El grado en escalada; eterno tema de conversación y debate.

Cuando Willo Welzenbach propuso el primer sistema de graduación para la dificultad en 1920, poco se podría imaginar la que había liado para el futuro. Hoy en día no solo contamos con un buen catálogo de sistemas de graduación según el país, sino que dentro del mismo país y usando en teoría la misma escala, las diferencias de dificultad entre vías del supuesto mismo grado, pueden ser más que notorias de una zona a otra.

El único objetivo de la graduación, es informar a los pretendientes de la dificultad a la que se van a enfrentar de la forma más objetiva posible, pero quien otorga ese grado de inicio puede distorsionar con facilidad la realidad por muchos motivos. Uno de ellos es la falta de referencias; escaladores con poco o mucho nivel que no salen de su zona y no pueden comparar objetivamente. Otra causa, y la más infantil, es querer hacer que tu zona se distinga por tener un “grado duro” (o más blando). De hecho, hay zonas donde puedes escuchar la frase: “hay que  acostumbrarse al grado local”, lo que denota una total falta de madurez, ya que lo único que se consigue con esa singularidad es confundir y desinformar, en definitiva, lo contrario de lo que deberían conseguir las escalas de graduación (y las guías y croquis). De hecho, ha habido zonas en las que tradicionalmente había casi que llevarse una calculadora para “traducir” el grado local a la realidad, un sinsentido que en el caso de Montanejos o Cahorros como sitios más conocidos de grados infravalorados, se ha corregido en gran parte con la aparición de nuevas guías.

En vías clásicas, que fueron abiertas y graduadas según criterios antiguos de escala cerrada, podemos igualmente encontrar distorsiones notables, con quintos más que subidos de tono, que si bien con el criterio de antaño era coherente, habida cuenta que el VI grado era el límite, hoy no tiene sentido y puede provocar más de una decepción o frustración. Lo lógico es que cuando se publican nuevas guías, estos grados se actualizasen en consecuencia, si es que el autor realmente tiene interés en dar una información fidedigna.

Pocos se atreven a corregir los grados irreales pese a la evidente incoherencia, supongo que temiendo que les tachen, ya sea de blanditos o de chulito decotador, sobre todo si no eres “local” como se dice ahora. Un concepto este último que con frecuencia tiene poco sentido, ya que si bien los que abren con asiduidad en un lugar concreto, se han ganado el respeto del colectivo escalador para que sientan la zona como algo propio, y a los que hay que agradecer el esfuerzo y la inversión, los que simplemente viven más cerca no tienen más derecho a opinar que cualquiera, sea de donde sea. De hecho, los que llevamos muchos años trotando, hemos hecho con frecuencia más vías en algunas zonas que muchos “locales”.

Muchos de los que lean esto, tendrán experiencias personales con esta distorsión o desinformación de zonas de escalada conocidas con grados irreales (Hoces de Vegacervera por poner solo un ejemplo), que igualmente (salvo raras excepciones) continúan en el tiempo pese a que salen nuevas guías.

La frecuentación de las vías más populares, también crea un problema cada vez más notorio, ya que la roca sobada y patinosa, hace que la dificultad original aumente, a veces de forma relevante. Un ejemplo que muchos conoceréis es la vía Valencianos al Peñón de Ifach, en la que el largo clave sigue y seguirá siendo en las guías V+,  pese a que fácilmente puede ser ahora 6b, ya que es como subir por cristal.

Cuando la desinformación es para “el lado bueno”, es decir se gradúa por encima de la realidad (Vallada por poner otro ejemplo) todo el mundo parece estar feliz, ya que esto a muchos les engorda el ego, pese a ser un autoengaño igualmente negativo.

Por mi parte, como profesional, tengo que informar con frecuencia a clientes y alumnos sobre tal o cual zona y recomendar vías, ya sea para que las hagan conmigo o por su cuenta, y tengo en mis guías una buena colección de apuntes y correcciones para adaptarlas a la realidad, y que no se lleven sorpresas.

En cualquier caso, no tiene solución, y hay que convivir con ello, ya que la objetividad no es una virtud que se prodigue entre los humanos y menos entre escaladores. Pero es un buen tema de debate y conversación que nunca acaba, y da para entretenerse en el bar y escribir artículos como este.

