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LAS CRISIS SON OPORTUNIDADES PARA APRENDER

De cada experiencia en la vida hay que aprender algo, sacar algo positivo; de la situación actual muchos aprenderán a valorar las pequeñas cosas. La mayoría en nuestros países “desarrollados” somos unos privilegiados. Vivimos en un periodo de paz y prosperidad nunca visto en Europa, en una sociedad del bienestar en la que damos por supuesto muchas cosas y damos excesivo valor a lo material y a lo superfluo. Esta experiencia actual lo primero que nos enseña es lo vulnerables que somos y lo que de verdad importa: salud, libertad, amor, amistad, familia, naturaleza.

Los alpinistas, como otros colectivos que viven ocasionalmente situaciones duras de diversa índole, en las que nada está garantizado, somos en general más conscientes de ello, y creo que por ello apreciamos más lo que tenemos y que se puede perder en un momento. La felicidad al fin de al cabo no es un estado de éxtasis continuo, si no los pequeños momentos que nos regala la vida, como unas risas, un beso, un atardecer o un paquetón de nieve bajo nuestros esquís. Cuando trabajaba de guía de trekking en el Himalaya siempre le decía a mis clientes más urbanitas, “Cuando acabe este viaje apreciarás en lo que vale darle a un botón y que se encienda la luz, abrir un grifo y que salga agua, incluso caliente”. La crisis presente nos pone por delante un futuro inquietante, el miedo a lo desconocido, a la incertidumbre, algo con lo que en la montaña hay que lidiar con frecuencia y que saca lo mejor y lo peor de las personas, y que ahora también se pone de manifiesto, tanto en los actos de ayuda y solidaridad como los comportamientos más egoístas y estúpidos.

Esta situación desconocida nos supera a todos, por supuesto también a científicos y gobernantes, que tienen que improvisar y decidir con datos incompletos e inciertos que además van cambiando según pasa el tiempo. Ahora hay mucho listo (es decir tonto) que critica y dice que no se hace bien, que se hace tarde, que así no… Hablar a “toro pasado” y encima desde la barrera es muy fácil, pero para las situaciones desconocidas y excepcionales como esta, nadie tiene ni varita mágica ni bola de cristal. Es vergonzoso, que políticos que han demostrado su incompetencia en crisis mucho menos graves, ahora no estén al menos callados con vergüenza torera. U otros que después de hacer todo lo posible por cargarse la sanidad ahora reclamen más medios para ella. Al fin y al cabo tenemos lo que nos merecemos, la democracia es así.

Este periodo excepcional debería servirnos para al menos reflexionar para el futuro y si es posible comprender que, como nos demuestra este nuevo virus, todos vamos en el mismo barco que se llama planeta tierra. Cuando la naturaleza lanza un órdago lo único que puede funcionar es que unamos fuerzas, que no hay fronteras ni razas, ni valen de nada religiones, nacionalismos y otros inventos que lo único que hacen es separar, y valorar lo que de verdad importa para el desarrollo, el bienestar y la seguridad de la gente, como algunas de las cosas que ahora aplaudimos por las tardes.

Yo particularmente soy pesimista, ya que en cuanto pase esto y la gente vuelva a su rutina, todo será un recuerdo y no habremos aprendido nada. Soy pesimista sobre todo porque la democracia tal como funciona hoy en día no es tal, como bien decía el maestro José Luis San Pedro, la gente es manipulada constantemente por los medios de comunicación con sus medias verdades, sus mentiras o sus omisiones, y esto es así en el mundo, no hablo solo de aquí, prueba de ello son algunos de los impresentables que tenemos en el mundo como líderes de potencias. El poder realmente lo tiene el dinero y los que controlan los medios, y al dinero le importa un bledo el bienestar general, el planeta o cualquier otra cosa que no sea acaparar más. Como decía un jefe nativo americano “algún día el hombre blanco se dará cuenta de que el dinero no se come”.

Publicado mi nuevo libro. DE LA ESCALADA DEPORTIVA A LAS VÍAS DE PARED

La intención  de este libro es facilitar y hacer más segura la transición para aquellos que desde la práctica de la escalada deportiva quieren empezar a escalar vías de varios largos, ya sean equipadas de semiequipadas. Hay multitud de pequeñas cosas que hay que tener en cuenta y aprender para disfrutar del nuevo juego con la mayor seguridad posible.

