espacio acción cumple 25 años

Siempre se dice que cuanto mayor eres más rápido pasa el tiempo, y aunque el reloj corra a la misma velocidad, la sensación desde luego es esa, probablemente la explicación es que vas viendo que queda menos por delante de lo que dejas detrás, y eres más consciente de que queda menos tiempo para lograr las ilusiones que quedan pendientes.

Hace ya 25 años que unos amigos con similares inquietudes nos juntamos para conseguir nuestro mejor sueño, trabajar en lo que nos apasionaba, y transmitir esa pasión a los demás y además poder vivir de ello, cosa que en aquellos años era bastante utópico. Ha pasado rápido, o al menos esa es la sensación, aunque el camino no ha sido fácil.

Ahora que hay docenas de empresas que ofrecen formación y rocódromo, parece que esto es un negocio obvio y fácil. Nada más lejos de la realidad, cuando nació espacio acción estaba casi todo por inventar y ser los primeros nos obligó a creer en nuestro proyecto firmemente y echarle mucho valor tanto en lo personal como en lo económico. La apuesta era fuerte y los primeros años fueron duros, pero aquí seguimos. No todo sale como imaginas, pero si crees en algo, aprender de los errores curte lo suficiente como para aguantar cuando las cosas van mal dadas, cosa que en este país es recurrente, eso sin contar que la administración pone más zancadillas que ayuda.

También algunos compañeros se han quedado por el camino, somos conscientes de que en este oficio se corren riesgos, y cuando la montaña da zarpazos no entiende de expertos o profesionales; Jorge Pereira y José Luis García, mi querido compañero de cordada, se quedaron para siempre en los muros de Gavarnie; nuestro más sincero homenaje a dos buenos profesionales y amigos.

Los tiempos han cambiado, ahora la escalada está de moda y todo o casi todo está inventado, hay docenas de rocódromos ofreciendo los mismos productos que fuimos los primeros en diseñar, y afortunadamente, aunque siempre hay excepciones, parece que cada vez más, las empresas y las administraciones se toman más en serio la calidad y seriedad de la formación avalada por títulos adecuados. Yo siempre he pensado y defendido que la competencia es buena, siempre y cuando trabaje bien y con seriedad, ya que eso obliga a seguir esforzándose para mejorar y no denigra la imagen del colectivo. El futuro parece prometedor para la escalada en general, y para los negocios relacionados con ella que sepan estar atentos a las necesidades de sus clientes. Espero que espacio acción siga esa estela y podamos seguir ofreciendo a nuestra clientela la calidad que se merece para celebrar otros 25 años en la brecha.

Gracias a los que habéis confiado en nosotros y nos habéis acompañado en el camino.

Masificación e inexperiencia, mal cóctel

Últimamente, las fotos y vídeos en las redes hacen percibir el tema de la masificación en la montaña para el gran público, algo que no es nuevo y que sufren algunas montañas desde hace bastante tiempo, aunque la cultura del ocio y la moda de la aventura fácil lo agravan más cada día. Aneto, Monte Perdido, Mont-Blanc, Cervino y Everest son ejemplos de masificación, lo que viene siendo morir de éxito, como también le pasa a ciudades emblemáticas como Roma o Venecia con el turismo. Por poner un ejemplo, las reservas “on line” del refugio Goûter (normal del Mont-Blanc) se acabaron en unas pocas horas el mismo día que se abrieron, para todo Junio, Julio y Agosto.

Para la mayoría de la gente que empieza a interesarse por el montañismo, la montaña más alta o famosa de aquí o de allí, es el primer objeto de deseo, aunque no sea ni la más bonita ni la más recomendable para su experiencia. El fenómeno más curioso es sin duda el del Everest, al que quiere subir mucha gente que ni siquiera son montañeros o si lo son tienen una mínima experiencia (no es raro que en el campo base les enseñen a ponerse los crampones), simplemente por el hecho supongo de engordar su ego a base de dólares. El que además todas estas montañas citadas sean técnicamente fáciles es un agravante, ya que el inexperto solo se queda con el concepto de “fácil”, sin entrar a valorar el verdadero problema de las ascensiones en alta montaña, donde fácil no quiere decir en absoluto carente de peligro. El Mont-Blanc de nuevo nos sirve de ejemplo, cada año mueren unos cuantos en las laderas de sus rutas “fáciles”. Desprendimientos, tormentas, viento, falta de visibilidad, aclimatación, material inadecuado o escaso… toda una panoplia de peligros que pueden hacer pagar muy cara la aventura si no se está preparado para responder. La moda de la ligereza es otro agravante, a lo que las autoridades han respondido en el caso del Mont-Blanc con una exigencia de material mínimo.

De hecho, en mi opinión, aunque la masificación es desde luego un problema en ciertas montañas, el verdadero problema es la inexperiencia y falta de formación. Cualquier montañero con criterio y experiencia en alta montaña debe tomar sus decisiones independientemente de la gente que haya por allí, si no lo ves claro, te das la vuelta y punto; el borregismo y la sensación de que porque haya mucha gente estoy más seguro, es la causa de muchas tragedias. Esto llevado a la zona de la muerte a 8000 metros, es un cóctel del que esta primavera ya hemos visto las consecuencias hasta en los telediarios.

Evidentemente no todo son Mont-Blanc y Everest, las montañas más bajas no son tan críticas en cuanto a condiciones, pero aun así, cualquier montaña de aspecto inocente nos puede dar una lección de humildad en invierno. Cualquiera que como yo haya crecido en Guadarrama, sierra no muy alta y “fácil”, alguna vez hemos sufrido un infierno del que hemos salido escaldados. Y lamentablemente, es raro el invierno que alguien no paga la inexperiencia con su vida en esta sierra “inocente”.

El problema de fondo es el mismo de nuestra sociedad, hay prisa para todo, hoy empiezo a hacer montañismo, mañana me subo al Aneto, pasado a Monte Perdido y este verano al Mont-Blanc… Adquirir experiencia y formarse para moverse con seguridad en alta montaña es una carrera de años, de ir poco a poco, y eso no cuadra con el montañismo y la aventura de consumo tan de moda, y por supuesto, que poner en Facebook que has subido al pico Pepe en vez de al Mont-blanc da menos “likes”. Con relación a esto, no hace mucho un cliente me preguntaba que si hacía falta saber escalar para ir al Mont-blanc, ya que todo el mundo decía que era fácil, yo le dije que no para su regocijo… entonces puedo subir, me dijo. Sí, le respondí, solamente necesitas tener soltura con la técnica básica de piolet y crampones, saber cómo asegurar con una cuerda en nieve, respetar un proceso de aclimatación, saber navegar sin visibilidad con mapa, brújula, altímetro y GPS, saber cómo hacer un abrigo de emergencia en nieve, conocer los sistemas de encordamiento en glaciar y las técnicas de rescate en grietas para salir tu o sacar al compañero si cae y unos conocimientos básicos de primeros auxilios para prevenir o responder ante mal de altura o congelaciones, nada más. Ahora ya no parecía estar tan convencido…

Afortunadamente, la tan cacareada masificación afecta solo a sitios puntuales: hay masificación si vas a subir el Almanzor, el Urriello o el Aneto, por hablar de casa, pero hay muchos valles y picos, en los que difícilmente te cruzarás con alguien. El que quiera montañismo en soledad, o al menos sin masificación, lo puede encontrar sin problemas en cualquier cordillera, basta con no ir a los sitios famosos o de moda, que además no tienen por qué desmerecer en belleza en absoluto.