparición de nuevas guías.

En vías clásicas, que fueron abiertas y graduadas según criterios antiguos de escala cerrada, podemos igualmente encontrar distorsiones notables, con quintos más que subidos de tono, que si bien con el criterio de antaño era coherente, habida cuenta que el VI grado era el límite, hoy no tiene sentido y puede provocar más de una decepción o frustración. Lo lógico es que cuando se publican nuevas guías, estos grados se actualizasen en consecuencia, si es que el autor realmente tiene interés en dar una información fidedigna.

Pocos se atreven a corregir los grados irreales pese a la evidente incoherencia, supongo que temiendo que les tachen, ya sea de blanditos o de chulito decotador, sobre todo si no eres “local” como se dice ahora. Un concepto este último que con frecuencia tiene poco sentido, ya que si bien los que abren con asiduidad en un lugar concreto, se han ganado el respeto del colectivo escalador para que sientan la zona como algo propio, y a los que hay que agradecer el esfuerzo y la inversión, los que simplemente viven más cerca no tienen más derecho a opinar que cualquiera, sea de donde sea. De hecho, los que llevamos muchos años trotando, hemos hecho con frecuencia más vías en algunas zonas que muchos “locales”.

Muchos de los que lean esto, tendrán experiencias personales con esta distorsión o desinformación de zonas de escalada conocidas con grados irreales (Hoces de Vegacervera por poner solo un ejemplo), que igualmente (salvo raras excepciones) continúan en el tiempo pese a que salen nuevas guías.

La frecuentación de las vías más populares, también crea un problema cada vez más notorio, ya que la roca sobada y patinosa, hace que la dificultad original aumente, a veces de forma relevante. Un ejemplo que muchos conoceréis es la vía Valencianos al Peñón de Ifach, en la que el largo clave sigue y seguirá siendo en las guías V+,  pese a que fácilmente puede ser ahora 6b, ya que es como subir por cristal.

Cuando la desinformación es para “el lado bueno”, es decir se gradúa por encima de la realidad (Vallada por poner otro ejemplo) todo el mundo parece estar feliz, ya que esto a muchos les engorda el ego, pese a ser un autoengaño igualmente negativo.

Por mi parte, como profesional, tengo que informar con frecuencia a clientes y alumnos sobre tal o cual zona y recomendar vías, ya sea para que las hagan conmigo o por su cuenta, y tengo en mis guías una buena colección de apuntes y correcciones para adaptarlas a la realidad, y que no se lleven sorpresas.

En cualquier caso, no tiene solución, y hay que convivir con ello, ya que la objetividad no es una virtud que se prodigue entre los humanos y menos entre escaladores. Pero es un buen tema de debate y conversación que nunca acaba, y da para entretenerse en el bar y escribir artículos como este.

Mochila, compañera inseparable

Desde que los de mi generación empezamos, la forma de hacer montañismo ha cambiado, la facilidad de accesos, transporte y alojamiento, ha disminuido notablemente las excursiones en las que pasar la noche en la montaña era antes habitual. Irse al monte con un mochilón cargado con todo para dos días (o más) era cotidiano, y para ello todo montañero tenía una mochila de gran capacidad. El material y los accesorios también eran mucho más pesados y voluminosos (colchoneta, linterna, cocina, material de escalada…). Las mochilas en si mismas solían tener un peso que hoy en día nos parecería exagerado. “Hacer la mochila”, es decir rellenarla con sentido para equilibrar pesos y no hacerla incómoda, a la par que tener el contenido ordenado de forma coherente al orden de uso, era una habilidad que todo montañero aprendía como parte de los conocimientos básicos necesarios. Salvo excepciones, las mochilas eran poco más que un saco de lona o nailon con unos tirantes, en los que la colocación del contenido influía y mucho en la comodidad, sobre todo para que no se te “clavase” algo en la espalda. Siempre ha habido marcas de mochilas (sobre todo extranjeras) que se han preocupado por este importante asunto de cargar con comodidad, pero el poder adquisitivo de muchos usuarios en nuestro país no las ponía al alcance de todos los bolsillos. Afortunadamente hace mucho que los tiempos han cambiado, y los diseños son cada vez mejores y al alcance de la mayoría, y si bien las mochilas pequeñas y ligeras “de día” son las más utilizadas por las razones expuestas, cuando hay que cargar de verdad, es cuando se ve la diferencia si una mochila está bien diseñada o no. Otro factor importante es el tipo de actividad más o menos técnica, en la que los accesorios son la clave. En cuanto a la capacidad, obviamente si vamos hacer al menos un vivac, 50 litros será la mínima capacidad siempre que la mochila lleve accesorios exteriores para el equipo que podemos enganchar fuera, como piolets, crampones, cuerda o casco.