En consecuencia, el contenido va dirigido a escaladores iniciados que:

Posean una técnica gestual básica para progresar sobre todo tipo de inclinaciones y formas de la roca.

Que conozcan las técnicas de chapaje y gestión de la cuerda para escalar de primero.

Que dominen el manejo básico de los dispositivos de freno, tanto asistidos como manuales.

Que sepan asegurar de forma activa y dinámica a un primero de cuerda.

Que estén familiarizados con la técnica del rápel. En mi opinión este es el bagaje mínimo para empezar con las paredes, y como siempre si tienes carencias, trabaja tus puntos débiles.

Haré presentación del libro junto con un interesante taller de nudos y recursos útiles para escalada en pared:

el martes 10 de marzo a las 19 h en la Librería Desnivel (Plaza Matute, 6)

el jueves 19 de marzo a las 19:30 h en Espacio Acción (Marcelino Álvarez, 6)

MOCHILA PARA ESQUÍ DE MONTAÑA

TARGHEE 45, especifica para esquí.

Si bien para esta actividad nos podríamos apañar con cualquier mochila, el contar con una mochila específica bien pensada y construida nos ofrece comodidad, rapidez en el uso de su contenido y versatilidad.

No me estoy refiriendo a mochilas para los que quieren hiperligereza y su objetivo es correr por las montañas como si tuvieran prisa o estuvieran luchando contra el cronómetro; hoy en día la montaña parece a veces un estadio de atletismo. Me refiero a mochilas para los que buscan el placer del esquí y de disfrutar tranquilamente de la montaña, los que se paran a ver el paisaje, hacer fotos y comentar con los compañeros el paisaje o cualquier anécdota. Una mochila para esquí de travesía necesita un mínimo volumen, ya que solamente el equipo imprescindible, si queremos ser consecuentes con lo que se puede necesitar en alta montaña, ocupa un volumen que difícilmente entra en una mini-mochila.

Una mochila adecuada para esquí de montaña, debería llevar al menos:

  • Compartimento posterior específico de rápido acceso para pala y sonda.
  • Enganches para llevar los esquís en los laterales y en diagonal.
  • Cremallera de acceso total por la espalda al contenido, lo que facilita el acceso al dejar la mochila en la nieve y evita dejar cosas en la nieve.
  • Enganche para el piolet.
  • Soporte externo para el casco.
  • Salida para el tubo de una bolsa de hidratación.
  • Cinturón lumbar con cómodo ajuste y algún bolsillo.
  • Cincha pectoral de unión de las hombreras regulable en altura y de fácil manejo.
  • Algún bolsillo externo para mapa u otros objetos que deban estar a mano.
  • Tapa superior impermeable y desmontable.
TARGHEE 45, Compartimento para pala y sonda

No hay muchas mochilas en el mercado que lo ofrezcan, personalmente, este invierno estoy probando la mochila TARGHEE 45 de la marca americana GREGORY, que al igual que la otra que probé este verano, la ALPINISTO 50, cumple más que de sobra las expectativas. Con todos los detalles enumerados y alguna característica más que la hace una de las más completas para esta actividad. Su capacidad además se adapta desde una excursión de un día hasta una travesía de varios. Como ya comenté en un artículo anterior, esta marca no deja de sorprenderme con los acabados y detalles, además de su “garantía de por vida” para sus productos, lo que demuestra su compromiso con la calidad.

TARGEE 45, acceso al contenido por la espalda.

CONTENIDO DE LA MOCHILA

Evidentemente podemos prescindir de elementos si solamente vamos a dar una vuelta cerca del coche. Pero para una excursión seria de varias horas necesitamos un mínimo de equipo. Algunas cosas muchas veces no las usaremos, como los crampones o las cuchillas, pero no llevarlas puede implicar graves problemas de seguridad.

La vestimenta necesaria durante la marcha es muy personal, pero en general es recomendable una camiseta térmica de manga larga y colores claros (mejor blanco, abrigan igual y si hace calor se agradece), a complementar con un forro fino o grueso o una camiseta térmica más gruesa según temperatura. En cuanto al pantalón, más o menos grueso según clima.

