AVALANCHAS, el peligro infravalorado

El invierno se acerca, y todos los amantes de la montaña invernal nos ponemos un poco nerviosos ansiando la esperada nieve. Esperamos disfrutar de las blancas laderas sin límite, pero la montaña invernal no es un parque temático. Fuera del entorno controlado de las estaciones de esquí, el peligro de las avalanchas acecha. Ahora estás a tiempo de prepararte para minimizar el riesgo esta próxima temporada.

Avalancha en el Circo de Gredos

Cada invierno hay accidentes producidos por avalanchas y muchos con trágicos resultados. En EE.UU mueren por esta causa unas 30 personas por año, unas 15 en Canadá y unas 7 en nuestros Pirineos. La tendencia es además ascendente y preocupante. Uno de los motivos es estadística simple, cada vez hay más gente por las montañas. La promoción de la “aventura” por parte de empresas, marcas, administraciones y estaciones de esquí, ha multiplicado los practicantes del esquí “fuera de pista” (aunque para ser moderno hay que decir “freeride”) y el esquí de montaña. Los nuevos materiales que han ido surgiendo en los últimos 15 años y su promoción, han contribuido enormemente a facilitar el acceso a este terreno a un perfil de usuario que si bien puede tener un nivel técnico de práctica elevado, tiene en general poco o nulo conocimiento sobre avalanchas.

Pero aun siendo consciente del peligro, los humanos cuando buscamos diversión, tenemos con frecuencia comportamientos que nos exponen. Cada persona tiene una tolerancia al riesgo, para no pasar miedo, pero que la actividad no sea aburrida. A medida que aumenta nuestra habilidad, esta percepción cambia y nos arriesgamos más. Igual pasa con los avances de material, cada vez disponemos de un mejor equipo de seguridad pasiva (ARVA, pala, sonda, airbag) que puede proporcionar una falsa sensación de seguridad y disponer al individuo a arriesgar más. La consecuencia es que el nivel de exposición al peligro no cambia pese a las ventajas técnicas. Esto se conoce como “homeostasis del riesgo”, los avances en seguridad para disminuir los accidentes y sus consecuencias, son contrarrestados por el comportamiento más temerario de los individuos, al sentirse más seguros gracias a esos avances.

En el caso de las avalanchas, esta agravado por la retroalimentación positiva. Como la mayoría de las veces no pasa nada, pese a arriesgar sin sentido más de la cuenta, cada vez arriesgo más en situaciones parecidas; hasta que se acaba la suerte. Otro factor de agravamiento es la conducta grupal. Se sigue ciegamente a un líder, que si bien puede ser todo un experto esquiador, su conocimiento sobre avalanchas puede ser pobre o nulo; este es un caso cada vez más frecuente en los entornos “fuera de pista” de las estaciones de esquí. En un grupo sin un líder respetado y con conocimiento (como un guía de montaña o un experto responsable), los comportamientos suelen ser bastante temerarios o irracionales. En general los grupos grandes arriesgan más, ya que nuestro instinto nos ofrece una peligrosa sensación de falsa seguridad. También el ego complica las decisiones cuando no hay líder, nadie quiere ser el gallina que se raje.

Todos hemos cometido errores, todos hemos arriesgado más de la cuenta alguna vez, y si somos conscientes de ello ya tenemos mucho ganado. Lo más peligroso es afrontar riesgos sin siquiera ser consciente de ello. La experiencia sobre todo enseña prudencia, ya que aprendes que eso de que las cosas les pasan a los demás es una ilusión, los demás seremos tarde o temprano nosotros si no actuamos con cabeza.

Avalancha de placa en el Venteadero. Circo de Gredos

Aprende todo lo que puedas sobre avalanchas, existen excelentes libros y cursos. Adquiere un equipo de seguridad de calidad, una ARVA de tres antenas, una buena pala y sonda y aprende a utilizarlo correctamente con prácticas periódicas, al menos cada comienzo de temporada. Además tienes en el mercado mochilas con “airbag” que pueden disminuir la posibilidad de ser enterrado (si eres capaz de activarla). Pero recuerda que llevar todo esto no te garantiza nada, una avalancha por pequeña que sea, puede ser letal aunque lleves toda la parafernalia técnica de seguridad pasiva. Las estadísticas son demoledoras en este aspecto. Si te pilla una avalancha, tener las mayores posibilidades de supervivencia requiere que se den una serie de factores positivos: que quede en la superficie alguien con capacidad y equipo para rescatar rápidamente, que el accidentado lleve ARVA, que el enterramiento no sea a gran profundidad, que la víctima no choque con obstáculos cuando es arrastrada, y que la masa no sea tan densa que provoque traumatismos severos. Si no llevas ARVA y te entierra completamente, casi seguro estás muerto. Al ser el rescate rápido por los compañeros casi la única opción de sobrevivir, no permitas que en el grupo haya alguien sin equipo o formación, ya que de ello puede depender tu pellejo.

Con este panorama tan desalentador, la prevención es la mejor y casi la única medicina, actuando con conocimiento y sensatez. Aunque el riesgo nunca podremos eliminarlo del todo, ya solo con consultar el parte de avalanchas y actuar en consecuencia, evitando las pendientes fuertes en la orientación y altitud a la que informe, habremos disminuido el riesgo al mínimo. Evitemos en general exponernos a los que se llama “los tres ángeles de la muerte”: riesgo 3 + ladera orientada al norte + pendiente de más de 30º.

Disfruta del regalo que supone una ladera de nieve virgen, pero actúa para que puedas hacerlo muchos años.

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