Las buenas mochilas siempre han tenido un precio elevado, pero como siempre digo, precio elevado no es sinónimo de caro. Como en tantas cosas, tanto pagas tanto tienes, y una mochila cómoda, práctica y duradera, no es un accesorio cualquiera, puede ser la diferencia entre sufrir y disfrutar. Elegir una buena mochila dependerá de la actividad, para poder llevar todo lo necesario según la duración y la época del año. Para los menos curtidos hay un buen artículo sobre este tema en la página de Barrabes.

Hoy en día hay calidad y variedad para elegir, pero una marca que me ha sorprendido es la americana GREGORY https://eu.gregorypacks.com/es-es/who-we-are/. Una marca poco conocida aquí, pero con una trayectoria de excelencia desde 1977. Su lema es toda una declaración de intenciones, “Las mochilas geniales deberían vestirse no cargarse”, eso implica tener a disposición del usuario una serie de tallas, accesorios personalizables y adaptables por género para que la mochila te “abrace” y distribuya el peso de forma coherente. Tan seguros de sus productos están, que ofrecen una garantía de por vida para los defectos de fabricación, algo que ya dice bastante de la seriedad de la marca.

Este verano he usado una de sus mochilas más técnicas, la ALPINISTO 50, y no puedo más que ratificar todos sus argumentos de comodidad y buen diseño. En el caso de esta mochila, tiene todos los accesorios que un alpinista necesita para una actividad larga, no le falta detalle: tapa superior impermeable y extensible con doble bolsillo; enganches para piolets y esquís sencillos y fiables; bolsillo reforzado para crampones; cinturón con bolsillo accesorio, portamaterial y enganches para mosquetones portatornillos; cremallera de acceso al interior en toda la longitud; preparado para bolsa de hidratación; espalda con excelente acolchado, armadura ligera y colchoneta de emergencia; cinta auxiliar para sujetar la cuerda en la parte superior. Y por si fuera poco, se pueden desmontar el cinturón, la tapa, la armadura y su colchoneta, con lo que nos queda una versión simplificada de la mochila de solo 1 kg para actividades donde la ligereza se impone.

Alpinisto 50

Esta mochila es una muestra de lo más técnico en el campo del alpinismo, pero solo hay que echar un vistazo a su WEB para ver que tienen mochilas para cualquier actividad, desde la bici de montaña o el esquí, hasta el viaje de turismo. En definitiva una marca a tener muy en cuenta y que seguro que en poco tiempo se hará aquí con un merecido hueco de prestigio.

espacio acción cumple 25 años

Siempre se dice que cuanto mayor eres más rápido pasa el tiempo, y aunque el reloj corra a la misma velocidad, la sensación desde luego es esa, probablemente la explicación es que vas viendo que queda menos por delante de lo que dejas detrás, y eres más consciente de que queda menos tiempo para lograr las ilusiones que quedan pendientes.

Hace ya 25 años que unos amigos con similares inquietudes nos juntamos para conseguir nuestro mejor sueño, trabajar en lo que nos apasionaba, y transmitir esa pasión a los demás y además poder vivir de ello, cosa que en aquellos años era bastante utópico. Ha pasado rápido, o al menos esa es la sensación, aunque el camino no ha sido fácil.

Ahora que hay docenas de empresas que ofrecen formación y rocódromo, parece que esto es un negocio obvio y fácil. Nada más lejos de la realidad, cuando nació espacio acción estaba casi todo por inventar y ser los primeros nos obligó a creer en nuestro proyecto firmemente y echarle mucho valor tanto en lo personal como en lo económico. La apuesta era fuerte y los primeros años fueron duros, pero aquí seguimos. No todo sale como imaginas, pero si crees en algo, aprender de los errores curte lo suficiente como para aguantar cuando las cosas van mal dadas, cosa que en este país es recurrente, eso sin contar que la administración pone más zancadillas que ayuda.