Aparte de esta vestimenta básica y el obvio equipo de esquí (botas, esquís, pieles y bastones) ¿Que debe contener la mochila? Pues puede cambiar según criterios y la fiabilidad de la previsión meteorológica, pero en mi opinión sería esto:

EQUIPO PERSONAL

  • Crampones.
  • Piolet (prescindible si conocemos el terreno y sabemos que no será necesario porque es sencillo).
  • Casco
  • Cuchillas (prescindibles si nos calzamos siempre los crampones con nieve dura).
  • ARVA (3 antenas), pala (de verdad, no de juguete) y sonda.
  • Chaqueta simple impermeable.
  • Pantalón simple impermeable (prescindible con tiempo cálido y previsión fiable).
  • Chaqueta con relleno térmico.
  • Guantes y guantes de repuesto.
  • Gorro de abrigo y tubular (buff) según clima.
  • Gorro de sol (recomendable pero prescindible).
  • Cremas de protección, cara y labios.
  • Gafas categoría 4.
  • Mascara de ventisca según condiciones.
  • Botella y agua.
  • Algo de comida según gustos y duración.
  • Teléfono cargado (llevarlo apagado o en modo avión si queremos hacer fotos)

A COMPARTIR CON EL GRUPO

  • Botiquín con lo esencial (manta térmica, esparadrapo, analgésicos, tijeras, compeed, tiritas)
  • Mapa, brújula con inclinómetro y altímetro. Opcional GPS.
  • Cera o algún spray antizuecos para las pieles.
  • Estuche de reparaciones (multiherramienta, cinta americana, alambre, cordino, costura).
  • Piel de foca de repuesto (recomendable si es un grupo numeroso)
TARGHEE 45, porta esquís lateral y transversal con refuerzos anti-abrasión.

Es evidente que para llevar todo esto necesitamos una mochila generosa, si además está bien pensada para acceder a todo con facilidad mejor.

Mont-roig – Roca para el invierno

Vistas desde la ermita de Montalegre

Ya sabemos que Lérida es una de las provincias con más roca, y si bien en verano el Prepirineo no es en general un buen sitio para escalar, en época invernal con buen tiempo hay sitios excelentes como este ejemplo. La Sierra de Mont-roig, por orientación (S) y altitud (casi 1000 m) y tamaño de las paredes, es ideal en esta época. Itinerarios variados para todos los gustos, desde la deportiva de uno o varios largos a las vías de autoprotección, pasando por el artificial. Aliñado con un paisaje y vistas espectaculares sobre la plana de Lleida y el Montsec.

Las paredes se extienden hacia el Este desde la ermita de Montalegre (a la que se accede por pista desde el pequeño pueblo de Vilanova de la sal), donde hay pequeños sectores deportivos, y llega hasta la presa de Camarasa, extremo donde se encuentran las paredes más largas. Toda la sierra forma una muralla de paredes y riscos al estilo de las hermanas mayores Terradests y Montrebei, pero con longitudes menores, con la Pala Alta y la Paret dels Sostres como máximos exponentes de vías largas y espectaculares.

Desde la cumbre de la Pala Alta, vistas de Terradets y asomando de la niebla los pilares de la pared del Doll

La roca es variable, desde aceptable con algún tramo malo a buena o excelente, pero por lo general no es un problema. Para elegir tenemos la excelente “Guía de escaladas al Mont-roig” de Jordi Marmolejo y Joan Escuer. Como las paredes no son muy largas, son ideales para esta estación de días cortos, además con tiempo anticiclónico es frecuente escalar en camiseta contemplando un mar de nubes que cubre todas las zonas bajas y donde escalar sería desagradable por el frío. Las fáciles aproximaciones y descensos son la guinda para disfrutar de unas escaladas inolvidables.

En cuanto al grado, aunque solo he escalado aquí unas pocas vías, creo que está un poco apretado; por poner un ejemplo, en una de las grandes clásicas del lugar, el “Diedro Blanqueta” de la Pala Alta, el largo más difícil del diedro, que en los croquis pone V+, yo tranquilamente le daría 6a+ y además está pulido. Como siempre cuando vayáis a una zona nueva, es mejor no ser muy ambiciosos al principio para ver de qué va y evitar sorpresas. También como ya es frecuente en muchos sitios, hay alguna restricción por nidificaciones del 1 de enero al 31 de Julio (consultar en la guía), pero hay terreno de sobra.

