machard de dos senos, un nudo autobloqueante muy práctico

el rápel es una maniobra sencilla, pero no admite fallos

El nudo conocido como machard de dos senos, es uno de los nudos autobloqueantes más prácticos. Es fácil de hacer y recomendable como autoseguro mientras rapelamos. El rápel es una maniobra realmente sencilla, pero nuestro pellejo depende totalmente de unos pocos elementos (mosquetón, descensor y anclaje) que no admiten fallo.

Aparte de la imprescindible comprobación del anclaje, un nudo autobloqueante de autoseguro nos permitirá poder soltar las manos para deshacer líos de cuerda o cualquier otra maniobra. También puede evitar que caigamos sin control ante un incidente que nos incapacite, como la caída de una piedra o un desvanecimiento por otra causa.

Este autobloqueante también es práctico para cualquier otra maniobra, como ascenso por las cuerdas. Normalmente es necesario un mínimo de 4 o 5 vueltas, siempre teniendo en cuenta el material que usemos. Cuanto más dúctil y gastado (más pelusa) esté el cordino y la cuerda, más agarre. También influye la diferencia entre el cordino y la cuerda sobre la que actúa; a mayor diferencia mayor agarre. Cuantas más vueltas dé el cordino más agarrará, y el número adecuado de ellas requiere experimentación personal según el material que usemos. Esto es aplicable a todos los nudos autobloqueantes, no solo a este.

En las ilustraciones vemos la forma más recomendable de colocarse el autobloqueante, un método fácil de manejar y eficiente que sustituye a nuestra “mano de freno”.

método de autoseguro recomendable para rapelar

la velocidad y los records como nuevo montañismo

La velocidad de nuestra sociedad se traslada a la montaña en todas sus facetas. Nos puede gustar o no, pero la realidad está ahí. Carreras de montaña por doquier, carreras de esquí, rallys de escalada, búsqueda de tiempos record en subir y bajar montañas. Los valores y objetivos del deporte en general, es decir, los números, la competición y los records, ya han calado bien hondo en el montañismo. Esto unido a la facilidad e inmediatez de difusión tecnológica actual, tiene efectos lógicos, algunos positivos, como la mayor visibilidad y la consiguiente promoción de los deportes de montaña y la implicación de las marcas en el patrocinio y mecenazgo; otros no tanto, como la banalización de algunas actividades y la distorsión del valor real de otras. El que alguien abra una gran ruta en una gran montaña desconocida en un estilo impecable, es una noticia que en general pasa sin pena ni gloria en los medios especializados y por supuesto inexistente en los generalistas (a no ser que haya muertos de por medio), sin embargo un record de velocidad en una montaña muy conocida, trillada, equipada, y ascendida por el mismo sitio cientos o miles de veces, se convierte en todo un notición. Para mi el montañismo (alpinismo, escalada etc.) nunca fue un deporte, ni reglas, ni competición, ni records; lo que siempre he apreciado ha sido la creatividad, la capacidad de buscar y encontrar nuevos caminos y realizarlos con los mínimos medios. Cada cual puede entender el montañismo como le plazca, aunque uno de los efectos que se aprecian, es que cada vez hay más gente que ve en la montaña un parque temático, y no es raro ver en la cumbre de cualquier tresmil pirenaico a un “montañero” simplemente con unas zapatillas y unas mallas (y solo). Si el tiempo es excelente y todo sale bien, podrá seguramente parar su crono en la cumbre o en el coche con un buen registro para colgarlo en el Facebook. Pero un resbalón, un esguince, o una tormenta vespertina (o las tres cosas juntas), pueden convertir el parque temático en una trampa, de la que con suerte si hay teléfono y cobertura, nuestros ángeles de la guarda del 112 le saquen. Evidentemente la velocidad siempre ha tenido su lado positivo en alta montaña, cuanto menos tiempo estés expuesto a los peligros mejor, y para ir rápido hay que ir ligero, pero ambas cosas llevadas al extremo son igual de peligrosas, sobre todo cuando las cosas se tuercen, y la montaña como toda la naturaleza es incontrolable y no todo puede estar previsto, la montaña más sencilla puede darnos una lección de humildad. Como siempre hay que buscar el equilibrio y llenar la mochila con lo que menos pesa y más problemas evita o soluciona: formación y sentido común.