También algunos compañeros se han quedado por el camino, somos conscientes de que en este oficio se corren riesgos, y cuando la montaña da zarpazos no entiende de expertos o profesionales; Jorge Pereira y José Luis García, mi querido compañero de cordada, se quedaron para siempre en los muros de Gavarnie; nuestro más sincero homenaje a dos buenos profesionales y amigos.

Los tiempos han cambiado, ahora la escalada está de moda y todo o casi todo está inventado, hay docenas de rocódromos ofreciendo los mismos productos que fuimos los primeros en diseñar, y afortunadamente, aunque siempre hay excepciones, parece que cada vez más, las empresas y las administraciones se toman más en serio la calidad y seriedad de la formación avalada por títulos adecuados. Yo siempre he pensado y defendido que la competencia es buena, siempre y cuando trabaje bien y con seriedad, ya que eso obliga a seguir esforzándose para mejorar y no denigra la imagen del colectivo. El futuro parece prometedor para la escalada en general, y para los negocios relacionados con ella que sepan estar atentos a las necesidades de sus clientes. Espero que espacio acción siga esa estela y podamos seguir ofreciendo a nuestra clientela la calidad que se merece para celebrar otros 25 años en la brecha.

Gracias a los que habéis confiado en nosotros y nos habéis acompañado en el camino.

Masificación e inexperiencia, mal cóctel

Últimamente, las fotos y vídeos en las redes hacen percibir el tema de la masificación en la montaña para el gran público, algo que no es nuevo y que sufren algunas montañas desde hace bastante tiempo, aunque la cultura del ocio y la moda de la aventura fácil lo agravan más cada día. Aneto, Monte Perdido, Mont-Blanc, Cervino y Everest son ejemplos de masificación, lo que viene siendo morir de éxito, como también le pasa a ciudades emblemáticas como Roma o Venecia con el turismo. Por poner un ejemplo, las reservas “on line” del refugio Goûter (normal del Mont-Blanc) se acabaron en unas pocas horas el mismo día que se abrieron, para todo Junio, Julio y Agosto.

Para la mayoría de la gente que empieza a interesarse por el montañismo, la montaña más alta o famosa de aquí o de allí, es el primer objeto de deseo, aunque no sea ni la más bonita ni la más recomendable para su experiencia. El fenómeno más curioso es sin duda el del Everest, al que quiere subir mucha gente que ni siquiera son montañeros o si lo son tienen una mínima experiencia (no es raro que en el campo base les enseñen a ponerse los crampones), simplemente por el hecho supongo de engordar su ego a base de dólares. El que además todas estas montañas citadas sean técnicamente fáciles es un agravante, ya que el inexperto solo se queda con el concepto de “fácil”, sin entrar a valorar el verdadero problema de las ascensiones en alta montaña, donde fácil no quiere decir en absoluto carente de peligro. El Mont-Blanc de nuevo nos sirve de ejemplo, cada año mueren unos cuantos en las laderas de sus rutas “fáciles”. Desprendimientos, tormentas, viento, falta de visibilidad, aclimatación, material inadecuado o escaso… toda una panoplia de peligros que pueden hacer pagar muy cara la aventura si no se está preparado para responder. La moda de la ligereza es otro agravante, a lo que las autoridades han respondido en el caso del Mont-Blanc con una exigencia de material mínimo.

De hecho, en mi opinión, aunque la masificación es desde luego un problema en ciertas montañas, el verdadero problema es la inexperiencia y falta de formación. Cualquier montañero con criterio y experiencia en alta montaña debe tomar sus decisiones independientemente de la gente que haya por allí, si no lo ves claro, te das la vuelta y punto; el borregismo y la sensación de que porque haya mucha gente estoy más seguro, es la causa de muchas tragedias. Esto llevado a la zona de la muerte a 8000 metros, es un cóctel del que esta primavera ya hemos visto las consecuencias hasta en los telediarios.

Evidentemente no todo son Mont-Blanc y Everest, las montañas más bajas no son tan críticas en cuanto a condiciones, pero aun así, cualquier montaña de aspecto inocente nos puede dar una lección de humildad en invierno. Cualquiera que como yo haya crecido en Guadarrama, sierra no muy alta y “fácil”, alguna vez hemos sufrido un infierno del que hemos salido escaldados. Y lamentablemente, es raro el invierno que alguien no paga la inexperiencia con su vida en esta sierra “inocente”.