Ya sabéis, si no os apetece ir a esquiar (o no hay buena nieve) aquí tenéis una alternativa excelente.

Inclinación de la pendiente


Factor invariable para la gestión del terreno

Aunque hay más factores a tener en cuenta a la hora de juzgar la peligrosidad de una pendiente, la inclinación es el factor más evidente para gestionar correctamente el riesgo ante las avalanchas. Sabemos que 3 de cada 4 avalanchas se producen en pendientes entre 34º y 45º.

El BPA (Boletín de Peligro de Avalanchas) nos ofrece información sobre el grado de peligro en orientaciones y alturas concretas, con esta ayuda y las observaciones sobre el terreno, ya tenemos unas herramientas para reducir el riesgo al mínimo.

Medir la inclinación

Podemos conocer la inclinación de la pendiente que nos interesa de varias maneras.

La primera sería planificar la ruta consecuentemente con las condiciones esperadas, midiendo en el mapa las inclinaciones gracias a la proximidad de las curvas de nivel, para lo que necesitamos calcular o tener un escalímetro (que podemos fabricarnos) Ejemplo: en mapa 1:25000, una separación de 7 mm entre dos curvas que indiquen 100 m de desnivel nos revela una pendiente de unos 30º; de 6 mm unos 35º; de 5 mm unos 40º y de 4 mm 45º.

Medir sobre el terreno es la opción más fiable y necesaria según las condiciones, ya que tendremos que adoptar nuestro itinerario a la realidad que encontremos. El sistema de “ojímetro” no es muy fiable, ya que en general se suelen sobreestimar las inclinaciones unos 5º más o menos. Para medir de forma objetiva la media de inclinación de la pendiente, tenemos que hacer una visual con un inclinómetro: las brújulas profesionales suelen llevarlos incorporados. También hay APPs para móvil (como Avy Inclinometer) que además incorporan brújula, altímetro y coordenadas.

La visual podemos hacerla con mucha facilidad si podemos ver la pendiente de perfil como en la ilustración, pero también desde la misma ladera valiéndonos del canto de la brújula o el teléfono, apuntando al final o principio de la ladera. Hay que tener en cuenta que una pendiente puede que no sea homogénea y tener depresiones o abombamientos que modifican la pendiente media y pueden ser puntos de desencadenamiento de la avalancha a evitar.
Poner un bastón sobre la pendiente y encima el inclinómetro no es muy fiable, ya que mide una porción muy corta.

En mi opinión siempre se debería llevar un inclinómetro, pero si no es así, podemos calcular groso modo la pendiente con los conocidos métodos de los bastones como en las imágenes.

Actuar en consecuencia

Para un grupo con poca experiencia, como medida de prudencia una vez conocida la inclinación, recomiendo el método de reducción elemental del riesgo (MRE, Werner Munter 3×3 Avalanchas):

Con riesgo LIMITADO 2: no seguir por pendientes de más de 39º.

Con riesgo NOTABLE 3 no seguir por pendientes de más de 34º.

Con riesgo FUERTE 4: no seguir por pendientes de más de 30º.

Esto es una guía general, pero no se trata de forzar los límites señalados, si no entender estos como zonas críticas para no sobrepasar bajo ningún concepto.

Esta simple regla de seguridad (MRE) es la más básica y práctica del conocimiento de las avalanchas y todavía deja un buen margen para disfrutar. Además fuera de las pendientes consideradas críticas en el BPA podemos considerar un nivel menos de riesgo.

En este artículo me he centrado solo en la inclinación como referencia invariable del terreno, ya que es lo más evidente y lo que más condiciona la probabilidad de avalancha, y aunque hay más factores del terreno a tener en cuenta; no obstante y siempre que no haya por encima laderas peligrosas aunque se transite por terreno poco inclinado, para un grupo con poca experiencia es suficiente para gestionar el riesgo y no renunciar a una buena excursión.

YA ESTÁ AQUÍ LA ANSIADA NIEVE – ¡MUCHA ATENCIÓN!


La nieve llega pronto este año tan pronto, que aún no se elaboran boletines de sobre el peligro de aludes. Sin esta ayuda hay que redoblar la prudencia, el ansia por deslizarse puede hacer que se comentan estupideces que se pagan caras.