Mochila, compañera inseparable

Desde que los de mi generación empezamos, la forma de hacer montañismo ha cambiado, la facilidad de accesos, transporte y alojamiento, ha disminuido notablemente las excursiones en las que pasar la noche en la montaña era antes habitual. Irse al monte con un mochilón cargado con todo para dos días (o más) era cotidiano, y para ello todo montañero tenía una mochila de gran capacidad. El material y los accesorios también eran mucho más pesados y voluminosos (colchoneta, linterna, cocina, material de escalada…). Las mochilas en si mismas solían tener un peso que hoy en día nos parecería exagerado. “Hacer la mochila”, es decir rellenarla con sentido para equilibrar pesos y no hacerla incómoda, a la par que tener el contenido ordenado de forma coherente al orden de uso, era una habilidad que todo montañero aprendía como parte de los conocimientos básicos necesarios. Salvo excepciones, las mochilas eran poco más que un saco de lona o nailon con unos tirantes, en los que la colocación del contenido influía y mucho en la comodidad, sobre todo para que no se te “clavase” algo en la espalda. Siempre ha habido marcas de mochilas (sobre todo extranjeras) que se han preocupado por este importante asunto de cargar con comodidad, pero el poder adquisitivo de muchos usuarios en nuestro país no las ponía al alcance de todos los bolsillos. Afortunadamente hace mucho que los tiempos han cambiado, y los diseños son cada vez mejores y al alcance de la mayoría, y si bien las mochilas pequeñas y ligeras “de día” son las más utilizadas por las razones expuestas, cuando hay que cargar de verdad, es cuando se ve la diferencia si una mochila está bien diseñada o no. Otro factor importante es el tipo de actividad más o menos técnica, en la que los accesorios son la clave. En cuanto a la capacidad, obviamente si vamos hacer al menos un vivac, 50 litros será la mínima capacidad siempre que la mochila lleve accesorios exteriores para el equipo que podemos enganchar fuera, como piolets, crampones, cuerda o casco.

Las buenas mochilas siempre han tenido un precio elevado, pero como siempre digo, precio elevado no es sinónimo de caro. Como en tantas cosas, tanto pagas tanto tienes, y una mochila cómoda, práctica y duradera, no es un accesorio cualquiera, puede ser la diferencia entre sufrir y disfrutar. Elegir una buena mochila dependerá de la actividad, para poder llevar todo lo necesario según la duración y la época del año. Para los menos curtidos hay un buen artículo sobre este tema en la página de Barrabes.

Hoy en día hay calidad y variedad para elegir, pero una marca que me ha sorprendido es la americana GREGORY https://eu.gregorypacks.com/es-es/who-we-are/. Una marca poco conocida aquí, pero con una trayectoria de excelencia desde 1977. Su lema es toda una declaración de intenciones, “Las mochilas geniales deberían vestirse no cargarse”, eso implica tener a disposición del usuario una serie de tallas, accesorios personalizables y adaptables por género para que la mochila te “abrace” y distribuya el peso de forma coherente. Tan seguros de sus productos están, que ofrecen una garantía de por vida para los defectos de fabricación, algo que ya dice bastante de la seriedad de la marca.

Este verano he usado una de sus mochilas más técnicas, la ALPINISTO 50, y no puedo más que ratificar todos sus argumentos de comodidad y buen diseño. En el caso de esta mochila, tiene todos los accesorios que un alpinista necesita para una actividad larga, no le falta detalle: tapa superior impermeable y extensible con doble bolsillo; enganches para piolets y esquís sencillos y fiables; bolsillo reforzado para crampones; cinturón con bolsillo accesorio, portamaterial y enganches para mosquetones portatornillos; cremallera de acceso al interior en toda la longitud; preparado para bolsa de hidratación; espalda con excelente acolchado, armadura ligera y colchoneta de emergencia; cinta auxiliar para sujetar la cuerda en la parte superior. Y por si fuera poco, se pueden desmontar el cinturón, la tapa, la armadura y su colchoneta, con lo que nos queda una versión simplificada de la mochila de solo 1 kg para actividades donde la ligereza se impone.

Alpinisto 50

Esta mochila es una muestra de lo más técnico en el campo del alpinismo, pero solo hay que echar un vistazo a su WEB para ver que tienen mochilas para cualquier actividad, desde la bici de montaña o el esquí, hasta el viaje de turismo. En definitiva una marca a tener muy en cuenta y que seguro que en poco tiempo se hará aquí con un merecido hueco de prestigio.