El problema de fondo es el mismo de nuestra sociedad, hay prisa para todo, hoy empiezo a hacer montañismo, mañana me subo al Aneto, pasado a Monte Perdido y este verano al Mont-Blanc… Adquirir experiencia y formarse para moverse con seguridad en alta montaña es una carrera de años, de ir poco a poco, y eso no cuadra con el montañismo y la aventura de consumo tan de moda, y por supuesto, que poner en Facebook que has subido al pico Pepe en vez de al Mont-blanc da menos “likes”. Con relación a esto, no hace mucho un cliente me preguntaba que si hacía falta saber escalar para ir al Mont-blanc, ya que todo el mundo decía que era fácil, yo le dije que no para su regocijo… entonces puedo subir, me dijo. Sí, le respondí, solamente necesitas tener soltura con la técnica básica de piolet y crampones, saber cómo asegurar con una cuerda en nieve, respetar un proceso de aclimatación, saber navegar sin visibilidad con mapa, brújula, altímetro y GPS, saber cómo hacer un abrigo de emergencia en nieve, conocer los sistemas de encordamiento en glaciar y las técnicas de rescate en grietas para salir tu o sacar al compañero si cae y unos conocimientos básicos de primeros auxilios para prevenir o responder ante mal de altura o congelaciones, nada más. Ahora ya no parecía estar tan convencido…

Afortunadamente, la tan cacareada masificación afecta solo a sitios puntuales: hay masificación si vas a subir el Almanzor, el Urriello o el Aneto, por hablar de casa, pero hay muchos valles y picos, en los que difícilmente te cruzarás con alguien. El que quiera montañismo en soledad, o al menos sin masificación, lo puede encontrar sin problemas en cualquier cordillera, basta con no ir a los sitios famosos o de moda, que además no tienen por qué desmerecer en belleza en absoluto.

Pasar de todo o advertir del peligro

Los que llevamos unos años haciendo montañismo hemos presenciado errores de todo tipo, llega un momento en el que crees que ya lo has visto todo y va alguien y aún te sorprende. Cuando además eres veterano y profesional y has tocado todos los palos, alpinismo, escalada, esquí de montaña, la colección de anécdotas es bastante larga.

Cuando presencias a alguien cometiendo un error grave de seguridad hay dos formas de actuar, pasar de todo ya que no es tu problema, actitud que mucha gente adopta, o advertir de ello a los implicados por si puedes evitar un accidente. Yo personalmente soy de los que no se calla por varios motivos, el primero es que si puedo evitar un accidente, el tema sí que va conmigo, el segundo porque no me quiero ver implicado en un accidente si puedo evitarlo, ya que en definitiva, si estás allí va a terminar afectándote de todos modos, y el tercero es que al ser guía, tengo obligación no solo moral, sino legal, ya que las sentencias que se van conociendo dejan claro que el profesional o el más “experto” tiene la obligación de evitarlo si está en su mano, sean o no sus clientes y esté o no trabajando. A veces recibes respuestas frías o directamente beligerantes diciéndote que te metas en tus asuntos, pero otras son agradecidas ya que no eran conscientes del peligro, me da igual. Si no te hacen caso tampoco puedes obligarles a nada, cada uno es mayorcito y debe ser responsable, pero al menos si pasa algo no remuerde la conciencia, pensando en que pudieras haberlo evitado de decir o hacer algo.

Me vienen a la memoria bastantes situaciones: gente descolgándose de una cinta, escaladores dispuestos a escalar corredores con peligro de avalanchas, cordadas que quieren escalar una cascadas peligrosa por la temperatura y condiciones, montañeros sin crampones en condiciones peligrosas y por supuesto situaciones de todo tipo en las zonas de escalada deportiva, en las que el ambiente de relajación y la poca formación con la que muchos empiezan provocan incidentes y accidentes con demasiada frecuencia, pese a que se supone que es la modalidad más segura de escalada.