Aunque no haya boletines, es evidente que desde que comenzaron los episodios de nevadas, hay bastante nieve reciente y movida por el viento, sobre todo en altura. No hay  que saber mucho sobre avalanchas para deducir que cualquier pendiente de más de 30º puede ser peligrosa, a no ser que tenga numerosos anclajes poco distanciados entre sí (árboles, rocas). Con lo que el mejor consejo es evitar todas estas pendientes (sí, ya sabemos que son las más apetecibles). Otro consejo reiterativo y no específico de este episodio, es evitar salir con mala visibilidad, es uno de los mayores agravantes del peligro, ya que no vemos si nos metemos en la boca del lobo, hace que tengamos tendencia a agruparnos (mayor sobrecarga), y en caso de algún incidente complica las labores de socorro (y hace correr muchos más riesgos a los socorredores).

PACIENCIA Y BUEN INVIERNO

El grado en escalada; eterno tema de conversación y debate.

Cuando Willo Welzenbach propuso el primer sistema de graduación para la dificultad en 1920, poco se podría imaginar la que había liado para el futuro. Hoy en día no solo contamos con un buen catálogo de sistemas de graduación según el país, sino que dentro del mismo país y usando en teoría la misma escala, las diferencias de dificultad entre vías del supuesto mismo grado, pueden ser más que notorias de una zona a otra.

El único objetivo de la graduación, es informar a los pretendientes de la dificultad a la que se van a enfrentar de la forma más objetiva posible, pero quien otorga ese grado de inicio puede distorsionar con facilidad la realidad por muchos motivos. Uno de ellos es la falta de referencias; escaladores con poco o mucho nivel que no salen de su zona y no pueden comparar objetivamente. Otra causa, y la más infantil, es querer hacer que tu zona se distinga por tener un “grado duro” (o más blando). De hecho, hay zonas donde puedes escuchar la frase: “hay que  acostumbrarse al grado local”, lo que denota una total falta de madurez, ya que lo único que se consigue con esa singularidad es confundir y desinformar, en definitiva, lo contrario de lo que deberían conseguir las escalas de graduación (y las guías y croquis). De hecho, ha habido zonas en las que tradicionalmente había casi que llevarse una calculadora para “traducir” el grado local a la realidad, un sinsentido que en el caso de Montanejos o Cahorros como sitios más conocidos de grados infravalorados, se ha corregido en gran parte con la aparición de nuevas guías.

En vías clásicas, que fueron abiertas y graduadas según criterios antiguos de escala cerrada, podemos igualmente encontrar distorsiones notables, con quintos más que subidos de tono, que si bien con el criterio de antaño era coherente, habida cuenta que el VI grado era el límite, hoy no tiene sentido y puede provocar más de una decepción o frustración. Lo lógico es que cuando se publican nuevas guías, estos grados se actualizasen en consecuencia, si es que el autor realmente tiene interés en dar una información fidedigna.

Pocos se atreven a corregir los grados irreales pese a la evidente incoherencia, supongo que temiendo que les tachen, ya sea de blanditos o de chulito decotador, sobre todo si no eres “local” como se dice ahora. Un concepto este último que con frecuencia tiene poco sentido, ya que si bien los que abren con asiduidad en un lugar concreto, se han ganado el respeto del colectivo escalador para que sientan la zona como algo propio, y a los que hay que agradecer el esfuerzo y la inversión, los que simplemente viven más cerca no tienen más derecho a opinar que cualquiera, sea de donde sea. De hecho, los que llevamos muchos años trotando, hemos hecho con frecuencia más vías en algunas zonas que muchos “locales”.

Muchos de los que lean esto, tendrán experiencias personales con esta distorsión o desinformación de zonas de escalada conocidas con grados irreales (Hoces de Vegacervera por poner solo un ejemplo), que igualmente (salvo raras excepciones) continúan en el tiempo pese a que salen nuevas guías.

La frecuentación de las vías más populares, también crea un problema cada vez más notorio, ya que la roca sobada y patinosa, hace que la dificultad original aumente, a veces de forma relevante. Un ejemplo que muchos conoceréis es la vía Valencianos al Peñón de Ifach, en la que el largo clave sigue y seguirá siendo en las guías V+,  pese a que fácilmente puede ser ahora 6b, ya que es como subir por cristal.