Ayer sin ir más lejos, vi en el telediario un episodio del rescate en Gredos de una familia con niños incluidos, a los que tuvo que sacar de allí el helicóptero de la guardia civil porque tenían ceguera de las nieves por no usar gafas de sol en un día con sol y nieve, algo elemental y sin embargo recurrente. Yo suelo trabajar en Gredos en invierno y ya unas cuantas veces he tenido que advertir a gente que llevaba niños sin gafas de sol, los adultos que van con ellos suelen llevarlas, pero por ignorancia supongo que no saben el peligro que supone. Normalmente hacen algún comentario, pero siguen o directamente te dicen que a ti que te importa. Evidentemente no son montañeros ya que por lo accesible de la zona muchos turistas suben a dar un paseo o echar un vistazo. Otro ejemplo de los casos presenciados y recurrente en zonas de alta montaña accesible: una familia entera en el refugio de la Laguna con zapatillas de deporte por toda indumentaria para los pies, que pretendían subir al Almanzor un día en el que estaba la nieve dura como la piedra. Estos sí que hicieron caso ante la contundente frase que les dije al final “si seguís os vais a matar”.

En definitiva, advertir del peligro con buenas palabras y educación puede evitar problemas, evitar accidentes y rescates, y de paso educar un poco a los escasos de formación o sentido común.

Mucha gente y poco hielo, consejos

Por fin tenemos hielos. Ahora toca prudencia y no ponerse nerviosos. Con las temporadas tan cortas y los pocos sitios que tenemos, la masificación está servida. La escalada en hielo hoy en día es así. Con un poco de paciencia, educación y generosidad por parte de todos, con frecuencia podemos escalar todos con los mínimos inconvenientes.

Escalar detrás de una cordada en una cascada estrecha y sin grandes repisas, es evidentemente una estupidez que se puede pagar cara. Pero hay cascadas anchas o con grandes repisas o campos de nieve intermedios donde se pueden acoplar dos cordadas cercanas con un poco de buena voluntad, ya sea separándose de la vertical de la otra cordada si hay sitio o gestionando una distancia prudencial en las grandes repisas.

Si se desciende por la misma cascada, más de lo mismo, educación y generosidad, los que suben tienen prioridad, así que molestar lo mínimo posible, esperando donde haga falta o evitando su línea. En el caso de cascadas complejas con carámbanos colgando, bajar cuando sube otra cordada es muy peligroso, ya que al rapelar podemos romper carámbanos de cualquier tamaño y provocar un grave accidente. En estos casos habría que esperar a que no estén en la vertical o mejor bajar por otro lado si es posible.

Otro tema, es que con la masificación se suelen encontrar las cascadas muy picadas, esto las hace más fáciles, aunque menos interesantes, pero añade un problema, y es que en muchos sitios donde el hielo no es muy homogéneo o generoso, encontramos los agujeros de los tornillos de las cordadas precedentes. Si hay un sitio adecuado mete tu tornillo en un sitio diferente, pero si no hay otra opción ¿qué hago?¿lo meto en el mismo agujero?¿es seguro?

Los test realizados (“Ice Climbing Anchor Strength: An In-Deph Analisis”, octubre 2008*) vienen a demostrar que si el diámetro del agujero antiguo, es decir del tornillo que lo hizo, es el mismo que el que vamos introducir, es suficientemente seguro, siempre que se trate de hielo bueno. Si los agujeros son de hace días, en caso de temperaturas favorables a un proceso de recongelación, se habrá reducido algo el diámetro, mejorando la situación. Sin embargo no todos los tornillos tienen el mismo diámetro. La aparición en los últimos años de tornillos de aluminio, que necesitan un mayor diámetro de tubo para ofrecer una adecuada resistencia, complican el problema, ya que si el tornillo nuevo queda bailando en el interior (tornillo de acero en un antiguo agujero hecho por uno de aluminio), no es seguro, como consuelo, podemos esperar cierta resistencia aleatoria si tiene una inclinación positiva y hace palanca. La solución pasaría por utilizar el tornillo de diámetro más ancho que tengamos (aluminio), y en cualquiera de los casos, procura utilizar el tornillo más largo que tengas.

Para hacerse una idea estos son los anchos no oficiales de los tornillos actuales más empleados, medidos en la punta:

Petzl acero 16,5 mm

Grivel acero 17 mm

Black Diamond acero 17,2 mm

Petzl aluminio 17,9 m

Blackk Diamond aluminio 19,2 mm

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https://beverlymountainguides.com/wp-content/uploads/2016/02/Ice-Climbing-Anchor-Strength_-An-In-Depth-Analysis.pdf

Nuevo libro “ALPINISMO INVERNAL”

Dentro de nada saldrá mi nuevo libro ALPINISMO INVERNAL, un nuevo manual de escalada en nieve, hielo y mixto que viene a renovar, actualizar y mejorar el primero y ya veterano libro que se publicó hace ya 25 años.

En estos años la escalada en hielo se ha revolucionado gracias los nuevos materiales y a una visión más deportiva, que ha impulsado técnica y acercado esta modalidad a una gran cantidad de personas. Pero el alpinismo invernal afortunadamente siempre tendrá una gran dosis de aventura e incertidumbre, y la técnica y material siempre serán una pequeña parte de lo necesario para afrontar las grandes escaladas.

El alpinismo invernal, como la mayor expresión del montañismo que es,  necesita de la más elevada forma de conocimiento personal y del medio, algo que en la acelerada sociedad en la que nos movemos es una rareza, ya que implica tiempo, paciencia y humildad. En este libro he querido por tanto no solo tratar de lo más obvio que es la técnica, sino de todos los elementos que puedan ayudar a tener un mejor criterio para juzgar las condiciones y gestionar el riesgo para en definitiva reducir el peligro subjetivo al mínimo.

Como siempre mi tributo y reconocimiento a los escaladores que nos precedieron y dejaron su legado de experiencia y sabiduría, a veces a costa de duras experiencias. Gracias a ellos ahora tenemos todo este legado de conocimiento que podemos recopilar para las nuevas generaciones. Siempre estaremos en deuda con nombres como: Oscar Eckenstein, Célestin Passet, Willo Welzenbach, Armand Charlet, Jimmy Marshall, Hamish MacInnes, Yvon Chouinard, Walter Cecchinel, Jeff Lowe, Gian Carlo Grassi, Dominique Julien, Fraçois Damilano y tantos otros que contribuyeron a desarrollar la técnica y romper barreras de lo posible.

Espero que con este libro siga ayudando a que la práctica de la escalada invernal sea más eficiente y segura y sobre todo a disfrutar de pleno la alta montaña.

“Cursos de acreditación de experto”, vergüenza, fraude y peligro.

Desde comunidades autónomas como la de Castilla y León se ofrecen este tipo de cursos que son, dicho en términos suaves, una vergüenza, un fraude y un peligro.

Una vergüenza porque está amparado por leyes en las que los políticos de turno no tienen ni idea de lo que legislan. Parece que simplemente se miran el ombligo y se les ocurre una idea genial como esta, con lo fácil que es informarse de cómo se gestiona este tipo de profesiones en el mundo. No, ellos son más listos que países que en este tema nos llevan décadas de adelanto. También es vergonzoso que profesionales se presten a impartir estos cursos, no se quién serán, probablemente otros “expertos”.

Un fraude porque se vende humo, nadie con un curso de 110 horas es experto en nada, mucho menos viendo los más que ambiciosos contenidos del curso. Cualquiera que sepa un mínimo sobre la materia, sabe que es imposible ni siquiera acercarse a que alguien asimile todo eso en tan pocas horas. El que haya diseñado el programa mejor que se dedique al parchis.

Un peligro porque se acredita a alguien a hacer actividades de gran responsabilidad y riesgo. La montaña invernal no es un patio de recreo. Para asumir la conducción de clientes en este medio se requiere mucha experiencia y formación, y aun así la naturaleza siempre nos tiene a su merced.

Supongo que los genios a los que se les ocurre esto no han oído hablar de AEGM, UIAGM, UIMLA o Técnicos deportivos en montañismo. Ellos mismos admiten literalmente “estas acreditaciones de Expertos crean mucha controversia” , pero parece que no se han puesto a pensar en las consecuencias y perjuicios que se crean para una profesión y para los futuros clientes.

Este es un resumen de la presentación de este supercurso que aparece varias WEBs:

“Desde Turismo Activa llevamos varios años realizando diferentes Experticias en Castilla y León en diferentes actividades, pero estas acreditaciones de Expertos crean mucha controversia, para intentar aclarar estas dudas, os damos la siguiente información.

Un experto es una persona con experiencia en la materia correspondiente que tiene una formación y/o experiencia acreditada por el Instituto de la Juventud de la JCyL.

Conforme al Decreto 96/2017 de 27 de septiembre Capitulo II articulo 8 y punto 2, de la JCyL que regula el funcionamiento de las empresas de Turismo Activo, autoriza a los monitores de Nivel con esta experticia a realizar actividades como guía en la materia que se desarrolle el curso”.