Cuando la desinformación es para “el lado bueno”, es decir se gradúa por encima de la realidad (Vallada por poner otro ejemplo) todo el mundo parece estar feliz, ya que esto a muchos les engorda el ego, pese a ser un autoengaño igualmente negativo.

Por mi parte, como profesional, tengo que informar con frecuencia a clientes y alumnos sobre tal o cual zona y recomendar vías, ya sea para que las hagan conmigo o por su cuenta, y tengo en mis guías una buena colección de apuntes y correcciones para adaptarlas a la realidad, y que no se lleven sorpresas.

En cualquier caso, no tiene solución, y hay que convivir con ello, ya que la objetividad no es una virtud que se prodigue entre los humanos y menos entre escaladores. Pero es un buen tema de debate y conversación que nunca acaba, y da para entretenerse en el bar y escribir artículos como este.

Mochila, compañera inseparable

Desde que los de mi generación empezamos, la forma de hacer montañismo ha cambiado, la facilidad de accesos, transporte y alojamiento, ha disminuido notablemente las excursiones en las que pasar la noche en la montaña era antes habitual. Irse al monte con un mochilón cargado con todo para dos días (o más) era cotidiano, y para ello todo montañero tenía una mochila de gran capacidad. El material y los accesorios también eran mucho más pesados y voluminosos (colchoneta, linterna, cocina, material de escalada…). Las mochilas en si mismas solían tener un peso que hoy en día nos parecería exagerado. “Hacer la mochila”, es decir rellenarla con sentido para equilibrar pesos y no hacerla incómoda, a la par que tener el contenido ordenado de forma coherente al orden de uso, era una habilidad que todo montañero aprendía como parte de los conocimientos básicos necesarios. Salvo excepciones, las mochilas eran poco más que un saco de lona o nailon con unos tirantes, en los que la colocación del contenido influía y mucho en la comodidad, sobre todo para que no se te “clavase” algo en la espalda. Siempre ha habido marcas de mochilas (sobre todo extranjeras) que se han preocupado por este importante asunto de cargar con comodidad, pero el poder adquisitivo de muchos usuarios en nuestro país no las ponía al alcance de todos los bolsillos. Afortunadamente hace mucho que los tiempos han cambiado, y los diseños son cada vez mejores y al alcance de la mayoría, y si bien las mochilas pequeñas y ligeras “de día” son las más utilizadas por las razones expuestas, cuando hay que cargar de verdad, es cuando se ve la diferencia si una mochila está bien diseñada o no. Otro factor importante es el tipo de actividad más o menos técnica, en la que los accesorios son la clave. En cuanto a la capacidad, obviamente si vamos hacer al menos un vivac, 50 litros será la mínima capacidad siempre que la mochila lleve accesorios exteriores para el equipo que podemos enganchar fuera, como piolets, crampones, cuerda o casco.

Las buenas mochilas siempre han tenido un precio elevado, pero como siempre digo, precio elevado no es sinónimo de caro. Como en tantas cosas, tanto pagas tanto tienes, y una mochila cómoda, práctica y duradera, no es un accesorio cualquiera, puede ser la diferencia entre sufrir y disfrutar. Elegir una buena mochila dependerá de la actividad, para poder llevar todo lo necesario según la duración y la época del año. Para los menos curtidos hay un buen artículo sobre este tema en la página de Barrabes.

Hoy en día hay calidad y variedad para elegir, pero una marca que me ha sorprendido es la americana GREGORY https://eu.gregorypacks.com/es-es/who-we-are/. Una marca poco conocida aquí, pero con una trayectoria de excelencia desde 1977. Su lema es toda una declaración de intenciones, “Las mochilas geniales deberían vestirse no cargarse”, eso implica tener a disposición del usuario una serie de tallas, accesorios personalizables y adaptables por género para que la mochila te “abrace” y distribuya el peso de forma coherente. Tan seguros de sus productos están, que ofrecen una garantía de por vida para los defectos de fabricación, algo que ya dice bastante de la seriedad de la marca.