“Los contenidos del curso y su carga horaria (110 horas)se distribuyen de la siguiente manera:

  • Cabuyería
  • Polipastos y su utilización
  • maniobras de autorescate y rescate.
  • Meteorología (Básico)
  • Materiales técnicos y equipos
  • Equipos de frío, ropa y complementos
  • Técnicas de trabajo con raquetas de nieve; ascenso, travesía y descenso
  • Progresión con crampones
  • Manejo del piolet
  • Escalada en hielo (básico)
  • Manejo de cuerdas
  • Técnicas de alpinismo básicas
  • La cordada, medidas de seguridad (2 y tres personas)
  • Diseño y construcción de iglús, fosos de nieve
  • Aludes y supervivencia
  • Arva, pala y sonda
  • Construcción de anclajes en la nieve

“Por todo lo anterior, el alumno debe salir del curso capacitado para la conducción de un grupo en Actividades de Nieve, velando además por la seguridad del grupo, por la transmisión de conocimientos técnicos si detecta posibles puntos de mejora en los clientes.”

CURSO Certificado por Junta CyL ‘Guía Experto en Actividades Invernales’

 

Reuniones en escalada, mitos y realidad

El entorno de la escalada siempre ha tenido unos medios limitados para la investigación, el análisis y los ensayos. Que si bien se han realizado y se realizan de forma esporádica, ya sea por particulares con más o menos rigor o instituciones o fabricantes, no han conseguido por lo general llegar al gran público y tampoco paradójicamente a muchos entornos de enseñanza, que son los que más atentos debieran estar. Hoy en día con la jungla de internet, la información no solo está disponible, es que hay tanta y de tan diversa calidad, que los árboles no nos dejan ver el bosque a no ser que sepas discriminar la calidad de la fuente.

Debido a esta dificultad de encontrar datos contrastados, siempre ha habido muchas creencias basadas en impresiones, la lógica o lo aparente, en vez de en datos de ensayos reales. El caso más común es el de las creencias generales sobre las características de algunos nudos, que no tienen mucho que ver con la realidad cuando se ensayan (el ballestrinque por ejemplo).

Las reuniones de escalada, por su evidente importancia, siempre han sido tema de debate y se han inventado y preconizado numerosos métodos para conseguir la reunión ideal, sobre todo aquellos que pretenden repartir de forma equitativa la potencial carga entre varios anclajes primarios, lo que con frecuencia se llama “triangular” o erróneamente “ecualizar” (traducción a capón del inglés “to equalize”=igualar). También se ha insistido en general en la necesidad de asegurar siempre al primero con el freno colocado en el arnés del asegurador.

Ya sabemos que hay en esencia tres formas básicas de montar un anclaje de reunión utilizando dos o más puntos de seguro, que adquieren diferentes denominaciones según el autor que las describa. La denominación que yo empleo es:

Reparto fijo (RF): cuando el anillo que conecta los anclajes primarios se pretensa para que tire en la dirección deseada y se anuda para bloquearlo (triangulo fijo, unidireccional, bloqueado).

Ejemplos de reparto fijo

Reparto móvil o semimóvil (RM): cuando el anillo que conecta los anclajes primarios no queda bloqueado y puede desplazarse en función de un cambio en la dirección de la tracción (triángulo de fuerzas, reunión semidireccional).

Ejemplos de reparto semimóvil

En línea, sin reparto (SR): cuando el mejor anclaje primario sirve como punto central y los demás se conectan a éste con anillos o la cuerda.

Ejemplos de reunión en línea sin reparto

CONCLUSIONES OBTENIDAS A TRAVÉS DE DIVERSOS ENSAYOS

Ninguno de ellos es bueno ni malo de por sí, lo importante es aprender en que circunstancia es más adecuado el empleo de uno u otro.

Ningún reparto, triangulación o como la llamemos distribuye las cargas de forma equitativa prácticamente nunca. Durante la mayor parte del tiempo y la mayoría de las veces, unos anclajes soportarán mucha más carga que otros hagamos lo que hagamos. Las fricciones, diferente longitud de los segmentos, diferencia de elasticidad del material, nudos en el sistema o muchos puntos dispersos, lo impiden casi siempre.

Lo realmente importante es tener unos buenos anclajes primarios que por sí solos puedan soportar la carga, sin esperar que cualquier sistema de teórico reparto pueda conseguir la resistencia repartiendo la carga entre anclajes débiles.

Si bien los métodos de RF o RM no difieren mucho en el comportamiento ante cargas estáticas, ante cargas dinámicas los RM tienden a repartir mejor la carga, sobre todo los del estilo equalette o quad, ya que el punto central se puede mover más libremente.

Aunque improbable si tenemos buenos anclajes, en los RM el fallo de una pieza provoca una extensión del sistema, es recomendable utilizar en su construcción elementos dinámicos que puedan absorber algo el choque, además de limitar la extensión con nudos.

Si se dispone de un anclaje de reunión multidireccional y a prueba de bombas, ya sea un SR o un RF o RM (con un anclaje de reenvío para soportar tirones hacia arriba), en muchos casos se debería asegurar al primero con el freno instalado en la reunión y no en el arnés. Por ejemplo cuando el escalador es mucho más pesado que el asegurador; cuando hay riesgo de caídas largas o de alto factor o cuando el desplazamiento violento del asegurador por el tirón pueda ser peligroso.

El hecho de que no haya en general accidentes en los que la reunión salte por los aires (no hablo obviamente de vías equipadas con parabolts), con las mortíferas consecuencias que tendría, no se debe al hecho de que los escaladores lo hagan en general bien, sino a que muy rara vez es la reunión la que tiene que soportar un caída directamente.

NOTA: Los ensayos siempre se realizan en entornos neutros y controlados, y por lo general y según mi experiencia, se suelen obtener datos de fuerzas algo exagerados comparados con la mayoría de las situaciones reales de escalada, pero precisamente por eso, las conclusiones que se obtienen de ellos consiguen un margen de seguridad importante tanto para el diseño de materiales como para el desarrollo de las técnicas más eficientes y seguras. Las conclusiones aquí presentadas son el resumen de varias investigaciones obtenidas en diversos ensayos, algunos de los cuales puedes consultar:

http://beverlymountainguides.com/wp-content/uploads/2016/02/Multi_point-pre_equalized-anchors.pdfP.4, See graphs

https://americanalpineclub.org/resources-blog/2017/7/31/anchors

https://app.box.com/s/grcnlw1myjzzmta1q5gem7m5dugupprv

http://ensa.sports.gouv.fr/index.php/newsensa/350-tutoriel-video-etude-sur-les-relais

Semmel and Hellberg 2009

Anclajes de Escalada – John Long y Bob Gaines. Desnivel 2007

Escaper de BEAL, ingenioso y seguro

Este año, la veterana casa BEAL nos ha sorprendido con un ingenioso y seguro sistema para poder rapelar en simple con una sola cuerda y poder recuperarla. Se agradece que algunas marcas no paren de investigar, y de vez en cuando consigan productos que aportan algo nuevo y práctico. Es por ello que merece la pena tenerlo en cuenta para practicantes de escalada todo terreno.

Muchos lo verán con desconfianza, pero basta probarlo para ver que es totalmente seguro para cualquiera con dos dedos de frente. Como el desenganche necesita de tirar y soltar repetidas veces, quizá pueda ser difícil de recuperar en situaciones donde la cuerda roce mucho durante el trayecto del rápel (como bien se indica en las instrucciones), en estas situaciones sería mejor que el primero que desciende probase que se suelta (teniendo por supuesto la cuerda sujeta arriba con un nudo) y si no funciona hacer rápeles más cortos o en otro lugar con menos rozamiento.

En mi opinión es un sistema muy práctico para situaciones especiales, por ejemplo:

  • En esquí de montaña donde podemos llevar solo una cuerda auxiliar y necesitemos hacer un rápel largo.
  • En escaladas donde una cuerda simple es más práctico, pero llevar este sistema nos permitiría rápeles largos en caso de lluvia o un incidente que obligue a la retirada.
  • Lo mismo en escaladas alpinas o hielo, donde por ligereza optemos por una cuerda simple.
  • Si las cuerdas se han dañado por caída de piedras u otras circunstancias y tenemos que hacer nudos en ellas.

Como siempre hay que leer las instrucciones del fabricante y familiarizarse con su uso, pero más simple no puede ser. Además al ser todo textil, no hay partes que se puedan deteriorar cuando cae todo el conjunto.

En resumen, es un buen invento. Es además suficientemente ligero como para que no de pereza llevarlo como otro “por si acaso” más.

Escaper de BEAL