Este verano he usado una de sus mochilas más técnicas, la ALPINISTO 50, y no puedo más que ratificar todos sus argumentos de comodidad y buen diseño. En el caso de esta mochila, tiene todos los accesorios que un alpinista necesita para una actividad larga, no le falta detalle: tapa superior impermeable y extensible con doble bolsillo; enganches para piolets y esquís sencillos y fiables; bolsillo reforzado para crampones; cinturón con bolsillo accesorio, portamaterial y enganches para mosquetones portatornillos; cremallera de acceso al interior en toda la longitud; preparado para bolsa de hidratación; espalda con excelente acolchado, armadura ligera y colchoneta de emergencia; cinta auxiliar para sujetar la cuerda en la parte superior. Y por si fuera poco, se pueden desmontar el cinturón, la tapa, la armadura y su colchoneta, con lo que nos queda una versión simplificada de la mochila de solo 1 kg para actividades donde la ligereza se impone.

Alpinisto 50

Esta mochila es una muestra de lo más técnico en el campo del alpinismo, pero solo hay que echar un vistazo a su WEB para ver que tienen mochilas para cualquier actividad, desde la bici de montaña o el esquí, hasta el viaje de turismo. En definitiva una marca a tener muy en cuenta y que seguro que en poco tiempo se hará aquí con un merecido hueco de prestigio.

espacio acción cumple 25 años

Siempre se dice que cuanto mayor eres más rápido pasa el tiempo, y aunque el reloj corra a la misma velocidad, la sensación desde luego es esa, probablemente la explicación es que vas viendo que queda menos por delante de lo que dejas detrás, y eres más consciente de que queda menos tiempo para lograr las ilusiones que quedan pendientes.

Hace ya 25 años que unos amigos con similares inquietudes nos juntamos para conseguir nuestro mejor sueño, trabajar en lo que nos apasionaba, y transmitir esa pasión a los demás y además poder vivir de ello, cosa que en aquellos años era bastante utópico. Ha pasado rápido, o al menos esa es la sensación, aunque el camino no ha sido fácil.

Ahora que hay docenas de empresas que ofrecen formación y rocódromo, parece que esto es un negocio obvio y fácil. Nada más lejos de la realidad, cuando nació espacio acción estaba casi todo por inventar y ser los primeros nos obligó a creer en nuestro proyecto firmemente y echarle mucho valor tanto en lo personal como en lo económico. La apuesta era fuerte y los primeros años fueron duros, pero aquí seguimos. No todo sale como imaginas, pero si crees en algo, aprender de los errores curte lo suficiente como para aguantar cuando las cosas van mal dadas, cosa que en este país es recurrente, eso sin contar que la administración pone más zancadillas que ayuda.

También algunos compañeros se han quedado por el camino, somos conscientes de que en este oficio se corren riesgos, y cuando la montaña da zarpazos no entiende de expertos o profesionales; Jorge Pereira y José Luis García, mi querido compañero de cordada, se quedaron para siempre en los muros de Gavarnie; nuestro más sincero homenaje a dos buenos profesionales y amigos.

Los tiempos han cambiado, ahora la escalada está de moda y todo o casi todo está inventado, hay docenas de rocódromos ofreciendo los mismos productos que fuimos los primeros en diseñar, y afortunadamente, aunque siempre hay excepciones, parece que cada vez más, las empresas y las administraciones se toman más en serio la calidad y seriedad de la formación avalada por títulos adecuados. Yo siempre he pensado y defendido que la competencia es buena, siempre y cuando trabaje bien y con seriedad, ya que eso obliga a seguir esforzándose para mejorar y no denigra la imagen del colectivo. El futuro parece prometedor para la escalada en general, y para los negocios relacionados con ella que sepan estar atentos a las necesidades de sus clientes. Espero que espacio acción siga esa estela y podamos seguir ofreciendo a nuestra clientela la calidad que se merece para celebrar otros 25 años en la brecha.

Gracias a los que habéis confiado en nosotros y nos habéis acompañado en el camino.

Masificación e inexperiencia, mal cóctel

Últimamente, las fotos y vídeos en las redes hacen percibir el tema de la masificación en la montaña para el gran público, algo que no es nuevo y que sufren algunas montañas desde hace bastante tiempo, aunque la cultura del ocio y la moda de la aventura fácil lo agravan más cada día. Aneto, Monte Perdido, Mont-Blanc, Cervino y Everest son ejemplos de masificación, lo que viene siendo morir de éxito, como también le pasa a ciudades emblemáticas como Roma o Venecia con el turismo. Por poner un ejemplo, las reservas “on line” del refugio Goûter (normal del Mont-Blanc) se acabaron en unas pocas horas el mismo día que se abrieron, para todo Junio, Julio y Agosto.

Para la mayoría de la gente que empieza a interesarse por el montañismo, la montaña más alta o famosa de aquí o de allí, es el primer objeto de deseo, aunque no sea ni la más bonita ni la más recomendable para su experiencia. El fenómeno más curioso es sin duda el del Everest, al que quiere subir mucha gente que ni siquiera son montañeros o si lo son tienen una mínima experiencia (no es raro que en el campo base les enseñen a ponerse los crampones), simplemente por el hecho supongo de engordar su ego a base de dólares. El que además todas estas montañas citadas sean técnicamente fáciles es un agravante, ya que el inexperto solo se queda con el concepto de “fácil”, sin entrar a valorar el verdadero problema de las ascensiones en alta montaña, donde fácil no quiere decir en absoluto carente de peligro. El Mont-Blanc de nuevo nos sirve de ejemplo, cada año mueren unos cuantos en las laderas de sus rutas “fáciles”. Desprendimientos, tormentas, viento, falta de visibilidad, aclimatación, material inadecuado o escaso… toda una panoplia de peligros que pueden hacer pagar muy cara la aventura si no se está preparado para responder. La moda de la ligereza es otro agravante, a lo que las autoridades han respondido en el caso del Mont-Blanc con una exigencia de material mínimo.

De hecho, en mi opinión, aunque la masificación es desde luego un problema en ciertas montañas, el verdadero problema es la inexperiencia y falta de formación. Cualquier montañero con criterio y experiencia en alta montaña debe tomar sus decisiones independientemente de la gente que haya por allí, si no lo ves claro, te das la vuelta y punto; el borregismo y la sensación de que porque haya mucha gente estoy más seguro, es la causa de muchas tragedias. Esto llevado a la zona de la muerte a 8000 metros, es un cóctel del que esta primavera ya hemos visto las consecuencias hasta en los telediarios.

Evidentemente no todo son Mont-Blanc y Everest, las montañas más bajas no son tan críticas en cuanto a condiciones, pero aun así, cualquier montaña de aspecto inocente nos puede dar una lección de humildad en invierno. Cualquiera que como yo haya crecido en Guadarrama, sierra no muy alta y “fácil”, alguna vez hemos sufrido un infierno del que hemos salido escaldados. Y lamentablemente, es raro el invierno que alguien no paga la inexperiencia con su vida en esta sierra “inocente”.

El problema de fondo es el mismo de nuestra sociedad, hay prisa para todo, hoy empiezo a hacer montañismo, mañana me subo al Aneto, pasado a Monte Perdido y este verano al Mont-Blanc… Adquirir experiencia y formarse para moverse con seguridad en alta montaña es una carrera de años, de ir poco a poco, y eso no cuadra con el montañismo y la aventura de consumo tan de moda, y por supuesto, que poner en Facebook que has subido al pico Pepe en vez de al Mont-blanc da menos “likes”. Con relación a esto, no hace mucho un cliente me preguntaba que si hacía falta saber escalar para ir al Mont-blanc, ya que todo el mundo decía que era fácil, yo le dije que no para su regocijo… entonces puedo subir, me dijo. Sí, le respondí, solamente necesitas tener soltura con la técnica básica de piolet y crampones, saber cómo asegurar con una cuerda en nieve, respetar un proceso de aclimatación, saber navegar sin visibilidad con mapa, brújula, altímetro y GPS, saber cómo hacer un abrigo de emergencia en nieve, conocer los sistemas de encordamiento en glaciar y las técnicas de rescate en grietas para salir tu o sacar al compañero si cae y unos conocimientos básicos de primeros auxilios para prevenir o responder ante mal de altura o congelaciones, nada más. Ahora ya no parecía estar tan convencido…

Afortunadamente, la tan cacareada masificación afecta solo a sitios puntuales: hay masificación si vas a subir el Almanzor, el Urriello o el Aneto, por hablar de casa, pero hay muchos valles y picos, en los que difícilmente te cruzarás con alguien. El que quiera montañismo en soledad, o al menos sin masificación, lo puede encontrar sin problemas en cualquier cordillera, basta con no ir a los sitios famosos o de moda, que además no tienen por qué desmerecer en belleza en absoluto.